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28.02.2020

Siria es más que una crisis humanitaria, "es una crisis de la humanidad"

Este es el relato personal de nuestro coordinador de proyectos para el noroeste de Siria. Sus reflexiones, un día después de los cruentos ataques contra la población civil en el noroeste de Idlib, son conmovedoras.

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Reflexiones personales de Cristian Reynders, nuestro coordinador de proyecto para el noroeste de Siria (Transcripción de una grabación realizada el 26 de febrero de 2020, en nuestra oficina de coordinación, fuera de Siria, sobre los terribles ataques aéreos indiscriminados sobre Idlib, en el noroeste de Siria, del 25 de febrero de 2020)

“Trata de imaginártelo: cae la tarde, empieza la noche. Estás en un lugar donde te sientes seguro; en tu casa o en una habitación. Estás preparando tu comida, tomando un té, viendo a los niños jugando… o jugando con los niños.

Y entonces… todo queda envuelto en llamas. Hay mucho ruido, es fuerte. Y todo se desmorona.

Eso fue lo que pasó ayer [25 de febrero de 2020].

Y todos pasaron de una situación en la que estaban felizmente disfrutando de su final de tarde o principio de noche a una situación de desesperación y muerte. Sea la muerte de uno mismo, o la de sus seres queridos, de sus hijos.

Esto fue lo que pasó ayer, sin previo aviso.

Y ahora imagina esto también: eres médico. Ya no estás equipado. Tu hospital no está en buena forma. Y ahora tiene decenas de personas, heridas, sangrando, sin extremidades, con piernas amputadas, brazos amputados…

Y hay que salvarlos, a veces sin anestesia.

Y actúas sabiendo que quizás la próxima bomba sea para ti. Y que podría ser el próximo en llamas, mientras realiza tu deber como médico.

Eso fue lo que pasó ayer.

Estuvimos en contacto con el personal médico. Sus voces estaban destrozadas de la emoción… Simplemente aguantaban, confiaban. No puedo describirlo siquiera, sus voces… apenas podían hablar.

Trataban de aguantar, pensaban ‘¿Cómo podemos? ¿Qué hacer para salvar a estas personas que hace unos minutos se estaban preparando para su noche, tomando un té y tratando de sobrevivir?’

¿Hablamos de cuánto? Más de 150 heridos a la vez. ¡Uf!

Este es el horror de esta historia.

A día de hoy, hay tres millones de personas atrapadas. Están atrapados y no hay ningún lugar donde estar a salvo.

La población está desesperada, se siente completamente abandonada.

Es más grande que todos nosotros; de hecho, esto es mucho más… Quiero decir: en una crisis humanitaria, sabemos cómo responder como organización. No importa cuán grande sea la crisis, lo sabemos.

Es nuestro trabajo, nuestro propósito. Y lo estamos haciendo. ¿Apoyo a hospitales? Les estamos dando todo lo que podemos, eso no es un problema. Suministros, equipo, cirugía, primeros auxilios, les estamos dando todo esto.

Pero, ¿qué podemos hacer cuando bombardean hospitales? ¿Qué podemos hacer? ¿Solo asistir como espectadores? En mi opinión, es lo que estamos presenciando. Estamos frente a, podemos llamarlo, una crisis humana, una crisis de la humanidad, no sé...

Pero la cosa es que, ante esta situación, somos impotentes. Hay instituciones que se han construido: existen Estados que han firmado convenios para evitar específicamente esta situación; para proteger las instalaciones médicas, para proteger la vida humana, para responsabilizar a quienes cometen atrocidades.

¿Dónde están estas instituciones?

Somos impotentes ante esto. Lo único que podemos hacer es gritar a pleno pulmón e intentar movilizar a sus responsables. Y tienen una gran responsabilidad en sus manos: preservar la vida humana.

Es lo único que esperan en Idlib: preservar la vida humana. Y, bueno, sus esperanzas se desvanecen por minuto a minuto, día a día.

Les ofrecemos todo el apoyo que podemos. Solo en las últimas tres o cuatro semanas hemos hecho un total de cinco donaciones de equipos médicos, equipos quirúrgicos, equipos de primeros auxilios y material. Estamos preparando una donación adicional mientras hablamos, para que puedan hacer frente a esta situación; para apoyar básicamente a los médicos en el desempeño de trabajo.

Un trabajo que salva vidas.

Es lo que hemos hecho y hacemos continuamente.

Pero, ¿qué podemos hacer cuando una bomba impacta un hospital? No importa qué medicamento o equipo proporcionemos, ¿cómo podemos asegurar a los médicos que todo va a estar bien, cuando ayer cayeron bombas a unos 100 metros de los hospitales?

Básicamente, trabajamos  -no somos los únicos, por supuesto- para garantizar que el sistema de salud, por muy dañado que esté, logre sobrevivir, mantenerse a flote.

Todo el crédito debe otorgarse al personal médico que trabaja día y noche en condiciones terribles.

Nosotros solo tratamos de brindarles los medios para que hagan su trabajo.

Esta es la realidad hoy en Idlib”.