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28.07.2021

Sudán: los casos de hepatitis E se propagan en los campos para personas refugiadas de Tigray

Las deficiencias de la respuesta humanitaria internacional se hacen aún más palpables en los campos en los estados de Gedaref y Kassala, en el este de Sudán, donde a cientos de personas refugiadas de Tigray se están contagiando de hepatitis E, lo que supone un riesgo para las comunidades sudanesas locales.

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En las últimas semanas, nuestros equipos que trabajan en el campo de Umm Rakouba de Gedaref y en el centro de tránsito de al Hashaba/Village 8 han recibido a 278 pacientes, de ellos 16 fueron hospitalizados, incluyendo a tres mujeres embarazadas. Muchos pacientes presentan el síndrome de ictericia aguda, un signo revelador del virus, y vómitos y dolor epigástrico. El campo de Umm Rakouba registra una media diaria de 15 casos de hepatitis E. También se han identificado seis casos en al Tanideba, y tres casos en Hamdayet.

La hepatitis E es un virus contagioso que causa enfermedad hepática. Produce un notable color amarillento en los ojos y en la piel, causa fatiga y orina oscura, y puede provocar insuficiencia hepática aguda y la muerte. Es particularmente peligroso para las mujeres embarazadas, para quienes el riesgo de muerte es de alrededor del 25%. Algunos de los pacientes tratados por MSF por hepatitis E han llegado en estado comatoso.

Al igual que con otras enfermedades como la fiebre tifoidea, la disentería y el cólera, el virus de la hepatitis E prospera en entornos con malas condiciones de agua y saneamiento.

 

Campo de refugiados de Al-Tanideba, Sudán.

“Desde el primer día, la respuesta humanitaria ha estado dos pasos atrás de las necesidades de las personas”, asevera François Zamparini, nuestro coordinador de emergencias en el estado de Gedaref. “No se han tenido en cuenta las primeras advertencias sobre la falta de saneamiento, higiene y refugio, y la construcción de letrinas y grifos ha sido demasiado lenta. Como resultado, ahora tenemos una defecación al aire libre generalizada en los campos. Las personas refugiadas de Tigray están pagando el precio de una mala coordinación internacional con su salud”.

Tanto en al Tanideba como en Umm Rakouba, las letrinas son escasas o inutilizables. En Umm Rakouba, solo hay 175 letrinas para 20,000 personas, mientras que en al Tanideba muchas letrinas han sido destruidas por las fuertes lluvias y el viento. En conjunto, los dos campos albergan a unas 40.000 personas.

Se está trabajando en la construcción de nuevas letrinas, pero con el inicio de la temporada de lluvias, muchas no estarán listas hasta dentro de varios meses. Algunas letrinas están ubicadas junto a los puntos de agua, lo que aumenta el riesgo potencial de contaminación. Esta semana, fuertes lluvias inundaron muchas partes de al Tanideba, agravando aún más la situación. Los organismos humanitarios deben aumentar urgentemente la cantidad y la calidad de las letrinas, especialmente porque es probable que la temporada de lluvias aumente la propagación de otras enfermedades transmitidas por el agua.

 

Una niña lleva garrafas para llenarlas en un punto de agua del campo de refugiados de Al-Tanideba, en Sudán.

“Los baños han sido un problema desde que llegamos”, dice Mehrut, que vive en al Tanideba con sus cinco hijos. "Nunca se limpian ni se les da mantenimiento y no nos sentimos cómodos usándolos". Debido a que la distribución de alimentos ha sido errática, muchas personas refugiadas también recurren a vender sus provisiones de jabón para comprar alimentos.

En respuesta al creciente número de casos, elevamos los niveles de cloro en el agua que suministra y hemos tomado medidas para proteger y desinfectar los pozos de aguas superficiales sucias que gestiona. También incrementamos nuestras actividades de educación para la salud y la divulgación en los campos. Esto incluye una campaña de limpieza de bidones para garantizar que las personas refugiadas puedan almacenar el agua de forma segura. También está haciendo un seguimiento de las mujeres embarazadas, proporcionándoles más jabón como medida preventiva.

“La propagación de la hepatitis E podría haberse evitado si la infraestructura básica hubiera estado en su lugar a tiempo”, dice Sergio Scor, coordinador de nuestro proyecto. "En cambio, ha habido un fracaso colectivo para proporcionar servicios dignos y seguros a un número relativamente pequeño de personas refugiadas".

 

Procesión tras el ataúd de una mujer  que se dirige a su entierro en el campo de Al-Tanideba.

Hemos estado trabajando en los campos de Umm Rakouba y al Tanideba desde noviembre y diciembre de 2020, respectivamente. En ambos campos, nuestro personal sanitario gestiona clínicas que brindan atención médica primaria y secundaria, atención ambulatoria y hospitalaria, que incluyen servicios de maternidad, de salud mental, vacunas para niños y niñas menores de 18 meses y tratamiento contra la desnutrición.

También apoyamos con actividades de agua y saneamiento, y operamos una planta de tratamiento de agua de emergencia para proporcionar agua potable a las personas refugiadas; clora el agua y proporciona grandes contenedores para almacenarla. También trabajamos en los centros de tránsito de Hamdayet y al Hashaba/Village 8. Los servicios están disponibles tanto para las personas refugiadas de Tigray como para las comunidades sudanesas locales.