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23.04.2018

Las historias desesperadas que llevan a los habitantes de Gaza hacia la frontera

Yahva, Jameel y Sana son tres de los cientos de heridos en la Franja de Gaza desde el inicio de la Gran Marcha del Retorno. Sus relatos transmiten dolor físico, pero sobre todo tristeza y desesperación.

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Desde el comienzo del movimiento la Gran Marcha del Retorno, cientos de pacientes gravemente heridos han acudido en masa a nuestras tres clínicas en Gaza. Los pacientes son principalmente hombres jóvenes, en su veintena. Describen su desesperación, la imposibilidad de encontrar un trabajo, la pobreza extrema, la sensación de abandono. Muchos van a la frontera con Israel sabiendo los riesgos que eso conlleva, pero también con la sensación de no tener nada que perder. La mayoría espera recuperarse rápidamente para regresar y protestar de nuevo.

Entre los casi 500 hombres jóvenes con muletas que han llenado las salas de espera de nuestras clínicas en las últimas tres semanas, también hay varias mujeres, hombres mayores y niños. Estas entrevistas se realizaron los días 16 y 17 de abril en las clínicas de Khan Yunis y Beit Lahia.

Yahya, 11 años, estudiante

“Me llamo Yahya, tengo 11 años y estoy en 5° grado. Antes de salir herido, ¡realmente disfrutaba ir a la escuela y nunca tuve calificaciones por debajo de 95/100!

Fui a la Gran Marcha del Retorno con dos de mis hermanos, para descubrir la tierra de mis padres y para ver con mis propios ojos a la gente que bombardea Gaza y dispara a sus habitantes. Quería entender por qué. Ya sabes, lo único que hace a los israelíes más fuertes que nosotros son sus armas.

Estaba muy cerca de la valla cuando me dispararon. Yo era el único niño de mi edad que estaba tan cerca. Quería acercarme para ver el paisaje del otro lado. ¡Era muy hermoso, mucho más bello que Gaza! Pero luego me dispararon. Recuerdo el rostro de la persona que disparó; ella era una joven mujer rubia.

Recibí una bala en el tobillo. Todo resultó afectado: los músculos, los tendones y el hueso. Ahora solo puedo mover los dedos de los pies, y solo un poco. Cuando me dispararon, me dolió mucho, fue como una descarga eléctrica. Pero ahora me siento un poco mejor. Me operaron en el hospital, pero debería someterme a otra. Mientras tanto, vengo tres veces a la semana a la clínica de MSF en Beit Lahia y me han dicho que debería poder volver a caminar en seis meses.

No creo que sea demasiado joven para haber resultado herido. Puedo soportar el dolor y la tristeza, como todas las demás personas en Gaza que han herido con los disparos”.

Jameel, 50 años, vendedor de helados

Estoy casado y tengo cuatro hijas. Por supuesto, no puedo ir a trabajar desde que me lesioné, y no sé cuándo puedo comenzar mi trabajo de nuevo.

Fui a la manifestación el 30 de marzo para aliviar el estrés de la vida en Gaza, por ver un cambio en el ambiente, pero también para mostrar que existo.

No tenía ninguna expectativa específica para este día. Además, no podemos decir que protesté activamente; más bien, observé. No estaba tirando piedras, por supuesto, y no estaba gritando. Estaba parado en medio de un grupo de personas que no conocía, a 600 metros de la barrera de separación, y comiendo un bocadillo.

Fue entonces cuando de repente sentí un dolor agudo en la pierna. Me acababan de disparar. Me caí y las personas a mi alrededor de inmediato me llevaron a una ambulancia, que me llevó al hospital. Perdí mucha sangre. Cuando llegué, mi nivel de hemoglobina era de 3 g / dcl [en comparación con 12 a 14 g / dcl en condiciones normales].

Allí me operaron y detuvieron la hemorragia. Eran las 11 de la mañana. Yo fui uno de los primeros heridos de la marcha y tuve la suerte de ser operado rápidamente pues tenía una arteria seccionada y es un milagro que haya podido salvar mi vida. Sin embargo, necesitaría una segunda cirugía y, mientras tanto, no puedo caminar ni bajar la pierna.

No he vuelto a la frontera desde entonces. Estoy físicamente incapacitado para hacerlo, pero incluso si pudiera caminar, no iría. No juzgo a las personas que van allí, tienen sus razones, pero para mí es muy difícil. Me paso el tiempo recordándome la escena. Pienso en ello todo el tiempo. ‘¿Qué pasó? ¿qué hice mal para que me disparen?"

Sana, 30 años, ama de casa

Vivo con mi familia, que consta de 16 personas. No estoy casada, así que ayudo a mi madre con las tareas domésticas. Estoy muy apegada a la lucha por mi país. Y mi madre antes que yo, participó en muchas manifestaciones

En Gaza no hay esperanza ni futuro. La gente aquí es pobre y estamos muriendo lentamente. Estoy desesperada con mi vida aquí.

Cuando salí para la marcha, quería morir. Morir como una heroína es mucho mejor que la vida que tenemos en Gaza. Antes de irme, le di dinero a mi padre, para que pudiera comprar tortas y dulces para mi funeral. Me despedí de todos. No quería volver.

Mis padres y hermanos me prohibieron ir a la manifestación y que me acercara a la valla de separación, pero fui en secreto con dos de mis amigas. Mi madre me siguió pero no pudo encontrarme entre la multitud.

Nos dispararon y nos hirieron. En mi caso, salí con heridas en las piernas. Una persona que vino a ayudarme y llevar me a una ambulancia también resultó herido. Después de la manifestación, mi familia no sabía si estaba a salvo, herida o muerta. Buscaron durante cuatro horas en hospitales en el sur de Gaza, antes de encontrarme. Ahora, con mi lesión, me he convertido en una carga para mi familia. El comité de los heridos se negó a darle dinero a mi padre como compensación porque no me amputaron ni se lesionó ningún hueso. Me siento abandonada por los líderes del país que quería defender.

No puedo esperar para sanar y regresar (de nuevo a la frontera). Mi madre intenta disuadirme. Es normal, ella es mi madre. Pero quiero morir esta vez. El signo V de la victoria, es la única esperanza que me queda.