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04.09.2019

El día que un ataque aéreo mató a 10 familiares de Mariam, incluido su hijo

En Yemen, la población civil está en el punto de mira y los ataques indiscriminados contra civiles e instalaciones médicas no cesan. Hay un desprecio obvio y temerario por la vida entre todas las partes del conflicto.

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Por Jaume Radó, coordinador general de MSF en Yemen

El 11 de agosto de 2019, la extensa familia Kaeed se reunió en un edificio civil en Mustaba, en Hajja, en el noroeste de Yemen, para celebrar el Eid al Adha [la mayor festividad musulmana]. Habían huido de su ciudad natal para buscar refugio en Mustaba.

Justo cuando se sentaron para disfrutar del almuerzo, un ataque aéreo impactó directamente en el edificio. El bombardeo mató a al menos 10 miembros de la familia e hirió a otros 17.

Todos fueron trasladados al hospital rural que apoyamos de Abs, para ser así atendidos de urgencia. 

El 11 de agosto se convirtió entonces en el día de mayor afluencia de civiles heridos de guerra al hospital desde el inicio de 2019.

Cuando hablé con Mariam, madre de uno de los niños que perdieron la vida en el ataque, me acordé de los miles de pacientes y familias afectadas por este conflicto. Cada día que dedicamos a pacientes es un día más en el que somos testigos de los impactos de esta guerra en la población civil. Nuestros pacientes ya no se atreven a esperar que los combatientes respeten las leyes de la guerra ni a que haya áreas que sean seguras para quienes no son parte de los enfrentamientos.

Mientras hablaba con ella, era imposible no pensar cuando, hace tres años, en agosto de 2016, mis compañeros y sus pacientes fueron víctimas de otro ataque aéreo. Ese bombardeo, llevado a cabo por la Coalición liderada por Arabia Saudí, alcanzó el servicio de Urgencias del Hospital Rural de Abs, y mató a 19 personas, entre ellas cinco niños y uno de nuestros compañeros.

El ataque fue el quinto y más mortal dirigido a un servicio médico que apoyamos en Yemen desde 2015.

Desde entonces, los ataques no han cesado.

El 11 de junio de 2018, el centro de tratamiento de cólera que acabábamos de construir en Abs también fue bombardeado. Como resultado, tuvimos que reconstruir el centro desde cero, y las más de 1,2 millones de personas que dependen de los servicios del hospital de Abs carecieron de un centro específico para recibir tratamiento mientras el brote de cólera se extendía.

La mera existencia de enfermedades como el cólera y la difteria, que antes del conflicto estaban casi ausentes en Yemen, indica cuán profundamente el conflicto está afectando la salud y el bienestar de la población yemení.

Hay un desprecio obvio y temerario por la vida civil entre todas las partes del conflicto en Yemen. Resulta evidente en la violación flagrante del derecho internacional humanitario, en la discusión sobre términos como "daño colateral" y en la negligencia con la que se llevan a cabo ataques en emplazamientos civiles.

El número de desplazados es de 3,65 millones y sigue creciendo, mientras que la capacidad de la población para hacer frente a ese desplazamiento disminuye. La respuesta humanitaria al conflicto es insuficiente y quienes trabajan para proporcionar esta ayuda quedan expuestos y desprotegidos.

Sabiendo todo esto, es imposible consolar a una madre que ha perdido un hijo y a otros nueve miembros de su familia, tan imposible como lo fue reconfortar a nuestro personal y a sus pacientes hace tres años. No hay respuestas para ellos.

Ahora, hay llamamientos cada vez más rotundos solicitando más fondos para la respuesta humanitaria. Y se necesita más financiación. Pero esto no es suficiente. Las agencias humanitarias deben poder llevar esa ayuda a quienes la necesitan sin riesgo de daño, en lugar de trabajar en zonas cada vez más reducidas y más lejanas de las personas desplazadas. A su vez, también deben mostrarse más dispuestas a hacerlo.

Todo el dinero que los donantes puedan proporcionar no cambiará la situación si el acceso de los trabajadores humanitarios sigue siendo limitado. Dichos fondos, sin un cambio real de los participantes en el conflicto, no terminará con el derramamiento de sangre, no compensará las miles de vidas yemeníes perdidas y no proporcionará las respuestas y las soluciones que nuestros pacientes necesitan de forma desesperada.

Tres años después del bombardeo del Hospital de Abs, todavía hay una demanda, simple y sencilla para todas las partes en conflicto: respeten el derecho internacional humanitario y protejan a los civiles. A aquellos que tienen la capacidad de responsabilidad, a los combatientes: no acepten "errores" o "daños colaterales". A la comunidad humanitaria internacional: es hora de hacer y decir más. La historia nos juzgará a todos, como ya lo hacen los yemeníes.

Artículo originalmente publicado en El Periódico