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Zimbabue

39.900 
pacientes con VIH en tratamiento de primera línea
2.200 
consultas individuales de salud mental
1.400 
víctimas de violencia sexual atendidas
1.100 
pacientes iniciaron tratamiento para la tuberculosis
570 
consultas en grupo de salud mental
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En 2016, seguimos trabajando en colaboración con el Ministerio de Salud y Atención Pediátrica de Zimbabue; estos proyectos ofrecen tratamiento para el VIH, la tuberculosis, las enfermedades no transmisibles y los problemas de salud mental.

La economía del país siguió degradándose y el sector público y cualquier tipo de servicios sociales siguen estando muy escasos de fondos. La sanidad por ejemplo sufre muchos problemas, como la escasez de medicamentos y otros productos médicos. En 2016, Zimbabue también sufrió inundaciones y brotes recurrentes de enfermedades transmitidas por el agua, relacionados con el mal estado de las condiciones de agua y saneamiento en algunas zonas del país (incluyendo Harare, la capital).

La prevalencia del VIH ha pasado del 30% a principios de la década de los 2000 al 15% en la actualidad, pero los servicios disponibles para quienes viven con el virus siguen siendo deficientes; hacen falta más progresos, por ejemplo, en la disponibilidad de la prueba de carga viral (que permite comprobar si el tratamiento funciona) y de antirretrovirales de segunda línea. Otro problema de salud en ciernes es el cáncer de cuello uterino, que las mujeres con VIH tienen cinco veces más probabilidades de contraer.

Harare

En 2016, seguimos ofreciendo en la capital un amplio apoyo a las víctimas de la violencia sexual, así como servicios integrales para adolescentes en el distrito de Mbare. La policlínica de Epworth proporcionó un paquete completo de atención a pacientes con VIH, tuberculosis y tuberculosis multirresistente, así como diagnóstico y tratamiento temprano del cáncer cervical para las mujeres con VIH.

Continuamos con nuestras actividades de reparación de pozos en los barrios más vulnerables de la ciudad, donde la disponibilidad de agua potable es esencial para prevenir brotes de enfermedades como la fiebre tifoidea y el cólera.

También ofrecimos diagnóstico y tratamiento del VIH y la tuberculosis, así como salud mental, en la prisión de máxima seguridad de Chikurubi. También colaboramos en la atención a los pacientes de la unidad psiquiátrica del Hospital Central de Harare, asumiendo tras las altas (con el fin de prevenir recaídas) la atención descentralizada y el seguimiento comunitario. En 2016, nuestros equipos realizaron casi 1.580 sesiones individuales de salud mental y otras 180 en grupo. También completamos la renovación y ampliación del nuevo servicio de pacientes ambulatorios del Hospital Psiquiátrico de Harare, que ahora cuenta con 100 camas de hospitalización.

En el distrito de Gutu (en la provincia de Masvingo), trabajamos desde 2011 con un enfoque de atención comunitaria, adaptado a grandes cohortes de pacientes con VIH estable. En junio de 2016, nuestro centro epidemiológico (Epicentre) realizó una encuesta para evaluar la cobertura de los servicios de diagnóstico y tratamiento del VIH según el objetivo 90-90-901 de la ONU; según la encuesta, el distrito está en vías de cumplirlo y ya ha llegado a tasas de 86-94-86.

Por otra parte, en el distrito de Mwenezi (también en Masvingo), seguimos trabajando con el Ministerio de Salud en la implementación completa de programas de detección y tratamiento temprano del VIH2 para unas 18.000 personas.

En Masvingo, los programas de VIH que implementamos en colaboración con el Ministerio se basan en nuevos modelos de atención descentralizada, basada en las comunidades, donde se han creado grupos de pacientes que se dan apoyo mutuo, por ejemplo, en la recogida de los antirretrovirales en las clínicas. En seis clínicas, también ofrecimos en 2016 pruebas preventivas y tratamiento temprano del cáncer cervical.

Por otra parte, en la provincia de Manicaland, seguimos promoviendo la creación de grupos de pacientes, así como la implantación de la carga viral específicamente en cinco distritos para quienes ya reciben tratamiento. En el distrito de Chipinge y el hospital provincial de Mutare, también asumimos la atención a pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión.

También proporcionamos tratamiento a un total de 26 pacientes con tuberculosis multirresistente a los medicamentos en Epworth, Gutu y Mwenezi.

En Beitbridge, donde el colectivo de zimbabuenses expulsados desde la vecina Sudáfrica es muy vulnerable, nuestros equipos proporcionaron atención psicológica y médica (incluyendo pruebas de VIH y tuberculosis y reposición de medicamentos para ambas enfermedades).

Finalmente, por todo el país, también impulsamos el despliegue de sistemas de monitorización de la carga viral; en 2016, se realizaron 84.502 pruebas de este tipo.

 

1 Según el objetivo planteado por ONUSIDA, en 2020, el 90% de las personas con VIH conocerán su estado serológico, el 90% de las personas que hayan dado positivo recibirán tratamiento antirretroviral continuado y el 90% de las personas que reciben ARV habrán alcanzado la supresión viral.

2 Según las directrices de la Organización Mundial de la Salud de 2015, las personas con VIH deben comenzar el tratamiento con antirretrovirales tan pronto como sea posible tras confirmarse su diagnóstico.

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en Zimbabue entre enero y diciembre de 2016; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2016, contábamos en Zimbabue con 288 trabajadores, entre personal nacional e internacional, y gastamos 13,6 millones de euros en actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en este país en 2000.

Testimonio de un paciente

Jabulani Simango*, 21 años, vive en Epworth

“Cuando tenía 11 años, me puse muy enfermo y me llevaron al hospital en una carretilla. Empecé un tratamiento con antirretrovirales pero no sabía por qué tenía que tomarlos. Mis padres murieron cuando yo era pequeño y el resto de mi familia no sabía demasiado sobre el VIH y el sida. Me aconsejaron que me uniera a uno de los grupos de apoyo para jóvenes con VIH. Fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba solo. Hay mucha gente de mi edad que es VIH-positiva y, desde ese momento, empecé a respetar mi tratamiento. MSF solía visitarme en casa para ver si me tomaba la medicación de forma sostenido y adecuada. Al cabo de cierto tiempo, mi salud empezó a mejorar. Cuando mostré señales de recuperación, mi familia empezó a aceptarme y a aceptar mi estatus. Empezaron a comprender que la vida no se acaba cuando se es VIH-positivo”.

* Nombre ficticio.