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Las consecuencias del aborto no seguro

Médicos Sin Fronteras (MSF) se esfuerza por reducir la mortalidad y el sufrimiento en las poblaciones afectadas por conflictos y crisis. La organización médico-humanitaria está decidida a luchar contra las principales causas de mortalidad materna, incluyendo el aborto no seguro.

El aborto no seguro es una de las cuatro principales causas de mortalidad materna –junto con las hemorragias, las infecciones y la alta presión sanguínea–, y además es la única totalmente prevenible. Estas cuatro causas son responsables del 75% de las muertes maternas en todo el mundo.

El aborto no seguro tiene consecuencias médicas que en muchos casos son irreversibles y que pueden causar la muerte de la mujer embarazada. MSF es testigo una y otra vez de cómo, cuando no hay servicios accesibles de aborto seguro, muchas mujeres recurren a métodos no seguros a pesar de los considerables riesgos que entrañan.

Se calcula que cada año 47.000 mujeres adultas y jóvenes mueren a causa de abortos no seguros y que cinco millones más sufren lesiones que derivan en discapacidades. Pero todas estas cifras son solo estimaciones ya que muchas mujeres y jóvenes no pueden buscar atención médica aunque sufran complicaciones y nadie sabe cuántas mueren.

Según un estrudio liderado por la Organización Mundial de la Salud publicado en 'The Lancet', de los 55,7 millones de abortos que se solicitaron aproximadamente cada año entre 2010 y 2014, alrededor de 25 millones fueron abortos no seguros. Esto significa que fueron realizados por personas que no tenían la cualificación necesaria para ello y en un entorno que no respetaba los mínimos estándares médicos.

Médicos respondiendo a una cuestión médica

Prevenir la mortalidad y el sufrimiento causados por un aborto no seguro requiere tres acciones principales: proporcionar anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, ofrecer servicios de interrupción sin riesgos (incluyendo proporcionar asesoramiento a la mujer) y tratar las complicaciones resultantes del aborto.

MSF incluye los servicios de atención para la interrupción voluntaria del embarazo dentro de sus programas de atención materna, después de estudiar las disposiciones legales y la percepción de la comunidad y del personal sanitario.

MSF no tiene una posición política ni ética sobre el aborto. Como organización médico-humanitaria, MSF considera las consecuencias de los abortos no seguros como una cuestión médica a la que hay que responder. Los riesgos de un aborto no seguro son bien conocidos y pueden prevenirse prestando una atención adecuada a estas mujeres.

Las muertes a causa de abortos no seguros se reducen enormemente cuando la mujer puede acceder a servicios médicos. Por ejemplo, tras la legalización del aborto en Sudáfrica en 1996, diversos estudios confirmaron que, para el año 2000, la mortalidad materna por abortos no seguros se había reducido en un 91%; además, el número de mujeres con infecciones causadas por estos procedimientos se había reducido a la mitad.

Complicaciones del aborto no seguro

MSF no alienta el aborto en absoluto. La interrupción del embarazo es, exclusivamente, elección de la mujer. El único objetivo de MSF es evitar las consecuencias del aborto no seguro.

Cuando una mujer está decidida a interrumpir su embarazo, buscará la forma de someterse a un aborto independientemente de si el procedimiento es seguro y legal o no. Y si no le es posible acceder a un aborto en condiciones médicas seguras, arriesgará la vida para interrumpir el embarazo. Cuando ocurren complicaciones derivadas de un aborto no seguro, la mujer suele renunciar a buscar ayuda médica profesional por temor a las consecuencias sociales que esto le pueda acarrear.

Las principales complicaciones de un aborto no seguro son sangrado severo, infección, peritonitis, lesiones en vagina y útero e incluso la muerte; también pueden darse consecuencias a largo plazo que afecten a embarazos futuros, entre ellas la infertilidad.

MSF y el aborto no seguro

No todos los proyectos de salud sexual y reproductiva de MSF cuentan con un componente de atención a las consecuencias de abortos no seguros. Sin embargo, dado el impacto que los abortos no seguros tienen en la mortalidad, MSF quiere implementar todas las medidas posibles para responder a esta cuestión.

Durante 2016, en sus programas de salud sexual y reproductiva, MSF atendió unos 250.300 partos (de los cuales más de 24.00 fueron cesáreas) y realizó 360.000 consultas prenatales, 178.000 posnatales y 253.000 de planificación familiar. Además, la organización asistió a 13.800 víctimas de violencia sexual y a 1.170 mujeres en la interrupción voluntaria del embarazo.