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15.04.2021

La fallida respuesta a la COVID-19 ha llevado a Brasil a una emergencia humanitaria

El país bate récords de muertes y contagios cada semana y las UCI ya han colapsado en 21 de las 27 capitales estaduales. Denunciamos la falta de voluntad política para proporcionar una respuesta adecuada: está costando la vida a miles de brasileños y brasileñas que habrían sobrevivido si hubieran recibido la atención médica que necesitaban.

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La falta de voluntad política para proporcionar una respuesta adecuada está costando la vida a miles de brasileños y brasileñas. Ha pasado más de un año desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y en Brasil todavía no hay una respuesta de salud pública a la emergencia que sea eficaz, que esté centralizada y que se lleve a cabo de manera coordinada. Para que no sigan produciéndose más muertes que serían evitables, Médicos Sin Fronteras (MSF) pedimos a las autoridades brasileñas que reconozcan urgentemente la gravedad de la crisis y que pongan en marcha un sistema central de coordinación y respuesta frente a la COVID-19.

La semana pasada, Brasil registró el 11% de las nuevas infecciones por COVID-19 de todo el planeta, así como el 26,2% de las muertes confirmadas por esta enfermedad. El 8 de abril se registraron 4.249 muertes por COVID-19 en el país en un periodo de tan solo 24 horas, así como 86.652 nuevos contagios. Estas inaceptables cifras son una clara evidencia del fracaso de las autoridades para gestionar la crisis humanitaria y de salud pública que atraviesa el país y para proteger del virus a los brasileños, especialmente a los más vulnerables.

“Las medidas de salud pública se han convertido en un campo de batalla político en Brasil”, afirma el Dr. Christos Christou, nuestro presidente internacional. "Como resultado, las políticas basadas en la ciencia son permanentemente entremezcladas con las opiniones políticas, en lugar de estar centradas en la necesidad de proteger a las personas y a sus comunidades frente a la COVID-19".

 

Apoyamos a las unidades de urgencias (conocidas localmente como UPAs) en Porto Velho, la capital del estado de Rondonia, Brasil.

Urgen medidas integrales basadas en la evidencia

“El Gobierno Federal de Brasil ha rechazado adoptar medidas integrales de salud pública basadas en la evidencia, dejando la responsabilidad en manos del dedicado personal médico del país, que hace todo lo que puede para sacar adelante a las personas que se debaten entre la vida y la muerte en las atestadas unidades de cuidados intensivos y que se ven obligados a improvisar soluciones cuando ya no quedan camas disponibles”, continúa el Dr. Christou. "Esto ha puesto a Brasil en un estado de duelo permanente y ha llevado al colapso del sistema de salud del país".

“La respuesta a la COVID-19 en Brasil debe comenzar en las comunidades, no en las UCI”, sostiene Meinie Nicolai, nuestra directora general. “No se trata solamente de que lleguen suministros médicos como oxígeno, sedantes y EPP donde sea necesario. También ha de promoverse e implementarse en la ciudadanía el uso de mascarilla, la distancia social, medidas estrictas de higiene y la restricción de movimientos y actividades no esenciales en la comunidad, de acuerdo con la situación epidemiológica que haya en cada lugar”.

“Las pautas de tratamiento de la COVID-19 deben ser actualizadas e incluir en ellas las últimas investigaciones médicas que se han llevado a cabo. Además, de cara a facilitar tanto la atención al paciente como el control de los brotes, las pruebas rápidas de antígenos deben estar ampliamente disponibles en todo momento”, afirma Nicolai.

 

Apoyamos a las unidades de urgencias (conocidas localmente como UPAs) en Porto Velho, la capital del estado de Rondonia, Brasil.

Los pacientes mueren sin contar con una cama de UCI

La semana pasada, las unidades de cuidados intensivos (UCI) estaban colapsadas en 21 de las 27 capitales de Brasil. En los hospitales de todo el país existe una constante escasez de oxígeno, elemento completamente necesario para tratar a los pacientes que están graves o críticamente enfermos, así como de sedantes, que resultan necesarios para intubar a los pacientes que se encuentran en estado crítico. Como resultado, nuestros equipos han visto morir a pacientes que habrían tenido la posibilidad de sobrevivir si hubieran recibido la atención médica adecuada.

“La devastación que nuestros equipos presenciaron por primera vez en la región de Amazonas se ha convertido a día de hoy en una realidad en la mayor parte de Brasil”, dice Pierre Van Heddegem, quien ha sido el coordinador de Emergencias para nuestra respuesta a la COVID-19 en Brasil hasta hace unos días. “La falta de planificación y coordinación entre las autoridades federales de salud y sus contrapartes estatales y municipales está teniendo consecuencias letales, de vida o muerte”.

“No solo los pacientes mueren sin acceso a la atención médica, sino que el personal médico está exhausto y sufre un trauma psicológico y emocional severo debido a las condiciones en las que tienen que llevar a cabo su trabajo”, detalla Van Heddegem. 

Otra limitación es la escasez de profesionales sanitarios locales. Y a pesar de ello, el personal de salud extranjero, e incluso los brasileños que cuentan con certificaciones extranjeras, no pueden trabajar en Brasil.

Además, la abrumadora cantidad de desinformación que circula en las comunidades de todo el país alimenta aún más el grado de extensión de la enfermedad y, con ello, el número de muertes en Brasil. Se evita y se politiza el uso de las mascarillas, la distancia física y la restricción de movimientos y de actividades no esenciales. Además, los políticos promocionan la hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria) y la ivermectina (un medicamento antiparasitario) como la panacea para luchar contra la COVID-19 y los médicos las están recetando como profilaxis y tratamiento del coronavirus. 

A esta preocupante situación en Brasil -un país que vacunó en 2009 a 92 millones de personas contra el H1N1 (gripe porcina) en tan solo tres meses- se suma una campaña de vacunación contra la COVID-19 que avanza a la mitad de su velocidad. Hasta ahora, solo alrededor del 11% de las personas ha recibido al menos una dosis. Esto significa que millones de vidas en Brasil, e incluso más allá de sus fronteras, están en riesgo por las más de 90 variantes del virus que circulan actualmente en el país, así como por las nuevas variantes que puedan surgir.

“Las autoridades brasileñas han visto cómo se ha producido durante el último año una propagación absoluta de la COVID-19”, dice el Dr. Christou. “Su negativa a adoptar las medidas de salud pública basadas en la evidencia han causado demasiadas muertes prematuras y evitables. La respuesta en Brasil debe reiniciarse de forma urgente, basándose en la ciencia y de forma coordinada, para así evitar más muertes y la destrucción del antes prestigioso sistema de salud brasileño”.


Iniciamos operaciones médicas en Brasil en 1991, inicialmente en respuesta a una epidemia de cólera y a un elevado número de casos de malaria. En abril de 2020, nuestras actividades frente a la COVID-19 comenzaron con la asistencia a las personas sin hogar en São Paulo. Desde entonces, hemos trabajado en ocho estados brasileños y apoyado a más de 50 centros de salud y hospitales, centrándonos en el cuidado de los grupos más vulnerables de las comunidades. A medida que avanzaba la pandemia, hemos ampliado nuestro enfoque para apoyar a los fragilizados sistemas de salud, que no cuentan ya con capacidad suficiente para brindar atención a la gran cantidad de brasileños que están enfermos y/o muriendo de COVID-19. Actualmente, estamos apoyando servicios locales para la atención de pacientes con COVID-19 en el norte de Brasil, en los estados de Rondônia, Roraima y Amazonas.