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10.11.2016

Carta abierta a los empleados de Pfizer: necesitamos aliados

Carta de Mary Jo Frawley, enfermera de Médicos Sin Fronteras.

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Estimados empleados de Pfizer:

Hace casi un año, estábamos en la puerta de sus oficinas de Nueva York apilando dinero falso frente a las puertas de su sede central. Hace seis meses, volvimos para poner 2.500 flores en una cuna con el objetivo de ilustrar que la vital vacuna contra el neumococo que produce Pfizer no llega a los niños que la necesitan.

Soy consciente de que quizás no hemos comenzado con buen pie, así que permítanme que me presente: me llamo Mary Jo, y llevo 17 años trabajando como enfermera en Médicos Sin Fronteras (MSF).

A estas alturas ya habrá llegado a sus oídos lo que nuestra campaña les pide: una vacuna contra el neumococo a 5 dólares por niño (4,5 euros) para todos los países en desarrollo y para las organizaciones humanitarias. Necesitamos que esta posibilidad se convierta en realidad, porque la situación que vivimos hoy, cuando casi un millón de niños mueren cada año a causa de esta enfermedad evitable, es desgarradora. Más aun sabiendo como sabemos que se trata de una enfermedad que puede prevenirse mediante una vacuna, la vacuna neumocócica conjugada (VCN), que solo fabrican dos farmacéuticas: Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK).

Déjenme que les explique la historia de Mohamed, un niño de seis años que conocí en mi última misión a Nigeria. Cuando llegué a la clínica, estaba sentado en el suelo con su hermano pequeño. Ambos estaban muy delgados y tenían unas llagas terribles, de aspecto muy doloroso, en los labios. Mohamed apenas reaccionaba. Sin embargo, jadeaba e intentaba respirar desesperadamente. Tenía una frecuencia respiratoria de 60, unas tres veces más de lo habitual para un niño de su edad, lo que significa que sus pulmones estaban esforzándose por obtener la cantidad de oxígeno que necesitaba.

Su frecuencia respiratoria era un claro signo de neumonía. Más tarde se confirmó que Mohamed padecía malaria, sarampión y neumonía, una combinación de enfermedades mortal en la infancia, así como desnutrición. Le encontramos una cama de aislamiento y le colocamos una vía intravenosa para administrarle los líquidos y medicamentos que necesitaba.

Lo que más me impactó de Mohamed fue su templanza. A pesar del dolor y de que no tenía ganas ni de comer ni de beber, se esforzaba en ser totalmente autónomo. Quería sostener la taza con sus propias manos, porque no es normal depender de otra persona para que te alimente cuando tienes seis años. Estaba muy débil, pero aguantaba.

Esa noche, Mohamed volvió a casa con su madre y su hermano. Al día siguiente, acudí a otra clínica de MSF y aprovechando que estaba cerca de su casa fui a buscarle. Cuando entré en la sala de pediatría lo vi en la misma situación que cuando le conocí el día anterior, sentado en el suelo con su hermano. Pero esta vez, estaba animado; sonreía. El cambio era increíble. Mohamed pudo acudir a nuestra clínica en aquel momento, y tuvimos la suerte de que los antibióticos actuaran contra la neumonía. Pero no siempre es así.

Pienso en lo que sufren otros niños como él. Muchos de ellos viven momentos muy duros a una edad muy temprana: guerra, conflictos, huida constante, pobreza extrema... No podemos evitar que estas cosas sucedan. Pero, ¿y las enfermedades? Esas sí que podemos evitarlas. Si al menos podemos proteger a los niños con vacunas, estos tendrán la oportunidad de sobrevivir y hacer frente a todo lo demás.

La neumonía de Mohamed se podría haber evitado si su vacuna, la que produce Pfizer, hubiera estado disponible. Incluso en casos en los que países como Nigeria han introducido la vacuna contra el neumococo en los calendarios habituales de inmunización, a veces, los conflictos o desastres naturales interrumpen los programas de salud rutinarios. Es entonces cuando las organizaciones humanitarias pueden ayudar a proporcionar algo de alivio hasta que la situación se estabilice.

Por ello, resulta importante bajar el precio de la vacuna para las organizaciones humanitarias y para los países que no reciben las vacunas financiadas por donantes.

Sabemos que para que esto se haga realidad, el deseo de cambio también tiene que venir desde dentro de Pfizer. ¿Van a ser solidarios con niños como Mohamed?

Las donaciones no son la solución.

Puede que no sea fácil, pero si esto les afecta, por favor, ayúdenos compartiendo con otros compañeros de trabajo la situación que les he descrito.

Gracias.