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06.11.2020

No podemos dejar solos otra vez a nuestros mayores ante los nuevos casos de COVID-19

Ante los actuales nuevos casos y brotes en las residencias de ancianos, se deben aumentar los recursos en la prevención y control de infecciones y mejorar el cuidado digno, como son las despedidas, los cuidados profesionales de confort y las visitas o contactos con familiares.

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Las residencias de mayores están registrando nuevos casos y brotes de Covid-19. Por ello, evitar que se repita lo sucedido en estos centros durante la primera ola de contagios es una obligación médica, ética y social. Las personas más vulnerables deben ser la prioridad a esta pandemia.

Para evitar a toda costa que se repita este desamparo, recomendamos especialmente aumentar los recursos en la prevención y control de infecciones y los diferentes elementos del cuidado digno, como son las despedidas, los cuidados profesionales de confort y las visitas o contactos con familiares.

 

Control de la infección y recursos humanos

Y es que, ante la situación epidemiológica de la COVID-19 y los contagios en las residencias de ancianos, es esencial identificar y formar a una figura de supervisión de prevención y control de la infección (PCI), articular protocolos para el caso de rebrote y realizar tests de manera rutinaria a los trabajadores. Precisamente, la prevención del contagio en los trabajadores es también básico para evitar la mortalidad en la residencias de ancianos.

Así, las residencias de mayores deben asegurar una ratio de personal que garantice un cuidado digno y adecuado, así como garantizar que las bajas son cubiertas, revisando al alza las ratios de personal de atención directa, además de otro personal clave, como limpieza y lavandería.

 

Faltan planes de contingencia

Si bien la elaboración de planes de contingencia es una de las recomendaciones que se incluye entre las que el Gobierno central ha dado a las comunidades autónomas, y muchas de ellas la han llevado a cabo, el problema que hemos detectado en nuestro seguimiento de la situación sigue siendo la implementación de estos planes.

Los gestores de las residencias deben hacerse cargo cuanto antes de la necesidad actual de implementar estos planes de contingencia para asegurar un sistema de la alerta temprana y que se pueda llevar a cabo un control eficaz de la infección y proteger a pacientes tan vulnerables ante la COVID-19 como los mayores. 

Dicho planes deben ir acompañados de una clara dotación de recursos financieros, humanos y materiales que fortalezcan el sistema de salud, tanto de atención primaria como hospitalaria.

Cuidados dignos

No podemos dejar atrás la dignidad y los cuidados de nuestros mayores. Los responsables de estos centros deben velar por que el aislamiento físico no aísle socialmente a los residentes y se priorice en todo momento su salud tanto física como mental. El confinamiento no debe hacerse a expensas de las facultades físicas y cognitivas de las personas mayores, sino en atención a ellas.

Por ello, recomendamos cierta flexibilidad en la ocupación de los centros, especialmente en los periodos más críticos, para que se pueda proceder a una zonificación. En los casos que no sea viable tener habitaciones individuales, debe identificarse un espacio preventivo disponible para los periodos de riesgo. Los mecanismos de apoyo psicosocial son fundamentales, tanto para personal y residentes como para sus familiares; no fue el caso durante la primera ola de la pandemia.