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21.09.2018

“En el campo de Moria no nos tratan bien. Estamos desnutridos y no tenemos protección”

Fatima* huyó con sus dos hijas de Irak hasta Turquía. Atravesó el Mediterráneo y llegó al campo de refugiados Lesbos, en Grecia. Las deplorables condiciones de vida han hecho que su hija menor tenga pensamientos suicidas. “¿Es esta la Europa a la que vinimos?”, se lamenta, desesperada.

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“Tuve que dejar Irak y escapar a Turquía con mis dos hijas porque mi marido nos pegaba. Me rompió el hombro. Abusaba de nosotras de formas que no puedes ni imaginarte. Quería casar a las niñas. Nos golpeaba y no dejó que las niñas fueran a la escuela. Llegó a arrancarles las uñas.

Escapamos en avión a Turquía, pero un amigo me dijo que mi familia y mi esposo me estaban buscando y tuvimos que seguir huyendo. Finalmente atravesamos el mar y llegamos a Lesbos dónde nos acomodaron en una tienda de campaña. Tras un tiempo en la isla caí enferma por lo que me trasladaron a un contenedor junto a otras ocho familias.

Ahora compartimos el espacio 28 personas. El contenedor es muy pequeño y ruidoso, no podemos asearnos adecuadamente; no tenemos suficientes productos de higiene personal. En el campo no nos tratan bien. Estamos desnutridos, faltan alimentos y las niñas se desmayan con frecuencia porque no comen suficiente.

Aquí en el campo no tenemos protección. Hace cuatro semanas un hombre atacó a mi hija mayor: solo tiene 17 años. La policía lo vio y no hizo nada. Le he pedido muchas veces a ACNUR y a la administración del campo que nos saquen de este lugar, pero todavía estamos esperando. Desde que llegamos aquí, nos sentimos indefensas. No hay escuelas para las niñas, no hay nada. ¿Esta es la Europa a la que vinimos?

Aquí vivimos con miedo, no nos sentimos seguras. Mi hija menor tiene solo 14 años y siempre lleva un cuchillo encima, dice que se va a hacer daño. Llora mucho. También ha tenido peleas violentas con su hermana.

Se comporta así desde que llegamos a Moria. Casi no habla, no quiere ir a la escuela y es muy agresiva. Se enfada con facilidad. Ni siquiera quiere hablar con nosotras.

Después de los primeros diez días en Moria, se tomó una caja de pastillas. Se peleó con su hermana y pensó: huimos de Irak y venimos aquí para encontrarnos en la misma situación. ¿Quién va a protegernos?

Dos veces he encontrado un cuchillo debajo de su almohada. Teme la situación en Moria. Cuando la dejo sola, siempre la encuentro llorando y cabizbaja. Como madre estoy cansada de tratar de proteger a mis hijas porque realmente no puedo hacerlo. Esperaba que todo fuera bien, pero aquí no hay nada. No hay seguridad, no hay protección, no hay educación.

He perdido la esperanza. Vinimos en busca de un futuro mejor, pero no hemos encontrado ni protección, ni seguridad; entonces ¿qué futuro debería esperar para mis hijas? Nuestra situación en Irak era la misma que vivimos aquí. Estoy muy cansada. Nuestra siguiente entrevista en el proceso de asilo la tenemos en febrero del próximo año. No puedo quedarme aquí hasta entonces. A veces, llego a pensar en terminar con mi vida”.

*El nombre del paciente ha sido modificado para proteger su identidad.