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04.03.2020

"Represión, hostilidad y frustración: Moria roba toda esperanza"

El día a día que viven miles de refugiados en los campos de las islas griegas es una guerra contra la dignidad y los derechos humanos, una resistencia contra quienes huyen en busca de seguridad. Mientras, Europa mira deliberadamente hacia otro lado.

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Marco Sandrone, nuestro coordinador de proyectos en Lesbos (Grecia) describe la situación en el inhumano campo de refugiados de Moria:

"Las tensiones de estos días en la isla de Lesbos demuestran una vez más el fracaso de Europa. Una Europa cruel, cínica y despiadada ante al destino de hombres, mujeres y niños que huyen de conflictos, como el que está ocurriendo en Siria. Es una total inconsciencia continuar fingiendo no entender lo que está sucediendo en Lesbos.

[El lunes 3 de marzo], nuestra clínica pediátrica frente al campo de Moria ha sido cerrada por razones de seguridad. No sabemos si podremos reabrirla mañana, estamos esperando garantías de las autoridades. Nos resulta muy doloroso no poder hacer nuestro trabajo, pero la seguridad de nuestro personal es una condición necesaria para poder ayudar a nuestros pacientes.

A principios de año, mientras todas las ONG pedíamos ayuda para abordar una  situación que ya era inmanejable, nos encontramos con una represión violenta, con el lanzamiento de gases lacrimógenos contra los solicitantes de asilo que se manifestaban para pedir servicios básicos. Durante semanas, la hostilidad y la frustración se han vuelto inmanejables y las acciones agresivas de grupos aislados contra la desesperación de los habitantes de Moria se han sucedido ante la total ausencia de las instituciones griegas.

La situación que vivimos aquí todos los días no es muy diferente de la de una zona en conflicto, una guerra que se libra contra la dignidad, los derechos humanos y la resistencia de quienes huyen en busca de seguridad. En Europa, un continente teóricamente seguro, hemos elegido deliberadamente mirar hacia otro lado.

Desde el verano pasado hemos experimentado un aumento exponencial en las llegadas y las que no se ha dado respuesta. En ocho meses hemos pasado de 6.500 personas a las más 20.000 actuales en el campo de Moria, una instalación diseñada para albergar no más de 3.000.

En nuestra clínica pediátrica pasamos más de 100 consultas al día, entre ellas hay niños y niñas con enfermedades cardíacas graves, casos de epilepsia y diabetes. Pero la mayoría de los niños que acuden a nuestra clínica lo hacen por problemas causados ​​por las condiciones de vida en las que han sido confinados: problemas respiratorios, dermatológicos, relacionados con la nutrición y psicosomáticos. Trastornos del sueño, de la concentración, el desarrollo y, sobre todo, mucho miedo. Cuidamos a los niños que luchan por seguir siéndolo. Están asustados, expuestos a situaciones peligrosas y sin un lugar seguro donde estar. Se cierran en sí mismos. Recibimos a padres y madres que nos dicen que sus hijos ya no quieren abandonar las tiendas, que han dejado de hablar. Además del trauma de la guerra, de la huida, el sufrimiento de vivir en Lesbos roba toda esperanza a nuestros pequeños pacientes.

Una tienda de campaña no es el lugar seguro donde esperaban vivir. Moria es demasiado para ellos. El derecho a ser niños es devorado por la miseria de un campo sin dignidad, a las puertas de Europa. Los Estados miembros de la UE se enfrentan a la verdadera emergencia: evacuar a las personas de las islas a los países europeos que pueden acogerlos, proporcionar un sistema de asilo que funcione, y dejar de atrapar a las personas en condiciones horribles. El cálculo político sobre la piel de los inocentes debe terminar y debe hacerlo ahora".