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07.07.2016

Baroj: “Dejé todos mis recuerdos en Mosul”

Antes de huir de los avances del Estado Islámico (EI), Baroj trabajó como enfermero especializado en cuidados intensivos en el Hospital Salam de Mosul, al norte de Irak. Cuando el Estado Islámico tomó la ciudad en junio de 2014 huyó junto con su familia a Dohuk, a 75 kilómetros al norta de Mosul. En la actualidad, Baroj es asistente del coordinador de proyecto de MSF en Ninewa.

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“Abandonar Mosul fue una de las decisiones más difíciles de mi vida. Implicó dejar todo atrás: mis amigos, mi trabajo, la ciudad en la que nací, mi vida en ese lugar, incluso mis recuerdos.

En 2013, fui seleccionado para ir al Reino Unido a recibir formación en el Hospital Sheffield Halam. De los 400 enfermeros de Irak, estaba entre los 13 candidatos con mejores calificaciones en los exámenes. Pero pasaron los meses y mi solicitud de visado seguía sin respuesta. Justo una semana antes de que el Estado Islámico tomara el control de la ciudad, me informaron de que el Reino Unido había rechazado mi solicitud.

Era principio de junio, se había declarado el toque de queda y estaba atrapado en casa. A la mañana siguiente, mi jefe me llamó y me pidió que fuera a trabajar. Me dijo que enviaría a una ambulancia a recogerme. Un hospital no puede dejar de funcionar nunca, incluso durante una guerra. Unos días después, desperté en medio de la noche a causa de un gran revuelo en la calle. Todos los vecinos habían salido de sus casas y había rumores de que el Estado Islámico había entrado a la ciudad encontrando poca resistencia.

La población comenzó a huir. No sabía qué hacer: estaba dividido entre lleva a mi familia a un lugar seguro y mi compromiso con el hospital. Fue una situación muy complicada en un momento de gran incertidumbre. Hasta mañana, cuando vimos que las barricadas habían sido levantadas y el Ejército iraquí había desaparecido, no supimos quién tenía el control de la ciudad.

Así que decidimos huir. Mi esposa estaba embarazada de nuestro primer hijo y la fecha del parto se acercaba peligrosamente.

Durante un tiempo, me mantuve en contacto con mis vecinos de Mosul. Eso fue antes de que el EI prohibiera los teléfonos móviles. Ahora solo podemos usar Facebook, pero con mucha precaución. Mi casa fue saqueada así que decidí dejársela a un amigo de mi hermano sin que tuviera que pagarme nada por el alquiler. No tenemos noticias de ellos, pero supongo que la familia sigue viviendo allí.

Hace escasos días, mientras veía las noticias en la televisión y en las redes sociales, me preguntaba si reconocería a alguien entre las miles de personas que huían de los enfrentamientos en el oeste de Makhmour. En ese momento, vi en Facebook una foto de una de mis vecinas.

Sara, viuda de unos 50 años, era ayudada por sus parientes mientras caminaba a través de un área militarizada. Fue un alivio ver que estaba a salvo, pero también fue triste verla sufrir tanto.

Sara había perdido a una hija a causa del cáncer. Solo tenía un hijo, que fue mi mejor amigo durante más de una década. Era policía, estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Un día, no mucho después de que EI tomará control de la ciudad, dos jóvenes llamaron a su puerta pidiendo ver a su hijo. Lo llamó y cuando salió le abatieron a tiros. Todo sucedió ante sus ojos. Cuando trató de sostenerlo, la empujaron con brutalidad a un lado. Le mostré la foto de Sara a mi madre, que la conocía bien, y los recuerdos hicieron que se le saltaran las lágrimas.

Me gustaría tratar en contacto con ella para saber si puedo ayudarla en algo. Estoy seguro de que cuando huyeron, tuvieron que dejar todo atrás.”

 

Baroj, trabajador de MSF en Ninewa, Irak