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20.02.2019

Soledad y dolor: pacientes con resistencia a los antibióticos

Sahar y Nahla son dos de nuestros pacientes en nuestro hospital en el este de Mosul, en Irak. Además de lidiar con el sufrimiento de sus heridas de guerra, la resistencia a los antibióticos que sufren complica el tratamiento, que debe realizarse en habitaciones de aislamiento. Para ambos, el apoyo en salud mental es fundamental.

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“Huimos de nuestro hogar durante Ramadán en el 2017. Pasamos por muchos pueblos antes de que nos llevaran a un campamento para desplazados internos. Mi familia y yo entramos al campamento y pasamos por las revisiones. Llegó un hombre vestido con ropa de mujer y se hizo explotar en medio de la multitud. Dos de mis hijos, Yousef y Kawthar, murieron en el acto y yo sufrí heridas graves. Me trasladaron a un hospital grande y me quedé allí cuatro días. Después, me quedé tres meses en una casa que alquilaba una organización local. Para entonces, ya podía ponerme de pie y me mudé de nuevo a otro campamento, donde se estaban quedando mis parientes.

“Pasé por distintos hospitales desde mi accidente. Cuando llegué aquí, el cirujano ortopédico me explicó que tenía que quitarme la fijación interna de la pierna y que, después de hacerme una biopsia de músculo y hueso, me iba a poner una fijación externa en su lugar. Cuando me dijo todo eso, me negué. Le dije que no quería una fijación externa. Había tenido una anteriormente durante siete meses y me causaba mucho dolor. Pero el cirujano me explicó por qué esta fijación externa era, de hecho, mucho mejor si quería recuperarme. En ningún otro hospital me habían hecho pruebas o una biopsia antes. Por lo general, solo describía mi caso y los médicos me daban antibióticos para aliviar el dolor. Supe lo que era la resistencia a los antibióticos cuando llegué aquí.

“Estoy cómoda en el hospital, pero lo más duro es que me siento solo. A veces tengo algunas visitas. Mis otros dos hijos, Rahma y Ali, vinieron a verme la semana pasada. Pero pude verlos solo durante 30 minutos y después se fueron. Me gustaría poder llevarme los medicamentos a casa, pero por la resistencia a los antibióticos y por el hecho de que no hay tratamientos orales disponibles, tengo que quedarme aquí y me tienen que administrar los antibióticos por vía intravenosa de dos a tres veces al día. A menudo, me aburro y siento frustración. Todos los pacientes que están en el hospital se sienten así, pero ¿qué puedo hacer?

Voy a sesiones de salud mental todas las semanas. Nos reunimos con los psicólogos y hablamos. Nos alientan a que digamos todo lo que pensamos, sin miedo. A veces, les decimos que tanta enfermedad nos frustra. Es normal que las personas se sientan deprimidas. Los psicólogos nos ayudan a cuidar nuestra salud mental y a cuidar de nosotros mismos. Esto nos ayuda un poco a deshacernos de pensamientos negativos. Aquí, el personal médico realmente trata de animarme, pero estaría mintiendo si dijera que soy verdaderamente feliz. Aquí hay muchas personas heridas, enfermas o discapacitadas. Hemos visto mucho sufrimiento y mucha guerra”.

“Incluso después de un año y medio, la herida de la pierna aún no se me había curado”

Un avión nos bombardeó. Nuestra casa se nos cayó encima. Sufrí heridas en la pierna, la espalda y la cara. Me rescataron de los escombros y me llevaron al hospital. Me decían una y otra vez que mis hijos estaban bien, pero en mi corazón yo sabía que lo que me decían no era cierto. Todos mis hijos murieron, excepto uno. Tenía el pecho herido y le sangraba. También tenía dañados los pulmones. Nos quedamos en el hospital durante mucho tiempo, pero, incluso cuando nos fuimos, seguíamos sintiendo dolor. Yo había perdido la pierna, estaba destrozada. E incluso después de un año y medio, la herida de la pierna aún no se me había curado aún. Hablaba sobre mi situación con las personas de mi alrededor y me informaron que podían tratarme aquí. Por eso decidí venir. Este hospital era uno de los pocos centros de salud de la ciudad que estaban abiertos. Además, no tengo el dinero para pagar un médico o para ir a una clínica privada.

“Cuando llegué aquí, los médicos me dijeron que necesitaba más cirugías y medicamentos para curarme. Me dijeron que tenía una resistencia a los antibióticos comunes. Creo que esta infección es por la herida. Si me miras el tobillo, no tengo carne alrededor del hueso. Es todo por la guerra. He estado en esta habitación de aislamiento durante varios días. Me tengo que quedar aquí por las bacterias. Me quedo en la cama y tengo que tomar medicamentos y líquidos por vía intravenosa todos los días. Yo sé que el aislamiento es por mi bienestar y el de los demás. Los médicos quieren que me mejore. Me dijeron que lo estoy haciendo y que voy a dejar el hospital en una semana. Eso me hace sentir bien. Tengo ganas de regresar a mi vida normal y a mi familia. Ojalá Mosul e Irak mejoren también. Ese es mi sueño para el futuro”.