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03.01.2017

"Incluso los que han esquivado las balas no pueden escapar de las enfermedades crónicas"

Muafaq Mreish tiene de 51 años y tuvo que huir de Siria para proteger a su familia. En Jordania sufrió un ataque al corazón fruto de todo el trauma padecido. Ahora recibe apoyo psicosocial y lucha por seguir adelante.

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"Vivía en Damasco cuando bombardearon mi casa. Perdimos nuestro hogar y todos nuestros muebles. También destruyeron las casas de mi madre y de mis hermanos.

Tuve que dejar Siria para proteger a mis hijos. Si nos hubiéramos quedado, nuestras vidas correrían peligro. Así que me fui a Jordania y me llevé a mi madre conmigo. Es mayor y tiene problemas de movilidad, necesita un cuidado extra. Al principio, nos quedamos con mi hermana, que ya estaba viviendo en Jordania.

Fue el comienzo de una época muy difícil. Cargaba con toda la responsabilidad del bienestar de mi familia. Era nuevo en el país y, aunque fui bien recibido por el pueblo jordano, fue difícil.

Teníamos problemas económicos y mi madre sufría de su salud. Tuve que vender mi coche y otros bienes para venir a Jordania. En menos de un año, todos los ahorros de mi vida habían desaparecido.

No podía dejar de pensar en el pasado, en lo que tenía y en lo que había perdido. Solía ​​tener un trabajo, un hogar y buenos amigos; los había perdido a todos. Temeroso por la vida de mis hijos, había sacrificado la mía.

Es como tener un amigo que has visto todos los días durante los últimos 25 años y, de repente, tienes que separarte de él".

 

Nostalgia por el pasado

"Estoy en Jordania, mi primo en Egipto, otro pariente en Líbano - todos viven en lugares diferentes. Esta situación me entristece. Antes estábamos todos unidos, nos reuníamos constantemente y nos íbamos de viaje juntos.

Siria era un paraíso terrenal; así es como la recuerdo y seguiré recordándola en los años venideros.

Ahora el pueblo sirio se ha vuelto triste, enfermo y psicológicamente agotado. Incluso aquellos que han logrado esquivar las balas no pueden escapar de las enfermedades crónicas.

Hace un año y medio, mi cuerpo no pudo soportar más el peso del mundo y sufrí un ataque al corazón. Llegué al hospital como un cuerpo sin vida -el informe aseguraba que estaba ‘presuntamente muerto’-. Mi corazón se había parado por completo, me desfibrilaron cinco veces y me pusieron una inyección para ponerlo en marcha.

Durante tres días, estuve inconsciente en cuidados intensivos. Pero gracias a Dios, las oraciones de mi madre y el apoyo de mi esposa e hijos, sobreviví.

Pronto empecé a tener problemas para conseguir las medicinas que tanto mi madre como yo necesitábamos. Algunos eran muy caros y mi situación económica era mala. Pero seguí buscando una solución hasta que encontré a Médicos Sin Fronteras (MSF), quienes realmente me ayudaron".

 

Acceso clave a medicamentos

"MSF me quitó una carga de las espaldas, aliviándome de mis problemas económicos al ayudarme a conseguir los medicamentos. Ingresé a mi madre en la clínica de MSF en Irbid. Ellos pagan sus visitas a domicilio cada mes para un chequeo médico ya que físicamente no puede llegar a la clínica.

Un médico de la clínica de MSF me habló de un nuevo programa de apoyo psicosocial que estaban llevando a cabo, así que me uní. Me gustaría animar a otros a unirse a estas sesiones. Me hacen sentir feliz y me ayudan a quitarme el peso en mi mente.

El equipo de MSF me envía mensajes de texto regularmente, diciéndome cuándo debo ir a la clínica. Hacen un seguimiento de mi estado de salud y están comprometidos con sus pacientes. Con todo el caos en que se encuentra el mundo en este momento, realmente disfrutamos de este sentido de disciplina.

Existe una cooperación mutua entre el personal de MSF y los pacientes, por lo que la relación es 100% exitosa. MSF ha demostrado que todavía queda humanidad en este mundo".