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14.10.2016

El regreso forzoso de refugiados de Kenia a Somalia es inhumano

Faltan pocos días para el cierre definitivo del campo de Dadaab (Kenia), el más grande del mundo. Más de 300.000 personas deberán volver a su país de origen en condiciones deplorables y con graves consecuencias médicas.

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Ante el inminente cierre del campamento de refugiados de Dadaab (Kenia), el más grande del mundo, más del 80% de las personas obligadas a regresar a Somalia no quieren volver a su país de origen. Las razones, el temor al reclutamiento forzado por parte de grupos armados, la violencia sexual y la falta de asistencia sanitaria del país africano, desolado por la guerra.

Así lo refleja el informe que hemos publicado 'De Dadaab a Somalia: empujados hacia el peligro' y en el que instamos al Gobierno de Kenia y al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con el apoyo de los países donantes, a considerar con urgencia otras alternativas.

Y es que el retorno masivo de más de 300.000 somalíes supondrá graves consecuencias médicas. "Está claro que los campos de refugiados no son la mejor manera de gestionar una crisis que se prolonga ya 25 años, pero cerrarlos ahora sin ofrecer otras soluciones duraderas empuja a los refugiados a volver de nuevo a una zona de conflicto, donde la atención médica se encuentra peligrosamente ausente", afirma Bruno Jochum, director general de MSF.

A su juicio, esta decisión es "otra mancha en la protección de los refugiados a nivel mundial, donde de nuevo vemos el fracaso total en la prestación de refugio seguro para las personas que están peligro".

"La propia ONU declaró recientemente que cinco millones de personas están en riesgo de hambruna en Somalia. Enviar de regreso a más personas a ese país para que sufran es inhumano e irresponsable", advierte.

Sin atención médica

En Dagahaley, uno de los cinco campos que componen Dadaab, nuestros equipos médicos han observado a niños procedentes de Somalia sin vacunar contra enfermedades prevenibles, un indicio que revela un sistema de salud desgarrado durante más de dos décadas de guerra y donde incluso la atención médica básica es prácticamente inexistente.

Allí, las mujeres embarazadas solo tendrán una atención mínima, poniendo en peligro su vida y la de sus propios hijos. Las personas con necesitan atención médica crónica también están en riesgo, ya sean diabéticos que necesitan insulina para sobrevivir, o personas con hipertensión que necesitan un tratamiento continuo.

A estos se les suman los pacientes que reciben atención en salud mental. En dicho campo, el 70% de nuestros pacientes de salud mental están bajo tratamiento médico. "Si un paciente con psicosis se ve obligado a dejar la medicación, el desarrollo de sus funciones cognitivas y de su comportamiento sufriría un retroceso. Estar atrapados en un país donde los servicios de salud mental son prácticamente inexistentes pondría sus vidas en grave peligro ", avisa Liesbeth Aelbrecht, nuestra coordinadora general en Kenia.

Otras soluciones urgentes

Según hemos podido saber, nada menos que el 86% de los refugiados encuestados en Dagahaley no quieren volver a Somalia. El temor de las personas en torno a la inseguridad que se vive en este país es elevado, y la mayoría – hombres y mujeres – asegura que el riesgo de violencia sexual es muy alto.

Con esta información, cuestionamos la naturaleza "voluntaria" de las devoluciones que ACNUR está facilitando.

"Los miedos de los que nos hablan los refugiados son reales", dice Aelbrecht. "Es crucial que cualquier regreso sea realmente voluntario. Los refugiados deben tener toda la información necesaria sobre los servicios y condiciones con los que se encontrarán en Somalia".

En este sentido, reiteramos que la creación de campos como el de Dadaab a lo largo de la frontera está cambiando la responsabilidad y abandonando el principio de protección para los refugiados. Deben considerarse de forma urgente otras soluciones a largo plazo, como la instalación de campos más pequeños en Kenia, el aumento del reasentamiento en terceros países, o la integración de los refugiados en las comunidades kenianas.

Además, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para compartir la responsabilidad con el Gobierno de Kenia.

“Es inaceptable que, al no haberse ofrecido ninguna otra solución, miles de personas están prácticamente siendo empujadas de vuelta al conflicto y a una crisis aguda: las mismas condiciones de las que huyeron”, concluye Aelbrecht.

“Kenia no debe asumir esta carga por sí misma. La financiación de los países donantes debe ser destinada a proporcionar asistencia sostenible en el país de refugio, no para apoyar lo que será un regreso forzoso a una zona de guerra”.

 

En MSF no aceptamos financiación de ningún gobierno para su proyecto en Dadaab. Todos los fondos provienen de donantes privados.

Comenzamos a trabajar en Dadaab en 1992 y actualmente somos la única organización que presta atención médica en el campo de Dagahaley. Nuestro personal está trabajando en un hospital de 100 camas dentro del campo de Dagahaley y en dos puestos de salud, proporcionando consultas médicas para pacientes externos y consultas de salud mental, cirugías, atención prenatal, de VIH y tuberculosis. En total, durante 2015, nuestros equipos realizaron 182.351 consultas para pacientes externos e ingresaron a 11.560 pacientes en el hospital.

 

* Para comprender las preocupaciones y necesidades de los refugiados, en julio y agosto de 2016 realizamos una serie de sesiones de discusión, entrevistas y encuestas entre los refugiados en el campo de Dagahaley sobre su situación actual y la perspectiva de regresar a Somalia. En las sesiones con grupos focales en el campo de Dagahaley, participaron 75 personas (42 hombres y 33 mujeres). Las entrevistas se realizaron con 31 personas, incluyendo a pacientes, trabajadores de MSF e integrantes de la comunidad. La encuesta se llevó a cabo con  838 jefes de familia (53% hombres y 47% mujeres) en Dagahaley, que representan un total de 5.470 personas.

Cierre del campo de refugiados de Dadaab: empujados de vuelta al peligro