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23.07.2018

Mali: "La inseguridad empuja a la población a una situación límite"

Jamal Mrrouch acaba de regresar de Mali, donde ha coordinado durante más de un año nuestro trabajo en las regiones de Gao y Kidal, en el norte del país, y de Mopti, en el centro. Con la vista puesta en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, previstas para el 29 de julio, Jamal analiza la situación humanitaria en el país.

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¿Cuáles son las principales necesidades en el norte y centro del país?

La inseguridad empuja a la población a una situación límite. Han pasado más de cinco años desde que la crisis estalló en 2012 y tres años desde la firma del acuerdo de paz de Argel. Pero la aplicación de este acuerdo –firmado por varios grupos armados de la oposición y el gobierno de Mali– no avanza y el conflicto se vuelve crónico.

Necesidades básicas para la población, como la salud, la protección o la nutrición no están completamente cubiertas, y los conflictos intercomunitarios alimentan la tensión y causan desplazamiento interno. La solución política está estancada y, mientras tanto, la comunidad internacional solo se preocupa de las operaciones militares en el norte y centro de Mali.

¿Ha mejorado la situación de la población en estas regiones de Mali en este último año?

La situación humanitaria ha seguido deteriorándose en los últimos años por varios factores. No hay lluvia, lo que afecta la cosecha y la capacidad de los malienses para alimentarse.

En la mayoría de ciudades en el centro y norte del país y, sobre todo en las zonas rurales, la inseguridad provoca que los servicios básicos no funcionen correctamente. Por ejemplo, la prohibición de usar motocicletas y camionetas en el centro del país dificulta el acceso a la sanidad, ya estos son los medios de transporte que se utilizan para llegar al centro de salud. Desde que está vigente esta prohibición, hemos registrado una disminución del 40% en las admisiones en un hospital que apoyamos en Douentza.

Además, la inseguridad en el Sahel está causando numerosos desplazamientos de población, que no tiene cubiertas sus necesidades más básicas. Según ACNUR, más de 130.000 refugiados malienses buscaron refugio en países vecinos, como Burkina Faso, Mauritania y Níger. Dada la situación de las regiones norte y central, no pueden regresar a casa.

MSF empezó a trabajar en la región de Mopti hace un año. ¿Por qué?

Desde 2013, varios grupos armados han ocupado gradualmente el centro del país y a día de hoy es una de las zonas más tensas de Mali. Se trata de un área muy densamente poblada y diferentes grupos compiten por la explotación de la tierra.

Los enfrentamientos entre las comunidades fulani y dogon, tradicionalmente agricultores y pastores, se han complicado todavía más con la crisis. Se acusa a una u otra comunidad de colaborar con grupos armados de la oposición en la zona, estigmatizando a sus miembros. El resultado son enfrentamientos violentos, con civiles heridos y muertos.

En este clima de tensión, los servicios estatales y las organizaciones de ayuda han abandonado la zona, porque no pueden garantizar la protección de su personal y sus operaciones frente a la criminalidad, que ha aumentado mucho en la zona durante 2017.

¿Cuáles son los principales desafíos para las organizaciones humanitarias en el país?

Primero, la magnitud de las necesidades de la población. Las necesidades más básicas no están cubiertas en muchas áreas, a pesar de los esfuerzos de la comunidad humanitaria. Además, la financiación de la ayuda humanitaria es cada vez más escasa y hay muy poca presencia de organizaciones humanitarias y de desarrollo en el norte y centro del país debido, sobre todo, a la inseguridad.

La criminalidad contra civiles y organizaciones humanitarias está aumentando y la violencia provoca que muchas personas, incluyendo médicos y trabajadores del sector público, huyan para refugiarse con su familia. Desgraciadamente, los civiles son un blanco cotidiano de los ataques, por razones de afiliación étnica o sospecha de vínculos con grupos armados, en un clima de impunidad.

El año pasado, MSF publicó un informe sobre la instrumentalización de la ayuda humanitaria por parte de los actores armados. ¿Cómo está la situación ahora mismo?

La confusión entre actores militares y humanitarios continúa. A través de los llamados programas de ‘impacto rápido’ y actividades similares destinadas a ganarse los corazones de la población, los actores militares organizan acciones pseudo-humanitarias. Sus vehículos son blancos, del mismo color que las ONGs. ¡Esto provoca a una peligrosa confusión, dañando la imagen de la acción humanitaria! Y aumenta el riesgo de que el personal humanitario sea blanco de un ataque, ya que es más difícil convencer a la gente de su imparcialidad. A partir de ahí, se vuelve extremadamente difícil llegar a los más vulnerables.

MSF acaba de completar una campaña de vacunación de antígenos múltiples en Kidal. ¿Cuáles fueron los desafíos de esta intervención?

La campaña de vacunación ha sido algo único. Nos ha permitido poner al día la cartilla de vacunación de más de 10.000 niños menores 5 años contra enfermedades como la difteria, el sarampión, la tos ferina, la meningitis, la neumonía, la fiebre amarilla y otras enfermedades potencialmente mortales. ¡Algunos de estos niños viven en las áreas desérticas del norte y nunca habían sido vacunados!

A pesar de los desafíos logísticos, de seguridad o climáticos –con temperaturas cercanas a los 50 grados– los equipos de MSF crearon un clima de confianza con las comunidades y los líderes comunitarios y, en colaboración con las autoridades locales y el Ministerio de Salud e Higiene Pública, llevaron a cabo la campaña.

En Mali, nuestros equipos trabajan en la región de Kidal y en los distritos de Ansongo (región Gao), Koutiala (región Sikasso), y Ténenkou  y Douentza (región de Mopti), apoyando sobre todo la atención materno-infantil.

Artículo publicado originalmente en Europa Press.