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18.09.2020

Para hacer frente a la COVID-19 en México, Honduras y El Salvador, somos móviles y adaptables

Aunque el número de casos disminuye seis meses después del inicio de la pandemia, seguimos centrados en la salud de migrantes, solicitantes de asilo y víctimas de violencia mediante clínicas móviles, apoyo a albergues y hospitales, la gestión de centros y ambulancias de COVID-19, y atención psicológica telefónica.

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Cinco formas en la que estamos respondiendo a la COVID-19 en México, Honduras y El Salvador:

  1. Equipos móviles y clínicas

Nuestro equipo móvil de COVID-19 está trabajando en diferentes partes de México, para verificar las necesidades de los protocolos de bioseguridad (control y prevención de infección, y gestión del agua y saneamiento) en hospitales de COVID-19, hospitales comunitarios y centros de salud. El objetivo es poder apoyarlos en la implementación de estos protocolos para garantizar la seguridad del personal sanitario y de los pacientes. Nuestro equipo ha trabajado en la Ciudad de México, Guerrero, Oaxaca y está trabajando en Tabasco.

En El Salvador, nuestros servicios de ambulancia siguen funcionando para aliviar la carga de trabajo del sistema de emergencias que se dedica al transporte de pacientes con COVID-19. Continuamos con las clínicas móviles en las comunidades de San Salvador y Soyapango afectadas por la violencia. Seguimos con las intervenciones de promoción de la salud y de prevención. MSF, además, trabajamos en la atención de salud mental en un centro de aislamiento dedicado exclusivamente a las personas deportadas (de México y Estados Unidos), mientras evalúa a otros para una posible intervención.

El personal y los voluntarios en los albergues y cocinas de calle de la ciudad de México también reciben formación en el uso de equipos de protección, gestión de residuos, lavado de ropa, detección de sítomas, establecimiento de circuitos para prevenir la

  1. Centros COVID-19

En Matamoros y Reynosa, en la frontera norte de México, gestionamos dos centros COVID-19 instalados en la universidad estatal, donde atendemos a pacientes de leves a severos. Ambos centros tienen capacidad para 20 pacientes con necesidad de oxígeno (pacientes severos) y cuentan con una zona de aislamiento para pacientes leves y sospechosos que no tienen un lugar donde aislarse. Estos pacientes pueden ser migrantes, repatriados, personas sin hogar o personas que no tienen suficiente espacio en sus casas para aislarse de sus familias. Las instalaciones han establecido un sistema de atención de salud integral en el que los pacientes, además de recibir atención médica, cuentan con servicios de atención psicosocial.

En Tegucigalpa (Honduras), iniciamos una intervención para pacientes graves de COVID-19 en las instalaciones deportivas de la Universidad Nacional adaptadas como clínica, con el objetivo de ayudar al sistema de salud metropolitano a mantener los hospitales por hacinamiento y la atención de los pacientes de manera integral, incluidos los servicios de salud mental y promoción de la salud.

El contacto directo de nuestro equipo con las personas les permite responder preguntas, aclarada dudas y desmentir los mitos sobre la COVID-19.

  1. Refugios para migrantes

Los solicitantes de asilo y los migrantes se enfrentan a una situación más grave en comparación con COVID-19 por la incertidumbre, la preocupación, la estigmatización, la precariedad en materia de higiene y la falta de espacio. Debido a esto, seguimos con nuestra intervención en Nuevo Laredo, en el norte, evaluando e implementando el control y prevención de infecciones en todos los albergues de migrantes donde se encuentran más de 200 personas confinadas. Se proporciona atención primaria de salud y apoyo psicosocial al personal de los albergues y, en ocasiones, también a los miembros de las comunidades cercanas.

En Reynosa y Matamoros, contamos con un equipo de clínica móvil que ofrece servicios de atención sanitaria integral (médica, promoción de la salud, salud mental y trabajo social) en los albergues para migrantes y solicitantes de asilo. Nuestros equipos han adaptado sus actividades desde marzo. Han desarrollado triajes para detectar posibles casos de COVID-19 y remitirlos a los centros de COVID-19 de MSF o a otras instituciones, si es necesario.

En la frontera sur, en Tenosique (Tabasco), con base en el refugio ‘La 72’, seguimos ofreciendo atención primaria de salud integral (apoyo médico y psicológico) a los migrantes. Además, evaluamos y aplicamos el IPC y la atención psicosocial en 15 refugios para migrantes de la Ciudad de México y en otro más en el Estado de México.

 

  1. Ruta migratoria

Formamos un equipo multidisciplinario de intervención COVID-19 para el proyecto de migrantes (promotor de salud, psicólogo, logista, gestor de agua y saneamiento y del IPC), que brindará apoyo técnico, capacitación y promoción en la toma de decisiones en los albergues de migrantes, a lo largo de la ruta migratoria en México, sobre la prevención y el control de la COVID-19; este equipo también dará apoyo psicosocial a los migrantes y al personal que se sospeche o se confirme (o esté en contacto) con COVID-19.

En Matamoros, seguimos atendiendo a los solicitantes de asilo en un campamento improvisado con más de 1.500 personas, que se estableció como consecuencia de los Protocolos de Protección de la Migración (MPP) mientras las personas esperan sus audiencias para solicitar asilo en Estados Unidos. Contamos con un equipo de atención médica integral con actividades de promoción de la salud que incluyen actividades de prevención de COVID-19, y un equipo médico que ha establecido un triaje para detectar posibles casos.

Albergue de migrantes en México.

  1. Líneas de apoyo

Se ha creado una línea telefónica y un número de WhatsApp para que nuestros psicólogos brinden atención psicológica a distancia a los migrantes y refugiados, así como a la población aislada por la violencia en Guerrero y a los migrantes y refugiados en todo el país.

En Tegucigalpa y Choloma, Honduras, funcionan dos líneas telefónicas de salud mental para los supervivientes de violencia y violencia sexual. Nuestros psicólogos han detectado  un aumento en consultas de salud mental. 

La COVID-19, país por país

México se convirtió en uno de los epicentros de la pandemia Latinoamérica, junto con Brasil y Perú, y el cuarto país del mundo con más muertes. Se estima que más de 100.000 trabajadores de la salud se han visto afectados por la enfermedad, lo que ha contribuido a la estigmatización que dio lugar a ataques y a discriminación. A partir de julio, el país anunció una reducción gradual de sus medidas de contención, en una ‘nueva normalidad’ en la que el comercio y la industria se están recuperando. Desde el 17 de agosto, México observa una disminución en el número de contagios.

Los estados más afectados son la Ciudad de México, el Estado de México, Guanajuato, Nuevo León y Tabasco (donde contamos con actividades en la ciudad de Tenosique), incluso en esta situación, algunos de estos han sido clasificados como parte de los estados naranja o amarillo en el sistema de semáforos. En las ciudades de Reynosa y Matamoros (estado de Tamaulipas) contamos con dos centros de atención de COVID-19 y apoyamos el control y prevención de infecciones en los albergues para migrantes.

En Nuevo Laredo, donde hay 26.861 casos confirmados*, los equipos informaron una disminución de casos en ambas ciudades, pero se están preparando para un posible rebrote de contagios. En el estado de Guerrero, que tiene 16.454 casos confirmados*, trabajamos con un proyecto regular y hemos reanudado las actividades junto con el apoyo a los centros de salud y al hospital con la implementación del control y prevención de infecciones (IPC).

En Honduras y El Salvador, los Gobiernos declararon una situación de emergencia, limitando la libertad y la circulación a mediados de marzo.

En Honduras (con más de 9,5 millones de habitantes -el departamento de Cortés, en el norte del país, es el más afectado con el 31,3% de los casos confirmados-), después de tres meses de confinamiento y a pesar del aumento en el número de casos, el 8 de junio se reactivó la economía en varios municipios, principalmente rurales y agrícolas, en la llamada "reapertura inteligente de la economía". Los hospitales y centros de salud de todo el país han comunicado la falta de equipo de protección individual (EPI) y de recursos para la atención de los pacientes. Diversos medios de comunicación, nacionales e internacionales, han informado sobre los casos de corrupción en torno a los hospitales móviles que el gobierno compró.

Desde el comienzo de la pandemia, en El Salvador (con más de 6.421 millones de habitantes) se han reportado hasta ahora 27.009 casos con 788 muertes*. En la capital, San Salvador, epicentro de la infección, las unidades de salud y los hospitales han suspendido las consultas ambulatorias, dejando a los pacientes con enfermedades crónicas, planificación familiar, control de embarazos, salud mental y actividades comunitarias en el abandono, específicamente en las áreas donde históricamente han sido afectadas por la violencia. La falta de acceso a los servicios de atención primaria es evidente. Hasta el 21 de agosto, hubo una tendencia decreciente de 13 días en los casos de COVID-19. El Ministerio de Salud informó de un aumento en embarazos de adolescentes con casi 3.000 casos durante el encierro.

*Datos hasta el 14 de septiembre de 2020