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01.08.2019

La epidemia de Ébola cumple un año

A medida que el peor brote de Ébola en la historia de la República Democrática del Congo se acerca a su segundo año, el número de nuevos casos registrados cada semana se acerca a sus niveles más altos desde el comienzo de la epidemia.

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En julio, entre 80 y 100 personas fueron diagnosticadas con la enfermedad cada semana. El brote también continúa extendiéndose geográficamente: Uganda vio a sus primeros pacientes con Ébola en junio, aunque habían viajado desde RDC; mientras que Goma, una ciudad de un millón y medio de habitantes, registró su segundo caso esta semana.

Después de que se declarara la epidemia el 1 de agosto de 2018, se lanzó rápidamente una respuesta masiva con la ayuda de herramientas que no estaban disponibles o estaban severamente limitadas en brotes anteriores de Ébola, como una vacuna en investigación y tratamientos en proceso de desarrollo.

A pesar de esto, el brote parece ir en la dirección equivocada y en julio fue declarado como una emergencia de salud pública internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde agosto pasado, más de 2.600 personas se han contagiado de Ébola, y 1.700 han muerto.

Ahora, un año después, debemos revisar lo que se debe hacer actualmente para poner fin al brote.

Creando confianza en medio de la inseguridad

Se menciona con frecuencia la inseguridad como uno de los principales desafíos para la intervención del Ébola. El noreste de RDC ha sido un área de conflicto activo durante el último cuarto de siglo en el que abunda la presencia de grupos armados.

Además, todavía no se confía en los trabajadores sanitarios asociados con la respuesta al Ébola. Han sido señalados, y a veces, como resultado, actividades cruciales como el seguimiento de contactos, la investigación de alertas o las campañas de vacunación, se deben suspender, limitar o cancelar.

En MSF lo sabemos muy bien. En febrero, los centros de tratamiento de Ébola de Katwa y Butembo fueron atacados, obligándonos a retirar a nuestros equipos de esos centros.

El Ébola es muy letal, poco entendido y, a menudo, es objeto de teorías de conspiración que evocan un sentimiento de rechazo. Como el brote se concentra hasta ahora en una región que ha apoyado durante mucho tiempo a la oposición política, la intervención de las autoridades del país se ve con recelo. La cancelación de las elecciones presidenciales en Beni y Butembo, con el brote en curso citado como la razón, no ayudó a aliviar esta tensión.

La movilización masiva de recursos financieros y humanos asociados a la respuesta al Ébola marca un contraste sorprendente con el abandono que esta región ha sufrido durante décadas. Nuestra organización lleva trabajando en esta región volátil desde mucho antes del Ébola. Hemos sido testigos y hemos respondido a crisis recurrentes vinculadas a la violencia generalizada, la malaria endémica, los brotes de sarampión o el cólera; ninguno de ellos ha generado un sentido de emergencia similar. Esto se suma a la creencia generalizada de que los intereses de la población no están en el corazón de la respuesta al Ébola.

Sabemos que los que respondemos a la epidemia todavía no hemos podido ganarnos la participación de la población en la respuesta. Hasta ahora, aproximadamente un tercio de las muertes relacionadas con el Ébola se han diagnosticado post mortem, poniendo de relieve la gran cantidad de personas que evitan las instalaciones dedicadas a la atención del Ébola. Hay mucho más por hacer para comprometerse constructivamente con la comunidad y mejorar la respuesta.

Integrando la respuesta al Ébola

Establecidos como un "sistema paralelo", los centros de tratamiento y tránsito de Ébola están claramente separados de los centros de salud con los que las personas están familiarizadas. Como resultado, están envueltos en un aura de misterio y son vistos como lugares a los que las personas van a morir, una vez que han sido separadas de sus familias. La intervención debe mostrar más sensibilidad por las preocupaciones, temores y costumbres de la población al cuidar a los enfermos y respetar a los muertos. Debemos crear condiciones propicias para construir una confianza mutua y una colaboración positiva. Es primordial si queremos controlar la epidemia.

Nuestros equipos a día de hoy están trabajando para poner a los pacientes en el centro de la respuesta, adaptándose a las necesidades y expectativas de la población, e incluyendo sus preferencias en términos de prestación de atención médica. Los pacientes deben estar en el centro del enfoque y se les debe brindar una opción sobre la forma en que se manejan sus necesidades médicas.

Esto comenzará cuando se reconozca que el Ébola está lejos de ser la única preocupación, o incluso la principal, para muchas personas de la región. De hecho, el 90% de los pacientes ingresados ​​en el transcurso del año han dado negativo en la prueba del Ébola y probablemente sufrieron otra enfermedad. Sin embargo, estos centros deben mejorar su capacidad para proporcionar atención individualizada y de calidad, durante el período de espera de los resultados de las pruebas de Ébola.

El acceso a la atención médica general es un tema mucho más amplio que debe abordarse. Además, sabemos que muchas personas que experimentan síntomas de Ébola siguen buscando atención médica en centros con los que ya están familiarizadas. Sin embargo, estas instalaciones a menudo se han visto debilitadas por la reasignación de su personal a la propia respuesta al Ébola. Es por eso que hemos trabajado para conseguir una respuesta integral para la enfermedad, que incorpore actividades relacionadas con el Ébola en los centros de salud locales y hospitales generales, e invirtiendo en atención médica primaria, triaje y aislamiento, higiene y saneamiento dentro de estas instalaciones. Esto implica mejorar la provisión de atención a otras necesidades médicas, como casos de trauma, malaria o sarampión, y aumentar la proximidad de estos servicios a la comunidad.

Se espera que esto fomente la aceptación de las actividades relacionadas con el Ébola por parte de la población y aliente la notificación temprana de síntomas y la identificación de casos sospechosos. Hasta ahora, los resultados son alentadores: en el transcurso de julio, el 10% de los pacientes con casos confirmados e ingresados en un centro de tratamiento de Ébola en Beni, habían sido referidos allí desde un centro de salud apoyado por MSF; este es un porcentaje más alto que el de pacientes derivados desde centros de tránsito enfocados al Ébola.

La vacuna contra el Ébola

A diferencia del brote de Ébola en África occidental en 2014-16, la vacuna en investigación rVSV-ZEBOV está mucho más disponible. Más de 170.000 personas han recibido la vacuna durante este brote a través de un enfoque de 'vacunación en anillo', dirigido a los contactos de pacientes confirmados con Ébola y trabajadores de primera línea. Sin embargo, el aumento de los desafíos para rastrear y dar seguimiento a los contactos de pacientes confirmados implica que muchas personas elegibles para recibir la vacuna pueden no estar recibiéndola.

Además, el suministro de esta vacuna ha sido limitado y se especula sobre una escasez de la misma, después de que las dosis de rVSV-ZEBOV fueran fraccionadas en mayo. Esto ha limitado la capacidad de los actores para revisar y mejorar la estrategia de vacunación, a pesar de que expandir la disponibilidad de la vacuna en áreas activas de brotes podría tener un impacto significativo en la reducción de su propagación.

Por esta razón, necesitamos transparencia sobre la disponibilidad actual de la vacuna rVSV-ZEBOV, no solo en términos de las cantidades totales, sino también de la línea de tiempo de producción de nuevas vacunas, su ubicación, y el destino de las dosis adicionales.

Si las dudas sobre su disponibilidad futura persisten, solicitamos a las autoridades congoleñas que reconsideren su oposición al uso de una segunda vacuna en investigación para contener el brote.

A medida que el brote entre en su segundo año, priorizaremos el trabajo cercano con las comunidades para brindar atención médica a quienes la necesiten, y se esforzará por romper las barreras de desconfianza que están contribuyendo tanto a la propagación del Ébola como a un impacto potencialmente mayor de otras enfermedades en la salud.

MSF hemos estado actuando desde la declaración de la epidemia, interviniendo en varias áreas de la región y en varios frentes: atención a los pacientes, manejo de casos sospechosos, prevención y control de infecciones, investigación de alertas y promoción de la salud. Después de los ataques a los Centros de Tratamiento de Ébola de Katwa y Butembo en febrero, nuestros equipos se han centrado en el apoyo a las instalaciones de salud locales, para ayudar a proporcionar un acceso a la atención en medio de un contexto de Ébola, así como facilitar la detección temprana y el diagnóstico de casos de Ébola.

Nuestros equipos están trabajando actualmente para apoyar las infraestructuras médicas locales en ciudades como Goma, Beni, Lubero y Kayna en Kivu Norte y Bunia; y Mambasa y Biakato en Ituri. El apoyo cubre actividades como atención médica primaria, triaje, aislamiento, prevención y control de infecciones, agua y saneamiento, referencias médicas y promoción de la salud. También apoyamos un centro de tratamiento de 34 camas en Bunia y un pequeño CTE en Goma, mientras finalizamos la construcción de un CTE más grande de 72 camas en la ciudad.