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28.04.2017

Siria: las familias malviven en edificios en ruinas y sin refugio

Los habitantes de Daraa viven atrapados entre combates, ataques aéreos y bombas suicidas: se han acostumbrado a la violencia diaria. Uno de nuestros farmacéuticos en la zona describe la deplorable situación en la que se encuentran.

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En las últimas seis semanas, mientras los combates continúan en el sur de Siria, más de 30.000 desplazados internos han llegado a la gobernación de Daraa.

El pasado mes de febrero, las fuerzas de la oposición siria lanzaron una ofensiva contra posiciones ocupadas por el ejército seguida de un violento avance de grupos afiliados al Estado Islámico en la parte suroeste de la gobernación.

Después, las fuerzas gubernamentales sirias penetraron en estas áreas en un intento por recuperar el terreno perdido.

En medio de los combates, los habitantes de Daraa viven atrapados. Para ellos, los ataques aéreos, las bombas suicidas, los asesinatos y los combates constantes se han convertido en complementos violentos de sus vidas cotidianas. En busca de seguridad, muchos sirios de Daraa han huido a áreas rurales circundantes, pero en ellas existen muy pocos lugares donde puedan guarecerse. Algunos de ellos, sin dinero ni recursos para trasladarse a otro lugar, se han visto obligados a regresar a las aldeas destruidas que habían abandonado.

Ante esta crisis, respondidmos con una distribución de emergencia de 893 kits de artículos de primera necesidad (incluyen kits de higiene, ropa, utensilios de cocina, mantas y colchones). Estos se distribuyeron a las familias en dos zonas rurales al este de la ciudad de Daraa y la cercana localidad de Al Nuayma.

Uno de nuestros farmacéuticos que ayudó a organizar la distribución describe en estas líneas las condiciones en el terreno y los desafíos a los que miles de sirios aún se enfrentan en su lucha por sobrevivir. Nuestra organización también apoya a los centros médicos de la zona.

¿Cómo describirías la situación en el sur de Siria, especialmente donde se hizo la distribución?

Hemos distribuido artículos de primera necesidad en dos áreas. Ambas se encuentran en primera línea del conflicto. La situación es muy peligrosa. La población de Al Nuaymá permanece en la localidad porque no tiene otra opción. Son pobres y no tienen dinero para dejar de su pueblo o trasladarse a otras casas. Si lo tuvieran, alquilarían algún alojamiento lejos del peligro. Desafortunadamente, su pueblo es lo único que tienen. Las personas en las tierras agrícolas alrededor de Daraa no tienen ni eso; viven en tiendas de campaña, depósitos de agua, pozos y otras estructuras destruidas. El 80% de los edificios de la zona está en ruinas.

¿Cómo viven las personas en estos edificios? ¿qué se siente dentro de una de estas casas?

La gente trata de arreglárselas sustituyendo las puertas y ventanas rotas con plásticos. Algunas ONGs les han proporcionado alfombras. Las familias duermen en el suelo. Entre cinco y siete personas conviven en cada habitación. Hay algunos niños, pero sobre todo muchos ancianos. La gente es muy amable. Nos invitaron a tomar té y café en el interior de sus tiendas de campaña. Pudimos ver la deplorable situación en la que se encuentran. También nos llamó la atención la temperatura en el interior de sus tiendas de campaña. Ellos están acostumbrados a la violencia y a estas condiciones. Para nosotros, era un auténtico horno. Empleaban hogueras de leña para calentarse y no hay ningún tipo de ventilación. Es muy peligroso.

Descríbenos algunas de las familias con las que nuestro equipo se reunió durante la distribución…

Lo más extraño es que se están adaptando a la violencia. Vimos a unos niños mirando al cielo, contemplando cómo la ciudad de Daraa sufría un bombardeo aéreo. Es realmente extraño. El cielo está atestado de aviones. Los combates no han cesado. En un momento dado, mientras distribuíamos la ayuda, se produjo un pequeño bombardeo no muy lejos de nosotros, pero no podíamos interrumpir nuestro trabajo. Como he dicho, la gente se ha adaptado a esta situación.

¿A qué desafíos se enfrentan nuestros equipos realizan estas distribuciones? Además de los bombardeos, ¿hay algo que preocupe constantemente?

En MSF llevamos a cabo los trabajos de distribución de manera diferente a otras ONGs. Normalmente, estas van a un lugar en un pueblo, se reúne una multitud de personas y los productos se distribuyen de uno en uno. En el sur de Siria, la violencia nos impide correr el riesgo de congregar a esas multitudes. Es muy peligroso y podrían convertirse en objetivo de un ataque. En Al Nuayma, el ayuntamiento nos ayudó a gestionar el proceso. Contrataron camiones que se movían entre las casas y la línea del frente. Así evitamos aglomeraciones. En las zonas rurales, los caminos están embarrados y no podemos desplazarte libremente: llevamos los productos a lugares concretos y los distribuimos a varias familias a la vez. Logramos entregar estos kits a las personas que los necesitaban.

¿Por qué son tan importantes los kits para estas personas?

Las personas que viven en las tierras de labranza no tienen nada. Están muy lejos de cualquier mercado y no tienen agua potable, fuentes seguras de calor y apenas alimentos. En Al Nuaymá hay depósitos de agua y algo de comida, pero las condiciones de vida todavía son muy duras. Los kits de artículos de primera necesidad contienen jabón y artículos de higiene útiles para el control de infecciones, y colchones y mantas para que puedan descansar más fácilmente. Al distribuir estos kits contribuimos a prevenir infecciones.

¿Cómo está evolucionando la situación?

Me temo que la situación va a empeorar. Al oeste de la zona, grupos afiliados al Estado Islámico lanzan ataques contra las aldeas. La población no tiene más remedio que huir a la ciudad de Daraa. El Consejo Cívico nos ha informado que se esperan miles de personas más. Solo la semana pasada 2.000 personas se desplazaron a la zona. Por nuestra parte, hemos completado la distribución. La gente se mostraba muy agradecida al recibir los kits y esto siempre es reconfortante. Pero sé que todavía queda mucho trabajo por hacer.