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12.03.2021

Una década de guerra en Siria: 10 años de necesidades humanitarias crecientes

Hacemos un repaso desde 2011 a 2021, cuando las protestas pronto se convirtieron en un conflicto armado, hasta el día de hoy, pasando por el desplazamiento forzado de la mitad de la población siria -12 millones de personas-, los ataques a hospitales, los atroces asedios a Alepo y Guta oriental, los quirófanos improvisados en sótanos y nuestra acción médica cerca de la línea de frente.

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Desde el inicio de la guerra en Siria, hace 10 años, las vidas de la población siria han estado amenazadas. En 2011, la situación pasó rápidamente de protestas localizadas a una guerra a gran escala, dando lugar a una situación humanitaria devastadora que persiste una década después.

En el transcurso de 10 años, 12 millones de sirios y sirias (la mitad de la población anterior al conflicto), se han visto obligados a huir del conflicto y dejar sus hogares, a menudo varias veces, convirtiendo a esta situación en la mayor crisis de desplazamiento de este siglo. En la actualidad, muchas de estas personas todavía siguen desplazadas.

Una parte importante de la infraestructura de Siria también ha sido destruida. En especial, el sistema de salud funcional de Siria ha sido devastado. Cientos de instalaciones médicas han sido bombardeadas, un gran número de personal médico ha muerto o ha huido, y sigue habiendo una escasez desesperada de suministros médicos en muchas partes del país. Hoy, las necesidades médicas del pueblo sirio son enormes.

Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos respondido a la crisis en Siria desde el comienzo de la guerra. Hemos brindando apoyo a personas necesitadas en diferentes zonas del país: desde la donación de suministros médicos hasta la instalación de hospitales y clínicas, pasando por el apoyo remoto a instalaciones médicas y redes de personal médico en áreas a las que no podíamos acceder directamente. En la actualidad, brindamos apoyo al pueblo sirio dentro de Siria, y en varios países vecinos que acogen a refugiadas y refugiados sirios.

Esta línea de tiempo visibiliza una década de conflicto, y destaca las crecientes necesidades humanitarias y médicas de millones de sirios y sirias; así como nuestros esfuerzos para responder a ellas.
 

2011: las protestas se convierten en un conflicto armado 

En 2011, un gran número de sirios y sirias salieron a las calles para exigir reformas democráticas. El levantamiento evolucionó rápidamente, de protestas inicialmente menores, a protestas masivas durante marzo. Las manifestaciones fueron respondidas con violencia policial y militar, detenciones masivas y una brutal represión que provocó cientos de personas fallecidas y miles de personas heridas. A medida que las protestas se convertían en un conflicto, la población siria comenzó a abandonar sus ciudades de origen, con dirección a diferentes partes del país o hacia países vecinos.

Para nosotros, brindar atención médica a las personas dentro de Siria resultó ser un desafío desde el comienzo del conflicto. Desde 2011 hasta hoy, no se nos ha concedido autorización para trabajar en zonas de Siria controladas por el gobierno, a pesar de las repetidas solicitudes de permiso; como resultado, nuestras áreas de intervención siempre se han concentrado en zonas fuera del control del gobierno.

Aún así, logramos brindar asistencia médica a las población necesitada en Siria apoyando redes de personal médico sirio y proporcionando donaciones de artículos médicos y de socorro a hospitales de campaña y clínicas en las provincias de Homs, Idlib, Hama y Dará. Al no poder acceder a la capital, hicimos donaciones a la Media Luna Roja Siria en Damasco en respuesta a las crecientes necesidades médicas y la falta de suministros médicos en la ciudad.

En países vecinos, como Líbano y Jordania, comenzamos a apoyar a los sirios y sirias que necesitaban atención médica que no estaba disponible dentro de Siria; creamos proyectos para ayudar a las personas refugiadas que habían comenzado a huir de la violencia en su país.

 

2012: una guerra en toda regla 

En 2012, el conflicto se intensificó, con la formación y participación de diferentes partes en el conflicto. A pesar de los diversos intentos de acordar un alto el fuego, el conflicto pronto evolucionó hacia una guerra total, y el número de personas muertas y heridas aumentó drásticamente en todo el país.

Abrimos hospitales en el norte de Siria para responder a las crecientes necesidades médicas de las personas en estas áreas. La mayoría tuvo que instalarse en lugares poco convencionales, como villas, granjas de pollos, escuelas y sótanos, después de que varias instalaciones médicas fueran atacadas y destruidas. En estos hospitales, nuestros equipos brindaron tratamiento médico de emergencia con un enfoque principal en la atención de traumatismos y cirugías relacionadas con la guerra.

Al aumentar el número de personas refugiadas sirias en los países vecinos, ampliamos nuestras actividades en lugares como el valle de la Beká, Líbano, y los campos instalados en Domiz, en el Kurdistán iraquí. El número de personas refugiadas sirias que buscaban refugio en otros lugares era cada vez mayor, alejándose de Oriente Próximo y acercándose a Europa.

 

2013: aumentan las necesidades de los sirios

En 2013, el pueblo sirio solo estaba expuesto a altos niveles de violencia, sino también a las consecuencias directas de un sistema de salud disfuncional y deteriorado. Nuestros equipos empezaron a ser testigos del resurgimiento de enfermedades prevenibles. Los casos de sarampión entre los niños y niñas en Alepo y el descubrimiento del primer caso de poliomielitis en Siria en 14 años fueron los primeros indicios del colapso del sistema de salud en el país como resultado de la guerra, lo que llevó a que realizáramos campañas de vacunación masivas en el noreste de Siria.

Las organizaciones médicas del país también comenzaron a expresar con más fuerza sus dificultades para satisfacer las necesidades de las personas, y más aún para hacer frente a las víctimas en masa y las emergencias agudas. Debido a la intensidad de los combates en el sur de Siria, abrimos un programa quirúrgico de emergencia en Ramta, en el norte de Jordania, cerca de la frontera siria, para tratar a las personas heridas de guerra que no podían recibir tratamiento en los 14 hospitales de campaña de Dará.

Mientras tanto, cientos de miles de personas sirias seguían saliendo de Siria para buscar seguridad o tratamiento médico en países cercanos. Estas naciones, que experimentaron una afluencia continua de personas refugiadas, comenzaron a adoptar políticas fronterizas más restrictivas. En respuesta, ampliamos aún más el volumen de nuestras operaciones en la región para brindar toda la asistencia posible al pueblo sirio. A finales de 2013, se estimaba que 1,5 millones de sirias y sirios eran refugiados.

 

Campo de refugiados de Bardarash.

2014: se intensifican los enfrentamientos mortales

En 2014, la guerra se volvió cada vez más sangrienta. La ONU estimó que 6,5 millones de personas habían sido desplazadas internamente, mientras que más de tres millones habían huido de Siria.

La violencia y la inseguridad, el endurecimiento de los asedios y el aumento de los bombardeos, así como los ataques a las instalaciones de salud y al personal médico, fueron algunos de los desafíos que enfrentaron nuestros equipos, lo que les impidió brindar un programa más amplio de ayuda médica humanitaria.

El secuestro de nuestro personal en 2014 también nos llevó a detener nuestras actividades en áreas controladas por el grupo Estado Islámico (EI) y a retirar al personal internacional en el noroeste de Siria. Sin embargo, logramos mantener nuestra presencia en Siria, abriendo nuevos proyectos y aumentando nuestro apoyo remoto a las instalaciones médicas dentro del país.

 

2015: enorme crisis de desplazados

En 2015, el número de refugiadas y refugiados sirios que habían huido del país superó la marca de los cuatro millones, con miles de personas intentando cruzar el peligroso mar Mediterráneo, mientras que otros seis millones de personas fueron desplazadas internamente dentro de Siria. El conflicto había provocado la mayor crisis de desplazamiento desde la Segunda Guerra Mundial, dejando a millones de personas con una necesidad desesperada de ayuda humanitaria para salvar vidas. En respuesta, aumentamos nuestras actividades en toda la región, lanzando operaciones de búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo y apoyando a las personas en sus viajes a Europa.

Con la entrada de más países y partes extranjeras en la guerra, 2015 se caracterizó por una violencia extrema que afectó la vida de millones de personas. Las zonas civiles fueron bombardeadas de forma habitual, a menudo en ataques de "doble impacto", en los que al ataque inicial le sigue un segundo ataque, dirigido a los equipos de rescate o a los centros de salud que reciben a los heridos. También hubo numerosos informes de ataques que provocaron síntomas de exposición a agentes químicos. Al menos 1,5 millones de personas quedaron atrapadas en zonas sitiadas sin acceso a la ayuda humanitaria, asistencia sanitaria o evacuación médica.

En Siria, 2015 marcó el año en el que prestamos apoyo al mayor número de establecimientos de salud hasta la fecha, llegando a más de 150 centros de salud. Sin embargo, nuestro apoyo no evitó que estas instalaciones se vieran afectadas directamente por el conflicto. En 2015, 23 miembros del personal sanitario sirio que apoyamos murieron y 58 resultaron heridos. Además, 63 hospitales y clínicas que apoyamos fueron bombardeados en 94 ocasiones distintas en 2015, y 12 de estas instalaciones quedaron completamente destruidas.

Obtuvimos acceso a la ciudad de Kobanê / Ain al Arab, fuertemente destruida, después de que las fuerzas kurdas expulsaron al grupo del EI con el apoyo de las fuerzas de la coalición. Construimos un hospital en la ciudad, solo para que fuera destruido tras otro intenso período de conflicto después de que Kobanê fuera infiltrado por combatientes del grupo Estado Islámico. A pesar de ello, seguimos apoyando la atención médica primaria y secundaria en la ciudad.

 

2016: una población atrapada 

En 2016, continuaron las tácticas de asedio, aumentaron los ataques de doble impacto y la intensificación de los bombardeos y tiroteos hizo que la crisis humanitaria dentro del país se volviera aún más grave. Para entonces, muchas zonas civiles habían sido bombardeadas de forma rutinaria y privadas de ayuda. El acceso a los alimentos y los servicios de salud fue extremadamente difícil para muchas personas, especialmente para quienes vivían en lugares sitiados.

En diciembre, el gobierno sirio volvió a tomar el este de Alepo, pero no hasta que sus residentes hubieran vivido el bombardeo más feroz de la guerra de cinco años. El este de Alepo se convirtió en el epítome del conflicto sirio, con todas las atrocidades cometidas en un solo lugar: guerra de asedio, la destrucción de múltiples hospitales, bombardeo indiscriminado de zonas civiles; y un desprecio total por las reglas de la guerra. Estábamos apoyando total o parcialmente a ocho hospitales en el este de Alepo; todos ellos fueron alcanzados por bombas.

Las instalaciones médicas, el personal y los pacientes siguieron siendo víctimas de ataques indiscriminados y selectivos. En 2016, 32 instalaciones médicas que recibieron nuestro apoyo fueron bombardeadas en 71 ocasiones distintas.

Mientras tanto, más países vecinos de Siria cerraron sus fronteras a las personas refugiadas, dejando a muchas atrapadas en áreas sitiadas o varadas en las fronteras cerradas. Este varamiento de personas ocurrió en la frontera con Jordania, bloqueando el acceso a las actividades de salvamento para las personas heridas de guerra.

 

2017: una carrera por el territorio 

Una carrera por asegurar el territorio y el control del mismo surgió como el principal cambio geopolítico del año. Después de una importante ofensiva militar en Raqa, el grupo de EI perdió el control sobre grandes áreas del territorio en el noreste ante las Fuerzas Democráticas Sirias respaldadas por Estados Unidos. Atendimos a cientos de personas heridas de guerra como resultado de la intensa ofensiva de bombardeos en Raqa, así como a las y los heridos graves por trampas explosivas y artefactos explosivos sin detonar que quedaron en las casas destruidas de las personas.

Mientras tanto, en el sur del país, el gobierno sirio comenzó a retomar territorios en las provincias de Dará, Quneitra y Suwayda. Estos acontecimientos tuvieron importantes consecuencias en la vida de cientos de miles de personas que viven en estas áreas debido a los fuertes bombardeos. 

Estos cambios en la dinámica y el equilibrio de poder interrumpieron nuestras actividades en algunas de las áreas en las que trabajamos. Un total de 11 instalaciones médicas que apoyamos fueron alcanzadas por bombas o proyectiles en 12 ocasiones en ataques selectivos o indiscriminados.

 

2018: oleadas de desplazados

Con intensos combates para hacerse con el control de las regiones en disputa y con los avances militares de las fuerzas del gobierno sirio, comenzaron a llegar nuevas oleadas de personas desplazadas al noroeste de Siria. Estas se produjeron tras las condiciones de rendición impuestas por el gobierno que concedían el paso seguro a combatientes y civiles que querían ser transportados a otras zonas del país no controladas por el gobierno, la mayoría de las veces a la provincia de Idlib. Mientras tanto, en el noreste, las personas regresaban a pueblos y ciudades en ruinas, llenos de trampas y minas terrestres.

Entre febrero y abril, Guta oriental, en las afueras de Damasco, fue testigo de uno de los bombardeos más intensos desde el comienzo de la guerra. Numerosas instalaciones de salud fueron atacadas y alrededor de 2.000 personas murieron durante la ofensiva, que terminó cuando el gobierno sirio tomó el control del suburbio.

En muchos lugares, como Dara'a, Guta oriental, Hama y Homs, desde MSF no pudimos continuar con nuestro trabajo y apoyo a las instalaciones médicas después de que estas zonas fueran retomadas por el gobierno sirio. En este momento, aumentamos nuestro apoyo médico en el norte del país.

 

Civiles huyen de los bombardeos turcos en el norte de Siria. Octubre de 2019.

2019: operaciones militares en el norte

En 2019, el conflicto continuó, afectando principalmente al norte de Siria.

En el noroeste de Siria, cientos de miles de personas fueron desplazadas como consecuencia de una ofensiva lanzada por las fuerzas del gobierno sirio y sus aliados, en particular Rusia, en la provincia de Idlib, el último bastión de la oposición del país. La mayoría de las personas recién desplazadas se dirigieron a zonas donde no había agua potable ni atención médica disponible. Tenían pocas opciones, ya que la mayoría de las zonas que se consideraban relativamente seguras ya estaban sobrepobladas y sobrecargadas en términos de asistencia humanitaria.

En el noreste de Siria, intensificamos nuestras actividades cuando llegó una rápida afluencia de más de 60.000 personas desplazadas al campo de al Hol, la mayoría de ellas de los últimos bastiones del grupo Estado Islámico en la gobernación de Deir ez Zor. Ese mismo año, el ejército turco, junto con los grupos armados de la oposición siria aliados, lanzaron la operación 'Primavera de la Paz', cuyo objetivo era expulsar a las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo de una franja de tierra de 30 kilómetros de largo y 440 kilómetros de ancho a lo largo de la frontera turca. 

Además de los continuos conflictos y desplazamientos, en 2019 Siria atravesaba su peor crisis económica en años y la libra siria alcanzó un mínimo histórico en el mercado negro, lo que dificulta aún más la vida de las personas.  

 

2020: ofensiva militar, crisis económica y pandemia mundial 

El año 2020 comenzó con la continuación de una enorme ofensiva militar en el noroeste de Siria, que provocó el desplazamiento de alrededor de un millón de personas. Muchas ya estaban desplazadas dentro del área y habían huido del conflicto varias veces en meses o años anteriores.

La pandemia de COVID-19 empeoró aún más la ya precaria situación de salud en Siria. Cuatro meses después de que se declarara oficialmente la pandemia, la enfermedad llegó a Idlib y se confirmó un primer caso el 9 de julio de 2020. Los primeros casos de COVID-19 se produjeron en la comunidad médica y esto se convirtió en una preocupación creciente durante los meses siguientes. Incluso antes del brote, los recursos humanos eran muy limitados en el sector de la salud, y los hospitales de la región a menudo tenían que compartir personal médico para permanecer abiertos. En ese sentido, incluso unos pocos médicos contagiados por el virus y que se quedaran temporalmente sin trabajo podrían marcar una gran diferencia en el acceso a la atención médica.

Mientras tanto, la crisis económica continuaba y la depreciación récord de la libra siria se convirtió en una realidad para la población de Siria, lo que se tradujo en una incapacidad para acceder a necesidades básicas como vivienda, alimentos y atención médica. Las personas refugiadas de algunos países vecinos también se vieron afectados por crisis económicas en los países de acogida, como en Líbano.

Después de nueve años de guerra, el sistema de salud sirio estaba destrozado, con suministros limitados, poco personal médico e instalaciones de salud que a menudo estaban cerradas o ya no funcionaban.

 

Marzo de 2021: la situación actual

Una década después, el conflicto en Siria no ha terminado y las personas siguen sufriendo. Los efectos de la guerra continúan teniendo un impacto desastroso en los sirios de todo el mundo. Actualmente, casi 12 millones de sirios y sirias (la mitad de la población de antes de la guerra), están desplazados dentro y fuera de Siria.

Unos 5,6 millones de refugiados y refugiadas se encuentran dispersos por todo el mundo, la mayoría en Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Alrededor de 6,2 millones de personas son desplazadas internas, el mayor número en todo el mundo, la mayoría de ellas viviendo en condiciones precarias. 

Una cifra récord de 12,4 millones de sirios y sirias (casi el 60% de la población), sufre inseguridad alimentaria, según los alarmantes datos nacionales del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA). 

En poco más de un año, otros 4,5 millones de sirios y sirias han sufrido inseguridad alimentaria. Una crisis económica, la pérdida de empleos como resultado de COVID-19 y el alza de los precios de los alimentos se han sumado a la difícil situación de las personas sirias que han sido desplazadas y desgastadas por una década de conflicto.