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20.03.2017

Sudán del Sur: “En medio del caos, dejé atrás a mi madre, no podía caminar”

Mary Mayik Lual tiene 32 años, es madre soltera de cinco hijos y trabajaba en nuestro hospital en Wau Shilluk. Cuando los combates empezaron, tuvo que huir con el resto de la población hacia Kodok y luego a Aburoch, donde llevamos a cabo una operación médica de emergencia.

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“El 3 de febrero, estaba de servicio en el hospital cuando los combates empezaron a acercarse a la ciudad. Podía oír el sonido de la artillería y los disparos. Por la tarde, decidí salir del hospital y huir al norte con el resto de la población. En cuanto encontré a mis dos hijos que vivían conmigo en Wau Shilluk, me fui. Tras caminar durante muchas horas esa misma noche, llegué a una aldea, a unos 13 kilómetros. En medio del caos, dejé atrás a mi madre, no podía caminar.

Al día siguiente, seguimos caminando hasta llegar a otro pueblo 20 kilómetros más adelante. En ese momento, decidí volver atrás a buscar a mi madre. Resultó aterrador regresar. Afortunadamente, la encontré andando por la carretera. Estaba tan feliz de verla.

Con mis dos hijos y mi madre de 70 años, llegamos primero a Kodok y luego a Aburoch, que queda a unos 80 kilómetros al norte de Wau Shilluk. Tenía miedo de que los combates nos alcanzaran porque mi madre y mis hijos no podían caminar muy rápido. Tampoco había transporte disponible.

No pude coger comida y no había agua disponible. Decidí caminar siguiendo el curso del río para poder conseguir algo de agua, pero mi hijo más pequeño cayó enfermo durante nuestra huida. Tanto él como mi madre estaban demasiado agotados para caminar.

En Aburoch, pasamos los días y las noches al raso; no tenemos nada que podamos usar como refugio. Una familia compartió un pedazo de lona de plástico con nosotros. No hay suficiente agua y hemos estado esperando comida durante semanas.

Como las colas son tan largas y tienes que esperar durante horas, voy a buscar agua por la noche cuando el pozo está libre. Cuando estoy fuera por la noche temo por mi seguridad.

No es la primera vez que tengo que huir de mi casa. En 2014, vivía en Malakal cuando atacaron la ciudad. Fue un momento espantoso. Conseguí llegar a la orilla oeste del Nilo en una canoa. Huimos muchos. Ese mismo día un barco lleno de mujeres y niños se hundió mientras cruzaba el río; murió mucha gente.

Perdí a mi hermano durante los combates en Malakal. Durante nuestra fuga también me separé de tres de mis hijos. Tardé meses en encontrarlos en Wau Shilluk. No quiero que vuelva a suceder.

Como tenía miedo de perder a mis hijos de nuevo, envié tres de ellos al norte, a Sudán, donde sé que están a salvo. No sé dónde iré después. Me han obligado a moverme cinco veces desde el comienzo de esta guerra, y estoy cansada de correr”.