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Sudán del Sur

En 2020, dos años después de la firma del acuerdo de paz, y a pesar de la formación de un Gobierno de unidad nacional, la situación en Sudán del Sur siguió siendo frágil.

Mapa de proyectos MSF Sudán del Sur
688.000 
consultas externas
195.300  
casos de malaria tratados
54.300 
hospitalizaciones
13.400  
partos asistidos
5.100  
cirugías
2.340 
personas atendidas tras sufrir violencia física
820 
personas atendidas tras sufrir violencia sexual
2.050 
niños hospitalizados en programas de nutrición terapéutica
1.460 
personas con sarampión tratadas
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Sudán del Sur sufrió múltiples emergencias en 2020, incluyendo un aumento de la violencia, la COVID-19, graves inundaciones y una elevada inseguridad alimentaria. Se estima que 7,5 millones de personas, es decir, dos tercios de la población, necesitaron asistencia humanitaria.

Médicos Sin Fronteras respondió a las necesidades médicas y humanitarias urgentes, al tiempo que garantizaba la continuidad de los servicios médicos esenciales en sus 16 proyectos en el país.

 

Mayor violencia, más combates

En 2020, hubo varios estallidos de combates, algunos de los cuales duraron meses. Entre enero y octubre, murieron más de 2.000 personas,1entre ellas un trabajador sursudanés de MSF; además, decenas de miles de personas tuvieron que desplazarse.

En el estado de Junqali (Jonglei) y en el Área Administrativa de Pibor, donde la afluencia de víctimas de la violencia fue masiva, nuestros equipos brindaron atención médica de emergencia en Pieri, Lankien y Pibor; muchas personas llegaban con heridas graves de bala y por arma blanca. Los heridos críticos de Pieri y Lankien eran evacuados en avión para ser operados en nuestro hospital del campo de Protección de Civiles (PoC) de Bentiu. Nuestros equipos también mejoraron el agua y el saneamiento para miles de personas que se habían refugiado en Pibor en un área cercana a la Misión de las Naciones Unidas (UNMISS).

Los enfrentamientos brutales de mayo obligaron a nuestros equipos a suspender las actividades en Pieri durante dos días. En junio, también suspendimos las de Pibor, después de que la mayoría de nuestro personal tuviera que ponerse a salvo en una zona remota. Cuando la violencia estalló nuevamente en agosto, lanzamos actividades de emergencia. El proyecto se cerró en diciembre para permitir la reorganización de nuestros programas, con el fin de responder con más eficiencia a las necesidades de la comunidad.

 

Inundaciones generalizadas

Por segundo año consecutivo, unas graves inundaciones afectaron a más de un millón de personas en una amplia franja del país; sus casas quedaron sumergidas (así como los centros de salud) y estas comunidades se quedaron sin alimentos, agua ni cobijo adecuados.

Nuestros equipos en Pibor, Old Fangak y Leer respondieron a las necesidades masivas, con atención médica de emergencia en clínicas móviles, hospitales y clínicas. En el estado de Alto Nilo, habilitamos una clínica de emergencia para atender a la población de las ciudades de Canal y Jor Ulus, a las que solo se puede llegar en barco desde la ciudad de Malakal, y llevamos a cabo una intervención de emergencia en la región de Ulang Sobat.

En el Área Administrativa de Pibor, la desnutrición fue una preocupación importante. Ampliamos nuestro apoyo nutricional pediátrico mediante clínicas móviles y en nuestro hospital de nutrición terapéutica de Pibor capital. También distribuimos 60.000 litros de agua potable al día en lugares donde las inundaciones habían contaminado los pozos.

En todos estos proyectos, nuestros equipos trataron a miles de personas, principalmente por malaria, infecciones de las vías respiratorias y diarrea acuosa aguda. También colaboramos en una campaña masiva de vacunación contra el sarampión en Malakal y en el PoC. Además, prestamos asistencia psicosocial y distribuimos artículos de primera necesidad (como lonas de plástico, mosquiteras y jabón) a miles de familias desplazadas.

 

Respuesta a la COVID-19

A medida que la pandemia se propagaba por el mundo, la preocupación de que un brote exacerbaría una situación humanitaria ya grave llevó a MSF a integrar las medidas contra la COVID-19 en todos los proyectos existentes en el país; además, iniciamos proyectos específicos en los hospitales universitarios de Juba y Malakal.

En Juba, nos concentramos en fortalecer las medidas de prevención y control de infecciones en las instalaciones médicas, incluyendo el Hospital Universitario y el Laboratorio Nacional de Salud Pública, el principal centro de pruebas del país. Nuestros equipos también capacitaron al personal sanitario, donaron suministros, realizaron actividades de promoción de la salud y establecieron lavamanos en varios lugares públicos.

 

Poblaciones refugiadas y desplazadas

En julio, la UNMISS anunció que comenzaría a traspasar los cinco PoC al Gobierno. En los de Bentiu y Malakal, donde tenemos sendos hospitales, el proceso aún no había comenzado; pero en Bentiu, pacientes y comunidad desplazada nos expresaron su preocupación por lo que podría ocurrir una vez la ONU ya no protegiera el lugar.

En ambos PoC, nuestros equipos continuaron tratando las afecciones causadas principalmente por las condiciones de vida, incluyendo malaria, enfermedades diarreicas, hepatitis E, cólera, fiebre tifoidea, tracoma e infecciones de la piel. Al hilo de todo ello, pedimos la mejora del agua y el saneamiento en los campos.

En el condado de Yei, tras las nuevas oleadas de desplazamiento, los equipos móviles y de actividades externas de MSF distribuyeron artículos de primera necesidad y ofrecieron consultas médicas generales, vacunas y ayuda psicosocial. También colaboramos con la pediatría del hospital estatal de Yei y prestamos servicios médicos generales en nuestra clínica en Jansuk.

En nuestra clínica en el campo de Doro y en el hospital de Bunj, en Alto Nilo, brindamos atención médica a las comunidades refugiadas y de acogida, incluyendo vacunaciones, tratamiento de la malaria y la desnutrición, atención a supervivientes de violencia sexual y asistencia en partos.

 

Atención materno-infantil

Brindamos atención materno-infantil durante todo el año en el hospital estatal de Uwail, que cubre a una población de 1,3 millones de personas. En octubre, colaboramos con el Ministerio de Salud en la respuesta al pico estacional de malaria, con pruebas de diagnóstico rápido, medicación y supervisión en el hospital y en los centros de salud.

 

Área administrativa especial de Abyei

En Abyei, un área en disputa entre Sudán y Sudán del Sur, nuestro hospital de 180 camas en la ciudad de Agok continuó brindando servicios de cirugía y atención neonatal y pediátrica, y tratando a personas afectadas por mordeduras de serpiente o por enfermedades como el VIH, la tuberculosis, la malaria y la diabetes.

 

Cierre del proyecto

En julio, cerramos los proyectos abiertos hace ya catorce años en el condado de Yambio, en el estado de Ecuatoria Occidental. Estos programas se centraban en la quimioprevención de la malaria estacional en la población infantil vulnerable de las zonas rurales, el apoyo al hospital regional y la asistencia a los niños soldado desmovilizados.

 

1 Según Naciones Unidas.

 

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en este país entre enero y diciembre de 2020; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2020, contábamos con 3.555 profesionales,* entre personal nacional e internacional, y gastamos 77,8 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en el territorio que actualmente conforma Sudán del Sur en 1983.

En 2020, MSF España era una de las secciones de MSF con actividades en el país. Si quieres conocer más en profundidad nuestro trabajo allí, consulta nuestro ‘Informe de Misiones’.

* La cifra de personal equivale al total de puestos a tiempo completo o FTE (del inglés full-time equivalent). Por ejemplo, dos personas a media jornada equivalen a un FTE.