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15.07.2020

Contrajo el virus trabajando en un hospital de COVID-19, se recuperó y ha vuelto para cuidar a los pacientes

Ansaf tiene 21 años y cursa segundo año de Medicina. “He vuelto por mi determinación y mi deseo de enfrentar esta pandemia, no quiero ver a personas pasando por lo mismo que yo, quiero ayudarlas”, explica desde un centro de COVID-19 en Saná, en Yemen. En su pantalla de protección lleva escrito un lema: ‘Caerán las máscaras y las sonrisas brillarán de nuevo’.

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“Continué trabajando en la respuesta COVID-19 tras haber contraído yo misma el coronavirus en pleno cumplimiento de mi deber, por mi determinación y deseo de enfrentar esta pandemia. No quería ver a personas en ese mismo lugar y situación. Sufrían el mismo dolor que experimenté: quería volver más fuerte para ayudarlas”.

Son palabras de Ansaf, una joven enfermera auxiliar de 21 años que cursa segundo año de Medicina y que trabaja en el centro COVID-19 Sheikh Zayed que apoyamos en Saná, en Yemen.

En su mascarilla lleva escrito un mensaje inspirador -‘Caerán las máscara y las sonrisas brillarán de nuevo’-, una lema positivo para recordar a sus pacientes “que ellos también” lo superarán.

Pero el optimismo de Ansaf no está reñido con la dureza de los síntomas que la COVID-19 le hizo sufrir. “Perdí el apetito. Durante tres días no comía normalmente, no tenía ganas. También perdí el sentido del olfato. Luego se intensificó y me dio dolor de garganta y falta de aliento severa”, recuerda.

“Un colega médico me aconsejó que me hiciera una prueba de hisopo y así lo hice. La prueba confirmó que tenía COVID-19. Comencé a aislarme del resto de los pacientes, por su bienestar y por el mío”, explica tras detallar que recibió tratamiento durante tres semanas, sin contacto con otras personas, para que su estado de salud no empeorara.

“Por el bien de las personas que me rodean -mi familia, amigos y colegas-, me aislé inmediatamente y empecé a seguir las medidas preventivas y de protección protectoras y a tomar el medicamento que me recetó el médico”.

Traté de atender mis propias necesidades por mí misma: no dejé que nadie se me acercara para no contagiarles el virus.

Gracias a Dios, superé este momento difícil y nadie se infectó, aunque todos querían acercarse y ayudarme.

En la pantalla de protección, Ansaf lleva escrito: ‘Caerán las máscaras y las sonrisas brillarán de nuevo’

Yemen tiene una capacidad de diagnóstico de COVID-19 muy limitada y, por lo tanto, el virus se está propagando por todo el país sin control. Además, la desinformación y el miedo están provocando que muchos enfermos no acudan a los hospitales hasta estar muy gravesEl nuevo centro de tratamiento de COVID-19 en Saná, la capital del país, en el hospital Sheikh Zayed, busca reforzar un sistema de salud con enormes deficiencias debido a la guerra y a la falta de recursos. Actualmente solo están ocupadas la mitad de las 20 camas para pacientes con síntomas moderados. Este centro de tratamiento de COVID-19 es el segundo que apoyamos en Saná, junto con el hospital al Kuwait. Algunos de nuestros pacientes recorren largas distancias para recibir tratamiento en la capital, lo que indica que hay muchas necesidades médicas que no están siendo cubiertas en otras zonas del país.