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Tanzania

254.000 
consultas externas
390 
niños tratados en centros de nutrición
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En 2016, seguimos prestando asistencia a los refugiados de los superpoblados campos de Tanzania.

Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, a finales de 2016, Tanzania acogía a unos 280.000 refugiados, procedentes principalmente de Burundi. Debido a los continuos disturbios en el país vecino, los refugiados continuaron llegando en masa y, para diciembre, cruzaban la frontera unas 10.000 personas al mes. La situación en los campos de refugiados, ya de por sí llenos, empeoró mucho y a las organizaciones humanitarias que estaban trabajando allí les costó mucho cubrir adecuadamente las necesidades de refugio, agua y saneamiento. Los recién llegados fueron instalados en refugios comunitarios superpoblados y poco higiénicos, lo que exacerbó la propagación de enfermedades, particularmente la malaria, la diarrea y las infecciones respiratorias.

Para satisfacer la creciente demanda de atención, ampliamos nuestros servicios en los tres campos: Nyarugusu, Nduta y Mtendeli. Esto incluyó la reestructuración de las instalaciones existentes en Nyarugusu y Nduta para tratar al gran número de pacientes con malaria que llegaban. En Mtendeli, suministramos unos 428.000 litros diarios de agua y asumimos la vigilancia epidemiológica (hasta el traspaso de ambas actividades en septiembre de 2016).

En septiembre, tras un grave terremoto cerca de la ciudad de Bukoba (norte del país), donamos suministros médicos de emergencia para ayudar al hospital local a tratar a los heridos.

Campo de refugiados de Nyarugusu

El centro de nutrición intensiva de nuestro hospital de campaña atendió a 175 pacientes antes de su traspaso a la Cruz Roja de Tanzania en marzo. Además, nuestras clínicas móviles llevaron a cabo consultas ambulatorias y programas de nutrición, si bien estas actividades también se fueron reduciendo a medida que evolucionaban las necesidades; finalmente, solo había activas tres clínicas móviles centradas en la malaria. También establecimos una unidad de estabilización de 40 camas y un banco de sangre. En 2016, realizamos 64.450 consultas ambulatorias (de las cuales 46.380 fueron por malaria), y distribuimos 65.000 mosquiteras; nuestros equipos también realizaron 24.550 consultas de salud mental y distribuyeron 65,7 millones de litros de agua.

Campo de refugiados de Nduta

En 2016, fuimos el principal proveedor de atención médica en el campo de Nduta y el único que ofrecía un programa completo de servicios médicos (entre ellos salud reproductiva, tratamiento de la desnutrición y atención a víctimas de violencia sexual). En 2016, nuestro equipo reformó y amplió el hospital (de 120 camas) y asumió la gestión de cinco puestos de salud, ofreciendo exámenes médicos, vacunaciones, salud mental y un sistema de derivación de los pacientes que lo necesitaran. En 2016, realizamos 186.345 consultas ambulatorias, atendimos más de 3.000 partos y tratamos a casi 44.260 personas contra la malaria. Además, realizamos actividades de promoción de la salud y de agua y saneamiento, distribuyendo casi 42.000 mosquiteras y 70,4 millones de litros de agua entre enero y octubre.

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en Tanzania entre enero y diciembre de 2016; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2016, contábamos en Tanzania con 193 trabajadores, entre personal nacional e internacional, y gastamos 9,9 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en este país en 1993.

Testiomonio de un paciente

Ramadhani Lubunga, de 26 años, refugiado burundés

“Hace seis meses que vivo en Nyarugusu, pero he sido refugiado casi toda mi vida. Crecí en otro campo en Tanzania después de que mis padres y yo tuviéramos que huir de nuestro país. Aun así, la vida aquí me sigue pareciendo difícil. Hay que luchar por conseguir comida y agua, y vivir en una tienda te desgasta. Me acaban de diagnosticar malaria, tengo temblores, dolor de cabeza, náuseas y mucho frío. También me preocupa mi mujer; está embarazada de cuatro meses pero le dolía el estómago y ahora está en el hospital del campo. Temo por el bebé. Los refugiados nunca llevan una buena vida, pero es mejor que vivir con miedo en casa. No puedo volver a casa y no lo voy a hacer. Me quedaré en este campo hasta que me muera”.