Alertamos de la rápida escalada del conflicto en Oriente Próximo y Oriente Medio tras los ataques de EE. UU. e Israel en Irán y Líbano y las represalias posteriores, que están aumentando las necesidades humanitarias en toda la región. Estamos adaptando nuestros programas y preparándonos para ampliar nuestra respuesta médica.
Líbano: bajo los bombardeos
Actualizado a 7 de mayo de 2026
Irán y Líbano se encuentran entre los países más afectados de la región, donde MSF llevamos a cabo actualmente actividades de respuesta de emergencia para atender las necesidades humanitarias urgentes.
La guerra ha tenido un impacto devastador sobre la población civil en ambos países. Miles de personas han perdido la vida o han resultado heridas en toda la región y millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares, a menudo en múltiples ocasiones. Solo en Líbano, más de un millón de personas se han visto desplazadas, mientras que muchos hogares en Irán también se han visto afectados por el desplazamiento, la destrucción y la interrupción de los servicios esenciales. Aunque los alto el fuego han supuesto un cierto alivio y nos han permitido ampliar nuestras actividades, la situación sigue siendo extremadamente frágil.
En Irán, el impacto de la guerra sigue afectando al sistema sanitario, las cadenas de suministro y el acceso a los servicios básicos, lo que deja a muchas personas con dificultades para acceder a la atención primaria. MSF hemos abierto recientemente una nueva clínica en Teherán para responder a estas necesidades. También hemos reabierto nuestra clínica en el sur de la capital tras suspender temporalmente las actividades durante el punto álgido de los bombardeos. Desde el alto el fuego, el número de consultas allí se ha duplicado. Nuestros equipos siguen preparados para ampliar su respuesta en caso de una nueva escalada, en colaboración con las autoridades, al tiempo que continúan prestando atención primaria en Kerman y Mashhad.
En Líbano, la población sigue desplazándose entre refugios y viviendas dañadas, viviendo a menudo en condiciones extremas. Nuestros equipos están adaptando su respuesta y evaluando las necesidades cambiantes en todo el país. En el sur de Líbano, los ataques israelíes, las incursiones terrestres y la ocupación del territorio libanés continúan a pesar del alto el fuego anunciado. MSF hemos reforzado nuestra presencia en todo el sur, donde las necesidades humanitarias siguen siendo inmensas y muchas personas aún no pueden regresar a sus hogares.
MSF estamos adaptando nuestras operaciones y manteniendo la continuidad de la atención, al tiempo que reforzamos la preparación.
Nuestros equipos están plenamente movilizados en Líbano, Irán y en toda la región. Desde el 28 de febrero, hemos enviado 28.142 toneladas de suministros médicos a países de Oriente Próximo y Oriente Medio, entre ellos Irak, Irán, Líbano, Palestina, Israel, Jordania, Siria y Yemen. Las medidas de preparación incluyen la planificación de contingencias, un seguimiento exhaustivo, el pre-posicionamiento de suministros médicos, la ampliación de la capacidad de los almacenes, la formación del personal y el despliegue de servicios móviles. Las rutas de suministro también se han redirigido a través de canales alternativos, a pesar del aumento de los costes.
La crisis del estrecho de Ormuz está ejerciendo una presión adicional sobre nuestras cadenas de suministro globales en un momento en que la logística médica ya se encuentra bajo presión en varios países de operaciones.
La crisis del estrecho de Ormuz, las perturbaciones en el mar Rojo, las restricciones del espacio aéreo y el desvío de los cargamentos están aumentando los plazos de entrega y los costes en todas nuestras cadenas de suministro, a pesar de que los programas se mantienen.
MSF estamos trabajando para reforzar la capacidad logística médica y las reservas de combustible en todos los programas. Los artículos esenciales, como los mosquiteros y los guantes médicos, ya se están encareciendo. Nuestros centros de suministro internacionales en Europa están tratando de asegurar las existencias y estabilizar los precios, mientras la presión sobre el sistema sigue intensificándose. También estamos enviando más artículos desde Asia, donde los plazos de entrega son más cortos.
El impacto ya se está dejando sentir en varios contextos: MSF estamos observando retrasos en la llegada de medicamentos en Siria, un aumento de los costes de transporte y combustible en Somalia, y una escasez continuada en Gaza debido al bloqueo de nuestros suministros por parte de las autoridades israelíes, junto con el aumento de los precios del aceite de motor vinculado a las subidas de precios a nivel mundial.
En todo Oriente Medio y más allá, el impacto de la guerra regional es desigual.
En algunos países se han observado mejoras en las condiciones de seguridad, la libertad de circulación y el acceso al espacio aéreo, especialmente en Siria y Jordania. Sin embargo, la situación sigue siendo frágil e impredecible. En Siria, los repatriados procedentes de Líbano siguen enfrentándose a carencias en materia de alojamiento, alimentación, asistencia médica, transporte y protección. En Somalia, el aumento de los costes del combustible y el transporte de mercancías ya está afectando a los programas. En Palestina, la situación ha empeorado, especialmente en la Cisjordania ocupada, donde las restricciones de movimiento, los puestos de control y los despliegues de seguridad relacionados con la guerra de Irán han contribuido al aumento de las redadas, los incendios provocados, la violencia y las muertes violentas.
Irán y Líbano: situación actual y respuesta de emergencia
La guerra ha tenido un impacto devastador tanto en Irán como en Líbano, y la población civil ha sido la más afectada. Miles de personas han muerto o resultado heridas en toda la región, y millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares, a menudo en múltiples ocasiones. Solo en Líbano, más de un millón de personas se han visto desplazadas, mientras que un gran número de hogares en Irán también se han visto afectados por el desplazamiento y la destrucción.
Los servicios básicos y los sistemas de salud se encuentran sometidos a una gran presión. Los ataques y la inseguridad han obligado a los hospitales y centros de salud a cerrar o a funcionar a capacidad reducida, lo que ha dejado a la población sin acceso a la atención esencial y ha aumentado el riesgo de muertes evitables.
El impacto psicológico es inmenso. Los desplazamientos repetidos, la exposición constante a la violencia y la pérdida de familiares, hogares y medios de subsistencia están provocando un trauma generalizado y necesidades de salud mental a largo plazo.
La guerra también está agravando las crisis económicas y humanitarias. En Líbano, está empeorando una situación ya de por sí frágil, caracterizada por desplazamientos masivos, la destrucción de infraestructuras y una creciente inseguridad alimentaria. En Irán, el conflicto ha trastornado la vida cotidiana, dañado las infraestructuras y contribuido a la inestabilidad y a la reducción del acceso a los servicios básicos.
Irán
Más de nueve semanas después del inicio de la guerra en Irán, el impacto del conflicto sigue dejándose sentir en todo el sistema sanitario, las cadenas de suministro y el acceso a los servicios básicos. Aunque el alto el fuego ha traído cierto alivio, la situación sigue siendo frágil e incierta.
Ampliación de las actividades
Mientras que otros actores se han centrado en la atención de traumas, nuestros equipos han ampliado sus actividades para abordar las 'necesidades ocultas' que persisten durante la guerra. Nuestros equipos de atención primaria prestan servicios de salud sexual y reproductiva, tratamiento de enfermedades infecciosas, gestión de enfermedades crónicas, derivaciones a atención especializada y apoyo en salud mental. También observan un deterioro de la salud mental entre muchas personas que han vivido semanas de guerra, desplazamiento e incertidumbre.
MSF hemos inaugurado recientemente una segunda clínica en el sur de Teherán para ampliar aún más el acceso a la atención sanitaria primaria. La clínica abrió oficialmente sus puertas el miércoles 29 de abril y recibió a sus primeros pacientes el sábado 2 de mayo. Actualmente atiende a unos 100 pacientes al día.
En el punto álgido de la violencia, los intensos bombardeos nos obligaron a suspender temporalmente las actividades en nuestra otra clínica del sur de Teherán. La clínica ha reabierto desde entonces y hemos recibido autorización para gestionarla como un puesto médico avanzado, capaz de recibir a pacientes heridos y estabilizar a aquellos en estado crítico si fuera necesario. Desde el alto el fuego, las consultas en la clínica se han duplicado, y ahora se atiende a unos 250 pacientes al día. También hemos ampliado allí nuestros servicios a toda la población iraní.
Nuestras actividades de atención primaria en Kerman y Mashhad continúan. Estos servicios siguen siendo especialmente importantes para los refugiados afganos, muchos de los cuales se enfrentan a graves obstáculos para acceder a la atención sanitaria. Tanto en Kerman como en Mashhad, atendemos a unos 150 pacientes al día.
En caso de una nueva escalada, seguimos dispuestos a adaptarnos y ampliar aún más nuestras actividades en respuesta a las necesidades médicas cambiantes, en colaboración con las autoridades.
El impacto de la guerra
La guerra ha sometido al sistema sanitario iraní a una presión extrema. Hospitales, clínicas, ambulancias e instalaciones de fabricación de productos farmacéuticos han sido alcanzados o dañados. A fecha de 4 de mayo, la OMS había verificado 26 ataques contra centros sanitarios. Dado que Irán depende en gran medida de los medicamentos de fabricación local, los daños sufridos por la producción farmacéutica han afectado directamente al acceso a los medicamentos esenciales. Los servicios de atención primaria también se vieron gravemente afectados durante la guerra, ya que el Ministerio de Sanidad y otros actores centraron sus esfuerzos en la atención traumatológica. Aunque la situación está mejorando lentamente gracias al alto el fuego, muchas personas siguen teniendo dificultades para acceder a la atención sanitaria básica.
Las repercusiones generales de la guerra siguen siendo graves. Según fuentes humanitarias, más de 125.000 infraestructuras civiles y servicios clave, incluidos hospitales, escuelas e instalaciones de emergencia, han resultado dañados o destruidos. A fecha de 10 de abril, se estimaba que 300.000 personas habían visto sus hogares directamente afectados. Según el Gobierno de Irán, alrededor de 3,2 millones de personas se encuentran desplazadas internamente, muchas de ellas viviendo en alojamientos temporales como escuelas, pensiones y pabellones deportivos.
La guerra también ha afectado a la circulación, los suministros y la vida cotidiana. El espacio aéreo se ha reabierto parcialmente desde el 22 de abril, y algunos vuelos nacionales e internacionales han vuelto a operar, aunque hasta entonces nuestros desplazamientos hacia y desde el país se habían realizado por tierra a través de Armenia. Las compras y el abastecimiento se han visto afectados por la inflación, aunque los productos siguen estando disponibles. El combustible, que escaseaba tras el bombardeo de los depósitos de petróleo en Teherán a principios de marzo, se ha restablecido tras el racionamiento anterior.
Respuesta de emergencia inmediata
En respuesta a las crecientes necesidades desde el inicio de la escalada, MSF hemos donado medicamentos y material médico a la Sociedad de la Media Luna Roja Iraní para su distribución y uso. Entre ellos se incluyen kits de atención pediátrica para 6.000 pacientes, kits quirúrgicos para 2.500 pacientes, kits para quemados para 40 pacientes, kits de urgencias para 1.500 pacientes y kits de atención ambulatoria para 10.000 pacientes.
MSF también hemos donado artículos de socorro esenciales, entre ellos 13.000 mantas y kits de higiene para 5.000 personas.
Líbano
Las necesidades humanitarias siguen siendo inmensas, y muchas personas no pueden regresar a sus hogares porque sus casas y pueblos han sido destruidos o porque los continuos ataques, las órdenes de evacuación y la presencia de las fuerzas israelíes les impiden llegar a sus localidades.
Más de ocho semanas después de que comenzara la escalada en el Líbano el 2 de marzo, el alto el fuego temporal que entró en vigor el 17 de abril ha traído una frágil sensación de alivio, pero la situación sigue siendo muy incierta. Aunque la intensidad de los bombardeos ha disminuido en algunas partes del país, el alto el fuego no ha detenido la violencia, especialmente en el sur de Líbano, donde continúan los ataques israelíes y las comunidades se enfrentan a una destrucción generalizada, incursiones terrestres y la ocupación de territorio libanés.
Muchas ciudades y barrios han sufrido graves daños, y las infraestructuras esenciales —incluidos hospitales, carreteras y sistemas de abastecimiento de agua— han quedado destruidas o gravemente dañadas.
Ampliación de las actividades
Tras el alto el fuego, ampliamos nuestra presencia en todo el sur de Líbano, incluyendo Nabatiyeh, Sour/Tiro, Qana y las localidades de los alrededores de Sour, llegando a zonas a las que los equipos no podían acceder anteriormente. A través de unidades médicas móviles, nuestros equipos prestan atención sanitaria primaria, atención de salud sexual y reproductiva, apoyo en salud mental y derivaciones para los pacientes que necesitan atención secundaria. Mientras la población sigue desplazándose entre refugios y hogares, nuestros equipos están adaptando su respuesta y evaluando las necesidades cambiantes en todo el país.
Nuestros equipos también están prestando apoyo a los hospitales que se enfrentan a crecientes necesidades de atención traumatológica y de urgencias. Esto incluye el apoyo a hospitales (el Hospital Público de Beirut, los hospitales Jabal Amel e Italo-Libanés de Sour, los hospitales Público de Nabatiyeh y Najdeh al Shaabiyeh en Nabatiyeh, y el Hospital Público de Qana en el sur del Líbano) mediante donaciones de combustible y suministros médicos. En algunos centros, incluidos los hospitales Público de Beirut, Público de Qana y Jabal Amel, hemos desplegado personal médico de urgencias para reforzar la atención. Este apoyo llega en un momento en que el personal sanitario sigue desbordado por los repetidos incidentes con múltiples víctimas, y los hospitales continúan al límite de su capacidad debido a la afluencia de heridos.
Nuestros equipos cuentan con planes de contingencia y están pre-posicionando suministros por si se pierde el acceso a las actividades. Los equipos de suministros han aumentado las existencias y ampliado la capacidad de los almacenes. El domingo 26 de abril, recibimos en el Aeropuerto Internacional Rafic Hariri de Beirut el mayor envío aéreo chárter de nuestra historia destinado al Líbano, organizado por MSF Supply. El envío incluía unos 150 m³, o 37.000 kg, de medicamentos y material médico esenciales, con un valor total de 670.000 €, para apoyar la respuesta de emergencia en curso en coordinación con el Ministerio de Salud Pública.
El personal también está recibiendo formación de preparación, mientras nos preparamos para diferentes escenarios y un posible empeoramiento de la situación.
MSF seguimos pidiendo la protección inmediata de la población civil, el personal sanitario, las instalaciones médicas y las ambulancias, así como el pleno respeto del derecho internacional humanitario. Dado que las necesidades siguen siendo abrumadoras, también pedimos una ampliación urgente de la ayuda humanitaria y el acceso sin obstáculos de la ayuda a las personas que la necesitan.
El impacto de la guerra
El impacto de la guerra en el Líbano sigue siendo grave. Entre el 2 de marzo y el 17 de abril, según las autoridades libanesas, unas 2.294 personas murieron y casi 7.544 resultaron heridas como consecuencia de la campaña de bombardeos de Israel. Casi una quinta parte de las víctimas se debieron al mayor ataque de Israel contra el Líbano desde 2024, perpetrado el 8 de abril, que causó la muerte de 357 personas y dejó al menos 1.223 heridos, según el Ministerio de Salud Pública.
Durante casi 6 semanas, los ataques israelíes a gran escala en todo Líbano causaron muertes y heridos entre la población civil, incluso en zonas densamente pobladas. Al mismo tiempo, las órdenes de evacuación generalizadas provocaron desplazamientos a gran escala, obligando a la gente a huir de sus hogares y a abandonar las vidas que se habían construido. Durante la guerra, las órdenes de desplazamiento generalizadas y repentinas, junto con los continuos ataques, desarraigaron a cerca de una quinta parte de la población del Líbano.
Las consecuencias del desplazamiento no han terminado con el alto el fuego. La mayoría de las personas siguen desplazadas y, aunque algunas regresaron brevemente para ver cómo estaban sus hogares y pueblos, muchas han vuelto a los refugios. Para otras, el regreso no es posible en absoluto. Pueblos y comunidades enteros han sido destruidos, y la incursión terrestre en el sur del Líbano, incluido el establecimiento de una 'línea amarilla' como zona prohibida donde las fuerzas israelíes han ocupado parte del territorio libanés, está impidiendo que la gente regrese a sus hogares. Las órdenes de evacuación masiva israelíes continúan en todo el sur del Líbano, afectando a pueblos tanto al sur como al norte del río Litani. Desde el 2 de marzo, se ha informado de que más de 100 pueblos y localidades del sur del Líbano y del valle de la Bekaa han sido objeto de órdenes de evacuación. Esto suscita preocupación por una crisis de desplazamiento más prolongada, con decenas de miles de personas que se quedan sin ningún lugar adonde ir.
La inseguridad alimentaria está aumentando drásticamente en Líbano, ya que la reanudación de la violencia, los desplazamientos y las presiones económicas están revirtiendo los avances recientes. Según el último análisis prospectivo de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC) publicado por el Ministerio de Agricultura del Líbano en colaboración con la FAO y el PMA, alrededor de 1,24 millones de personas —casi 1 de cada 4 de la población analizada— se enfrentarán a una inseguridad alimentaria de nivel de crisis o superior (Fase 3+ de la IPC) entre abril y agosto de 2026, frente a las 874.000 personas registradas entre noviembre de 2025 y marzo de 2026.
Las necesidades médicas y de salud mental siguen siendo elevadas. Los pacientes presentan enfermedades crónicas, infecciones respiratorias y afecciones cutáneas, además de un aumento del malestar psicológico, todo ello agravado por las malas condiciones de vida y los desplazamientos repetidos. En el sur, especialmente en Sour, algunos pacientes han informado de que están racionando la medicación para enfermedades crónicas, tomando los medicamentos recetados cada dos o tres días en lugar de a diario. También existe un problema a nivel nacional con el suministro de medicamentos narcóticos.
El acceso a la atención sanitaria sigue siendo limitado. Algunos pacientes del sur del Líbano tienen miedo de acudir a las clínicas u hospitales y se quedan en casa, mientras que muchos centros de salud están cerrados. A nuestro personal médico le preocupa que esto pueda provocar un deterioro de la salud de la población. También persisten las barreras al acceso a la atención sanitaria para los migrantes, los refugiados y otros grupos marginados, mientras que las personas con discapacidad, los refugiados, los trabajadores migrantes y otras comunidades no libanesas se enfrentan a obstáculos desproporcionados para acceder a la ayuda y la atención. La guerra también ha dañado infraestructuras esenciales y ha interrumpido la circulación. Entre el 12 de marzo y el 8 de abril, los ataques israelíes alcanzaron al menos 9 puentes a lo largo del río Litani y un tramo de la carretera que conduce al puente de Al Khardali, lo que ha interrumpido rutas de transporte clave. A fecha de 9 de abril, el puente de Qasmieh, aunque dañado, seguía operativo y era uno de los pocos enlaces que quedaban entre el sur del Líbano y el resto del país. Middle East Airlines sigue volando a Beirut, mientras que otras aerolíneas regionales e internacionales han reanudado sus actividades, aunque se han registrado retrasos y cancelaciones ocasionales. Los costes del combustible han aumentado ligeramente, aunque menos que en otros países, ya que los precios están controlados por el Estado.
La propia asistencia sanitaria también se ha visto amenazada. Los incidentes que afectan a las instalaciones sanitarias, las ambulancias y el personal médico son motivo de creciente preocupación, lo que debilita aún más un sistema ya de por sí sobrecargado. Según la OMS, entre el 2 de marzo y el 20 de abril de 2026 se registraron 147 ataques contra la atención sanitaria, que causaron 100 muertes y 233 heridos entre el personal sanitario de guardia. Los hospitales que apoyamos en Sour y Nabatiyeh también han sufrido daños debido a los bombardeos cercanos.
Respuesta de emergencia inmediata
En respuesta a la escalada del 2 de marzo, pusimos en marcha rápidamente una intervención de emergencia a nivel nacional. En los primeros días, comenzamos a distribuir artículos de primera necesidad, como mantas, colchones, kits de higiene y agua potable, entre las personas desplazadas y en los refugios colectivos.
Para complementar las actividades sobre el terreno y apoyar a las personas en zonas de difícil acceso, también hemos puesto en marcha una línea de atención telefónica de salud mental y hemos iniciado un servicio de telemedicina adaptado a las necesidades locales. A través de este servicio, los pacientes reciben medicamentos mediante un servicio ambulatorio, con consultas de seguimiento realizadas por nuestro personal médico por teléfono. También estamos tratando de cubrir las carencias en la atención psicológica y la salud sexual y reproductiva, especialmente en lugares donde otros actores solo prestan atención sanitaria primaria.
A fecha de 2 de mayo, habíamos distribuido 37,4 millones de litros de agua y 523.892 litros de agua potable, realizado 35.000 consultas médicas, prestado apoyo en salud mental a 26.000 personas y desplegado 25 unidades médicas móviles, incluidas 3 unidades móviles de salud mental.
Repercusiones en nuestro entorno operativo en Oriente Próximo, Oriente Medio y más allá
Las cadenas de suministro siguen muy tensionadas debido al aumento de los costes de combustible, transporte y adquisición, a los plazos de entrega más largos y al desvío de la mercancía, mientras que el incremento de los precios y la posible escasez de combustible podrían afectar aún más al acceso a los servicios esenciales, incluida la atención sanitaria, especialmente para las personas que ya se enfrentan al desplazamiento, a dificultades económicas y a un acceso limitado a la ayuda básica. En Oriente Próximo, Oriente Medio y más allá, los alto el fuego han traído consigo algunas mejoras en las condiciones de seguridad, la circulación y el acceso al espacio aéreo. Sin embargo, la situación sigue siendo frágil e impredecible, con una volatilidad continuada en algunas zonas y perturbaciones regionales más amplias que siguen afectando a nuestras operaciones.
Condiciones de seguridad y circulación
Siria
En Siria, el alto el fuego en el Líbano, anunciado el 17 de abril de 2026, ha tenido un impacto notable, aunque parcial, en las condiciones de seguridad y los patrones de desplazamiento. La circulación transfronteriza hacia Siria se ha ralentizado en comparación con la fase inicial del conflicto, coincidiendo con el alto el fuego y la reapertura de los corredores aéreos. Sin embargo, la situación sigue siendo inestable, y las condiciones de seguridad siguen describiéndose como volátiles e impredecibles. Persisten focos de inestabilidad, especialmente en Al Hasakeh, As Sweida y la zona rural de Damasco, donde siguen existiendo riesgos para la protección, angustia psicosocial y acceso limitado a los servicios esenciales.
Las condiciones de circulación también han mejorado. El espacio aéreo sirio, que se cerró por completo el 28 de febrero debido a la escalada de violencia en la región, se ha ido reabriendo gradualmente. El Aeropuerto Internacional de Alepo reabrió parcialmente el 4 de marzo, y el 8 de abril la Autoridad de Aviación Civil Siria reabrió todos los corredores aéreos que estaban cerrados y reanudó el tráfico aéreo en todo el espacio aéreo sirio, incluidas las operaciones en el Aeropuerto Internacional de Damasco. El Servicio Aéreo Humanitario de las Naciones Unidas (UNHAS) también reanudó los vuelos entre Damasco y Alepo el 14 de abril. A pesar de estas mejoras, seguimos utilizando rutas alternativas como medida de precaución en algunos casos.
Jordania
En Jordania, el alto el fuego ha contribuido a una situación de seguridad estable. Desde el alto el fuego, no se han producido misiles ni ataques contra Jordania, y los aeropuertos han estado funcionando con normalidad. Esto indica una clara mejora en las condiciones de desplazamiento en comparación con la fase anterior del conflicto regional.
Sin embargo, el traslado de pacientes desde Gaza a Jordania siguió viéndose afectado por el conflicto regional más amplio. Debido al cierre de las fronteras por parte de Israel y los Territorios Palestinos Ocupados, las evacuaciones médicas se vieron severamente restringidas. El 27 de abril, 8 niños heridos de Gaza y sus cuidadores llegaron a Amán a nuestro hospital, la primera llegada de este tipo en 3 meses.
Palestina
En Palestina, el alto el fuego entre Israel/EE. UU. e Irán no ha tenido un impacto positivo en las condiciones de seguridad sobre el terreno. En Gaza, durante la fase inicial de la escalada regional, se cerraron todas las fronteras, incluso para el suministro humanitario y las evacuaciones médicas de pacientes críticos en el paso fronterizo de Rafah. Gaza también sufrió un aumento en el precio de los alimentos y otros artículos básicos. Los ataques aéreos y las víctimas civiles han continuado a pesar del 'alto el fuego entre Gaza e Israel', con más de 800 personas asesinadas desde que se estableció en octubre de 2025. Las fuerzas israelíes continúan sus ataques y han ampliado su control militar de la Franja, con continuas incursiones en la 'línea amarilla' y la demolición sistemática de barrios. Aunque la intensidad del conflicto ha disminuido, la realidad cotidiana y las condiciones indignas e insalubres en Gaza siguen siendo catastróficas. Las condiciones de vida de la población palestina siguen siendo terribles, mientras que Israel continúa obstaculizando deliberadamente la ayuda, lo que se traduce en muertes totalmente evitables. En la Cisjordania ocupada, la violencia y la anexión por parte del ejército y los colonos israelíes se han intensificado con impunidad, con al menos 22 palestinos asesinados en Cisjordania en los dos meses transcurridos desde el inicio de la escalada regional, y al menos 33 asesinados este año. El fuerte aumento de los puestos de control y las restricciones de movimiento en Cisjordania fragmentan aún más las aldeas y ciudades palestinas, aumentan el miedo a buscar atención sanitaria y retrasan el acceso a la misma.
Yemen
En Yemen, el alto el fuego no ha tenido un impacto directo significativo en la seguridad del país, sino que solo ha propiciado una distensión temporal en lugar de una estabilidad permanente. Las tensiones regionales siguen afectando a las operaciones, y el mayor escrutinio por parte de las autoridades, junto con un entorno inestable, disuade a algunos agentes de transporte de realizar vuelos a Yemen. La circulación se ha visto afectada por cierres del espacio aéreo, interrupciones de vuelos y restricciones en las rutas marítimas. El Servicio Aéreo Humanitario de las Naciones Unidas (UNHAS) ha dejado de volar a Saná, y los costes de las rutas aéreas han aumentado debido a la escasez de combustible.
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