Líbano: "Decidieron quedarse"
En Nabatieh, como en tantas otras localidades del sur del país, miles de personas han sido desplazadas por la fuerza a causa de los bombardeos masivos e indiscriminados y de las órdenes de evacuación generalizadas emitidas por el Gobierno de Israel. Sin embargo, muchas otras optaron por quedarse a pesar del peligro.
Por Maryam Srour, responsable de comunicación de MSF en el Líbano
La guerra en el Líbano —actualmente bajo un frágil alto el fuego que amenaza con romperse en cualquier momento y en el que Israel continúa ocupando una amplia franja del sur del país, demoliendo aldeas y atacando objetivos— ha tenido un impacto devastador en el sistema de salud y en el personal sanitario. Los bombardeos de las fuerzas israelíes han causado más de 1.000 muertos y cerca de 3.000 heridos en menos de un mes y medio, mientras que los ataques contra los equipos de primera intervención, así como contra hospitales y centros de salud y zonas circundantes, han dejado un balance de más de 100 trabajadores sanitarios muertos y 233 heridos, en un total de 147 ataques documentados desde el 2 de marzo hasta el inicio de la tregua. A pesar de ello, los profesionales médicos y paramédicos libaneses han seguido trabajando bajo una presión inmensa.
En el sur del Líbano han tenido que enfrentarse a la afluencia casi diaria de heridos y fallecidos que llegaban tras los ataques. Los pacientes, entre ellos una gran cantidad de niños y niñas, llegaban con lesiones graves, como hemorragias masivas, amputaciones traumáticas y heridas abiertas. Y en muchos casos, entre los heridos a los que tenían que atender, también había familiares o conocidos.
En Nabatieh, como en tantas otras localidades del sur del país, miles de personas han sido desplazadas por la fuerza a causa de los bombardeos masivos e indiscriminados y de las órdenes de evacuación generalizadas emitidas por el Gobierno de Israel. Sin embargo, muchas otras optaron por quedarse a pesar del peligro. En el Hospital Público de la ciudad, unas 42 familias —personal médico y sus hijos— se refugiaron en el interior del centro.
El objetivo era evitar desplazamientos para reducir mayores riesgos. A solo unos kilómetros de distancia, el personal del Hospital Najdeh Chaabiye también estuvo respondiendo a incidentes con múltiples víctimas mientras se refugiaba dentro del centro, ya que desplazarse por la ciudad era extremadamente peligroso debido a los continuos ataques de las fuerzas israelíes. Incluso para obtener los suministros más básicos era necesario recurrir a ambulancias que debían viajar a otras ciudades.
Prestar asistencia bajo los ataques
Durante los 46 días de ofensiva, nadie ni nada podía sentirse a salvo y se han dado numerosos casos en los que los equipos médicos fueron alcanzados mientras atendían a los pacientes heridos. En muchas otras ocasiones, ni siquiera se les permitía llegar hasta ellos. En este periodo de 46 días, al menos seis hospitales se vieron obligados a cerrar, mientras que muchos otros sufrieron daños.
El Dr. Ahmad Zreik, médico generalista que ha permanecido todo este tiempo en el Hospital Público de Nabatieh, me cuenta que, apenas unas horas después de hablar con un compañero paramédico y de despedirse de él, tuvo que hacer frente al duro trago de recibir su cadáver en el propio hospital. "Esa misma mañana estuvimos un buen rato juntos ahí fuera; charlando tranquilamente. Luego se marchó para atender una emergencia y se acabó. Su equipo sufrío los efectos de un nuevo ataque, él fue alcanzado de lleno y murió a causa de las heridas provocadas por las bombas. Acabábamos de verlo hacía unas horas, de pasar un rato juntos. Imagínate, ves a alguien y todo es perfectamente normal, hasta que de repente ya no lo es. Se marchó y nunca volvió. Regresó en cuerpo, pero sin su alma", explica Ahmad.
Varios hospitales públicos de Sour y de Nabatieh, que cuentan con el apoyo de los equipos de Médicos Sin Fronteras, sufrieron daños debido a los ataques en las inmediaciones. Y la propia casa donde vivía el personal internacional de MSF hasta que tuvieron que ser evacuados a Beirut también ha quedado parcialmente destruida. Los compañeros que fueron evacuados abrieron varias clínicas móviles para atender a la población desplazada en otros puntos del país, mientras seguían dando apoyo en remoto a los que decidieron quedarse.
En Sour, en el Hospital Hiram, el personal médico resultó herido tras el estallido de cristales y ventanas; en el Hospital Italo-Libanés, los bombardeos en las inmediaciones dañaron el equipo médico, incluidas las máquinas de diálisis renal, y en el Hospital Jabel Amel, el personal médico tuvo que reforzar las ventanas después de que estas se rompieran por la fuerza de las explosiones cercanas.
Todo el mundo es consciente de que el alto el fuego es solo temporal y demasiado frágil, así que aquí nadie baja la guardia. Los trabajadores sanitarios de los hospitales están tratando de aprovechar este periodo de impasse para descansar y retomar fuerzas, pero también para prepararse ante la posibilidad de que se reanuden las hostilidades. Más de un millón doscientas mil personas se han visto desplazadas y no pueden regresar a sus casas, si es que estas siguen en pie. Y la guerra, se teme todo el mundo, está aún muy lejos de darse por finalizada.
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