Líbano: miles de trabajadores migrantes se enfrentan a una situación límite
El desplazamiento forzoso y los bombardeos israelíes limitan aún más el acceso de las personas migrantes a la atención sanitaria. Muchas de ellas se refugian ahora en alojamientos superpoblados o duermen en la calle.
Tras más de un mes de intensos bombardeos y órdenes de evacuación generalizadas por parte de las fuerzas israelíes en el Líbano, más de un millón de personas se han visto desplazadas a la fuerza. Entre los más vulnerables se encuentran los trabajadores migrantes procedentes de distintos países de África y del sudeste asiático, así como otras minorías, que se ven cada vez más aislados de la ayuda humanitaria.
Con dificultades para costearse la atención médica y lidiar con las restricciones del sistema legal, las comunidades de migrantes desplazados se encuentran ahora atrapadas entre los efectos de la guerra y una respuesta humanitaria que a menudo las excluye. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 26 de marzo de 2026) estima que unas 48.000 de las personas desplazadas o que viven en zonas de alto riesgo son migrantes, lo que representa alrededor del 30% de la población migrante censada en el Líbano (OIM, 2025).
A través de nuestra clínica de Bourj Hammoud, un suburbio del norte de Beirut, Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos venido prestando asistencia desde hace dos años a la población migrante. Allí, cada mes, venían realizándose alrededor de 1.500 consultas de atención médica, apoyo en salud mental y servicios sociales.
En respuesta a las crecientes necesidades tras la escalada de ataques de Israel, hemos ampliado nuestra presencia en la zona mediante clínicas móviles que llegan hasta las comunidades que han sido desplazadas por la fuerza de la ciudad y sus alrededores. En conjunto, la clínica y las dos clínicas móviles ofrecen ahora unas 3.000 consultas al mes, además de distribuir artículos de primera necesidad y ayuda alimentaria a los comedores comunitarios gestionados por migrantes.
Desde principios de marzo, nuestras derivaciones médicas de nuestra clínica en Bourj Hammoud se han duplicado también, y muchos pacientes requieren transfusiones de sangre, ingreso en cuidados intensivos o cirugía. Este aumento refleja tanto la escalada de la guerra como la suspensión, el pasado mes de enero, del programa de derivaciones de la Organización Internacional para las Migraciones. Otros actores también están teniendo dificultades para cubrir estas carencias debido a la falta de financiación, lo que deja a muchos pacientes sin acceso a una atención vital.
“Vivía en Dahiyeh (los suburbios del sur de Beirut) cuando comenzaron los bombardeos. Huimos esa misma noche, sin saber adónde ir”, explica Salam, migrante desplazada que recibe atención sanitaria en nuestra clínica móvil en Ghosta, en Monte Líbano. "Acabamos en la carretera, buscando refugio, llamando a puertas que no se abrían, pidiendo una ayuda que nunca llegaba. No teníamos ningún sitio adónde ir. No había seguridad. Lo único que teníamos antes nosotros era la carretera".
Las comunidades de migrantes en el Líbano ya se enfrentaban a importantes barreras económicas, legales y sociales para acceder a los servicios básicos. Muchos se refugian ahora en alojamientos superpoblados organizados por líderes comunitarios o duermen en la calle, ya que, según algunos informes, se les rechaza explícitamente, se les discrimina o se les resta prioridad en los refugios colectivos oficiales en favor de los ciudadanos libaneses.
Ya antes de la última escalada militar de Israel en Líbano, el acceso de los migrantes a la atención sanitaria estaba muy limitado por las barreras lingüísticas, la discriminación sistemática, el coste de los servicios sanitarios y la falta de permisos de residencia" afirma AbdelHalim Abdallah, nuestro coordinador de proyectos en Beirut. "Ahora, con casi una quinta parte de la población del país desplazada a la fuerza, los migrantes se ven aún más marginados, con consecuencias que son devastadoras para su salud y su supervivencia".
El último domingo de marzo, atendimos a más de 300 pacientes migrantes en nuestra clínica de Bourj Hammoud y en las dos clínicas móviles situadas en Beirut y Saida. Solo en Saida, más de 170 pacientes procedentes de Etiopía y Bangladesh solicitaron nuestros servicios sanitarios ese domingo. La mayoría de ellos estaban desplazados o llevaban meses sin tener acceso a la atención sanitaria. Ese día, el equipo tuvo que enviar a dos bebés a urgencias y los pacientes no dejaban de llegar.
Además de quedarse sin hogar y de verse desplazadas, las necesidades sanitarias de estas familias se ven agravadas por la interrupción de los cuidados médicos y el elevado coste de los medicamentos. Aunque el acceso a la atención médica ya se veía muy limitado para las comunidades migrantes en situación irregular, la situación se ha vuelto aún más difícil debido al drástico aumento de las necesidades que experimentan tanto ellos como el resto de ciudadanos del país.
Aproximadamente una cuarta parte de las consultas médicas que atienden los equipos de nuestras clínicas móviles que tratan a las comunidades migrantes corresponden a enfermedades crónicas, y muchos pacientes se han visto privados de su medicación debido al desplazamiento forzoso o a otras barreras para acceder a la atención sanitaria. Nuestros equipos también observan importantes carencias en el acceso de la población a los servicios de salud sexual y reproductiva y de salud mental, incluso en los lugares donde otros actores prestan atención primaria.
Nuestros equipos han ampliado su respuesta para satisfacer las crecientes necesidades de las personas desplazadas por la fuerza en el Líbano, incluidas las personas migrantes y otras minorías. Sin embargo, estas comunidades siguen estando infrarrepresentadas en la respuesta humanitaria a nivel nacional liderada por actores internacionales y el Gobierno. Como resultado, muchas personas siguen dependiendo de iniciativas comunitarias que, a menudo, no pueden atender las necesidades más complejas, como la atención médica o psicológica.
Los trabajadores migrantes, que proceden en su mayoría de Etiopía, Bangladesh y Sri Lanka, y que realizan trabajos domésticos y otros oficios manuales, han sido marginados sistemáticamente por el sistema de kafala (patrocinio) del Líbano, que los priva de derechos básicos, incluida la cobertura sanitaria. También han sido excluidos de la respuesta humanitaria en las anteriores crisis que ha atravesado el país.
Nuestra respuesta en Líbano
MSF llevamos desde 2019 prestando atención especializada a las comunidades migrantes gracias al apoyo de educadores sanitarios comunitarios voluntarios que hablan amárico, bengalí, cingalés, francés, inglés y árabe. Estos voluntarios se aseguran de que los pacientes migrantes puedan comunicarse con nuestros profesionales sanitarios.
Desde 2024, nuestra clínica en Bourj Hammoud, un suburbio al norte de Beirut, ha estado proporcionándoles atención primaria, apoyo en salud mental, atención sexual y reproductiva, servicios sociales y promoción de la salud. Para ampliar su respuesta a la actual escalada de violencia, la clínica está ahora abierta 6 días a la semana y cuenta con 2 unidades médicas móviles que atienden las necesidades de los trabajadores migrantes en todo el país, así como de las familias libanesas desplazadas en más de 20 localidades de los distritos vecinos del Monte Líbano. Además, la clínica abastece a 8 comedores comunitarios locales con materias primas para preparar unas 1.000 comidas al día, que se distribuyen tanto a migrantes desplazados como a quienes siguen viviendo en zonas de alto riesgo y en áreas bajo órdenes de evacuación general.
En todo Líbano, incluidas las zonas de alto riesgo, nuestros equipos han distribuido más de 2.000 artículos de primera necesidad, como mantas, colchones y kits de higiene, a más de 100 casas y refugios comunitarios para migrantes.
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