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01.02.2019

Burkina Faso: miles de personas huyen de la violencia y necesitan ayuda urgente

Desde principios de 2019, la escalada de violencia en las regiones del Centro Norte y el Sahel ha causado decenas de muertes y el desplazamiento interno de miles de personas. Machetes, armas, y el humo de casas en llamas es el último recuerdo que se llevan tras huir de sus pueblos.

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“Quemaron nuestras casas”

Machetes, armas, y el humo de sus casas en llamas. Estos son los últimos recuerdos que muchas personas desplazadas se llevaron con ellos cuando tuvieron que huir a la fuerza de sus pueblos, en la región Centro Norte, en Burkina Faso.

"Estaba en el monte, ahí me atraparon", relata Dicko, de 17 años, quien resultó herido en la oreja y la cabeza. “Querían saber dónde se escondían mis amigos, ¡pero yo estaba solo! Me golpearon con su machete y luego me derribaron. Una vez que se fueron, corrí a al pueblo para encontrar a mis padres. ¡Han quedamos nuestra casa! Afortunadamente, mi familia estaba junta. Caminamos hasta llegar al campo, aquí, en Barsalogho".

Después de que estallara la violencia en la región, miles de personas huyeron de sus pueblos repentinamente, sin poder llevarse nada con ellos. Fueron a los pueblos cercanos de Foubé, Barsalogho o Arbinda, Kelbo y Déou.

El campo para desplazados internos, en Barsalogho, se instaló rápidamente para brindar refugio a más de 900 personas, de las cuales muchas, incluido Dicko, vivían en pequeños pueblos con sus familias. Tras huir, la madre de Dicko curó sus llagas con agua tibia y, cuando la familia al fin llegó al campo, los equipos médicos limpiaron sus heridas con soluciones antisépticas para evitar una infección.

“Las necesidades son grandes”

En el campo de Barsalogho, las familias viven en tiendas de campaña instaladas por el gobierno, y cocinan con las pocas ollas y sartenes que pudieron reunir gracias a la solidaridad de la población y las autoridades locales.

Algunas bolsas de maíz se encuentran amontonadas en medio del campo, junto con otros alimentos. Pero el agua aún es un problema, pues no hay ningún manantial cerca. Los camiones cisterna conducen todos los días a Kaya, la ciudad más cercana –a una hora de distancia del campo- para llevar agua y distribuirla a los habitantes del campo. En otros lugares donde los desplazados han llegado, los campos se han instalado en un tiempo mayor. En Foubé, por ejemplo, no todas las tiendas están instaladas. Cerca de 8.000 personas viven aquí, muy cerca los unos de los otros, lo que aumenta el riesgo de contraer el sarampión.

Médicos Sin Fronteras estamos apoyando a los equipos de salud locales para minimizar el riesgo de una epidemia: vacunamos a más de 2.100 niños contra el sarampión en Foubé durante el primer día de una campaña, con el objetivo de vacunar a 7.000. Otros 600 fueron vacunados en Barsalogho. “Sin embargo, las necesidades siguen siendo enormes”, subraya Idrissa Compaoré, nuestra coordinadora médica en Burkina Faso.

“Todos los actores involucrados en la respuesta deben garantizar que las poblaciones desplazadas tengan acceso a agua potable, así como una higiene adecuada en los campos. Además, los medicamentos esenciales deben estar disponibles en cantidades suficientes y almacenarse lejos del calor y el polvo”, matiza. Cada semana, nuestros equipos médicos consultan a más de 300 personas en Foubé y más de 200 en Barsalogho. Los pacientes sufren sobre todo infecciones respiratorias, malaria y enfermedades parasitarias.