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05.07.2019

Es inhumano devolver a personas que buscan asilo para exponerlos al crimen organizado

Condenamos la decisión de incluir Tamaulipas (México) como lugar de recepción de solicitantes de asilo en EE. UU. Para ellos, estar obligarlos a permanecer allí es sinónimo de violaciones, extorsiones, robos y homicidios. Un migrante no debe tratarse como mercancía.

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Tras el anuncio de las autoridades de México y Washington (EE. UU.) de expandir el protocolo ‘Quédate en México’ (Remain-in-México, en inglés) a la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, condena enérgicamente esta decisión y alertamos de los peligros que enfrentarían los solicitantes de asilo en Estados Unidos al ser devueltos a esta ciudad fronteriza mientras sus solicitudes son procesadas.

“Devolver a las personas que buscan asilo y obligarlos a permanecer en Nuevo Laredo es una política inhumana, es ponerlos en manos del crimen organizado, donde ser migrante es sinónimo de ser una mercancía”, advierte María Hernández, miembro de nuestro equipo de coordinación en México.

Ofrecemos atención médica, psicológica y de trabajo social a migrantes y refugiados en varios albergues de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros. En su espera para llegar a los EE. UU., miles de migrantes se encuentran constantemente expuestos a robos, violaciones, extorsiones, secuestros e incluso, homicidios. En concreto, un 45% de los pacientes que hemos atendido de enero a mayo de 2019 en Nuevo Laredo sufrieron un episodio de violencia en esta ciudad, esperando a cruzar hacia los EE. UU.

 “La mayoría de nuestros pacientes no salen a las calles debido a un inminente riesgo de secuestro. El 12% (45 de 378) de los pacientes asistidos en nuestro programa de salud mental en 2019 habían sido víctima de secuestro, 58% (26) de ellos, en los siete días anteriores a la consulta. Los solicitantes de asilo que atendemos en Nuevo Laredo constituyen un flujo mixto, provienen de países como Cuba, República Democrática de Congo, Angola o Camerún, también México, entre otros; pero sin duda son los centroamericanos los más vulnerables al secuestro y es precisamente esta población la que será devuelta en mayor número bajo el protocolo ‘Quédate en México”, señala Hernández.

Advertimos que Nuevo Laredo no puede convertirse en una ciudad receptora de personas solicitantes de asilo en espera de respuesta por parte de Estados Unidos y que están buscando  protección. “México no puede considerarse un país seguro para quienes huyen de la violencia y Tamaulipas es buena muestra de ello”, declara Hernández.

El propio gobierno estadounidense clasifica Tamaulipas en categoría 4 - que exhorta a no viajar a este Estado, debido al crimen y riesgo de secuestro. En esta misma categoría el gobierno norteamericano coloca a otros países en guerra en distintas partes del mundo, como figura en la página del Departamento de Estado de los EE. UU.

Según testimonios que hemos podido recoger, los grupos delictivos identifican a los migrantes y solicitantes de asilo tan pronto como llegan a Nuevo Laredo. “Son secuestrados en las terminales de autobuses. Existen casas de seguridad donde son retenidos para ser extorsionados, golpeados, violados. Algunos sufren amenazas de muerte, son detenidos por largos períodos para realizar trabajos forzados, sufren explotación  sexual o reclutamiento forzado por bandas criminales”, indica Hernández.

Precisamente la semana pasada, denunciábamos que las recientes redadas y detenciones masivas en la frontera sur emprendidas por parte de las autoridades mexicanas condenan a los migrantes a la clandestinidad, exponiéndolos a la violencia que impera en el país, obligándolos a transitar por rutas cada vez más peligrosas, forzándolos a tener que recurrir, aún en mayor número, a bandas criminales que negocian con el tráfico de seres humanos; acciones que les impiden además el acceso a servicios de salud.

Hacemos un llamamiento a las autoridades de México y Estados Unidos para que la asistencia humanitaria y la protección sean el eje de las políticas migratorias. Las decisiones que ambas administraciones están tomando para hacer frente a esta crisis tienen devastadoras consecuencias humanitarias, incrementa el sufrimiento de las miles de personas que huyen de sus países y, como hemos visto, pone en riesgo deliberadamente la vida de seres humanos vulnerables.