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02.12.2016

Etiopía, un lugar esperanzador para los que huyen de la violencia y el hambre en Somalia

La persistente sequía y los conflictos incesantes han hecho que la vida sea imposible para muchos somalíes en su propio país. Al otro lado de la frontera con Etiopía, la ciudad de Dolo Ado ofrece la seguridad, la alimentación y la atención sanitaria que se les niega en casa. Allí dirigimos una clínica vital para los que huyen del caos y la violencia.

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Mohamed Shiniyey Musa sonríe a pesar de las lágrimas que recorren la cara de su hijo pequeño mientras una de nuestras enfermeras le vacuna. Junto con su esposa y sus 10 hijos, hace poco que terminó el arduo viaje desde Kormay, su ciudad, en Somalia. Ahora está sentado en el centro de acogida de refugiados de Dolo, una ciudad fronteriza de Etiopía.

Este es el principal punto de entrada para los refugiados somalíes que huyen de la sequía y de la guerra civil en su país.

"Nos vimos obligados a hacer este viaje", explica Mohamed. "No ha llovido mucho en nuestra región en los últimos años y en nuestra granja podemos cultivar muy poco. No da para toda la familia. Los hombres armados de Al Shabab agravan la situación, a menudo se meten en nuestras propiedades y nos roban la comida y el dinero".

Otras familias que también han cruzado la frontera cuentan historias similares. El grupo radical Al Shabab lucha contra el Gobierno durante la última década y controla parcialmente las tres regiones afectadas por la sequía: Gedol, Bakol y Bay, en el este del país. Los enfrentamientos han cortado los suministros de comida en la región y han hecho del miedo y el hambre armas de guerra.

 "Muchos han visto a sus parientes asesinados por colaborar con las fuerzas del Gobierno, a veces por algo tan simple como ofrecer agua a unos soldados o tratar de detener el robo de algunos de sus cultivos", relata Mohamed.

"Los que buscan alimentos en las regiones vecinas regresan a punta de pistola y están obligados a esperar. Según los líderes locales de Al Shabab, la lluvia vendrá solo si Dios lo quiere. Si no cae, todos deberán asumir las consecuencias".

Cruzar la frontera para sobrevivir

Para los que llegan a Dolo, esta ciudad fronteriza es una última esperanza. Allí pueden encontrar lo que les falta en Somalia: seguridad, atención médica y alimentos. Ahora bien, el viaje tiene un precio. En coche, un viaje de dos días puede costar más de 2.000 bihr etíopes (90 dólares ó 84 euros). Para aquellos que no se lo pueden permitir, la única alternativa es caminar. Los más jóvenes y los más ancianos son los que más sufren en estas duras condiciones, y muchos llegan con signos de malnutrición.  

Los cinco campos de refugiados de las afueras de Dolo Ado se han convertido en un santuario para los somalíes que huyen de la violencia en su tierra natal. En el lado etíope de la frontera, no se han producido ataques armados significativos en años. Sin embargo, la gente se mantiene alerta pues se ha oído hablar de ataques armados en el lado keniano de la frontera que se han cobrado muchas vidas. 

La importancia de Dolo es clara cuando observamos que hay pocos centros de salud en un radio de 150 kilómetros en el lado somalí de la frontera. Además de los recién llegados al centro de acogida, en la última década hasta 240.000 refugiados se han asentado en uno de los cinco campamentos de Dolo, donde han recibido atención.

Allí contamos con dos puestos de salud en los campamentos y dirigimos servicios vitales en un centro de salud de la zona. También trabajamos en el centro de recepción de refugiados, donde evaluamos el estado de los recién llegados. Después, las autoridades de Etiopía deciden quién puede quedarse y quién debe volver a Somalia.

Según Chris Eweillar, nuestro director de Operaciones en Dolo, "mientras que muchos de los refugiados se quedarán permanentemente en el campo, cuando la sequía se acabe y haya más seguridad, muchos otros viajarán de nuevo al otro lado de la frontera".

"Muy a menudo, las mujeres atraviesan la frontera con sus hijos mientras que sus maridos se quedan al otro lado y se ocupan de sus hogares. Cuando las cosas mejoren, les harán saber que la familia debe regresar”.

Así, el centro de salud que apoyamos en Dolo es de vital importancia para los refugiados y la comunidad local.  Algunos de los que viajan desde el otro lado de la frontera llegan cansados, desmoralizados y deprimidos. Kadar Muktar Moali, nuestro encargado de salud mental, explica que "tenemos especial cuidado con los niños; pueden sufrir ansiedad severa tanto por la experiencia que han pasado en casa como por llegar a este nuevo entorno".

"En realidad, nuestro equipo en Dolo forma parte de la comunidad", afirma Chris Eweillar. "La mayoría de nuestros trabajadores sanitarios provienen de la región, y no solo son competentes en su campo de medicina, sino que también hablan el idioma local y entienden bien la cultura".

El centro podría verse superpoblado

Sin embargo, muchos están preocupados por el futuro. Con el cierre de Dadaab, el campo de refugiados situado en Kenia que ha acogido a somalíes durante décadas, Dolo puede convertirse en la única alternativa de asilo.

También existe el temor de que las elecciones de este año en Somalia inciten a más violencia, puesto que Al Shabab ha declarado que las detendrá cueste lo que cueste. La ecuación es simple: el aumento de la violencia y la sequía incesante implican que más personas están asumiendo riesgos para abandonar esta situación de inestabilidad.

Por otra parte, las relaciones entre los refugiados y los locales son buenas. A pesar de ser etíopes, la población local tiene también herencia somalí y sigue las mismas tradiciones que los recién llegados. Los ancianos de la comunidad se esfuerzan mucho por mantener los vínculos fuertes. Además, muchos de los locales se dan cuenta de que ellos también se han beneficiado de los servicios gratuitos de salud que, gracias a los refugiados, el Gobierno y las ONGs internacionales han establecido en la zona.