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17.08.2020

Nuestra tripulación trabaja a bordo del Sea Watch 4 para labores de rescate en el Mediterráneo

Barbara, Hannah, Marina, Aniek, Alexandre e Ilina son nuestros seis compañeros del Sea Watch 4, el barco de búsqueda y rescate en el Mediterráneo central. Ellos son los responsables de brindar atención médico-humanitaria de urgencia en el mar y de gestionar el funcionamiento de la clínica del buque. Estas son sus reflexiones a bordo.

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Barbara Deck, coordinadora médica (Canadá)

“MSF brinda cuidados vitales dondequiera que estemos, pero encontrar personas en peligro en el mar es excepcionalmente inmediato y crudo. No solo se trata de sacar a la gente del agua, sino también de cubrir sus necesidades más básicas, a menudo descuidadas en las embarcaciones.

Desde realizar una resucitación cardiopulmonar después de que el agua inunde los pulmones de una persona, hasta tratar los síntomas de una enfermedad crónica desatendida durante mucho tiempo… por esto mismo elegí trabajar para MSF. Para brindar acceso a la salud a las personas más vulnerables. Con dignidad.

En un momento de importante reflexión crítica a nivel mundial, en el que el movimiento Black Lives Matter nos ha desafiado a todos a examinar el racismo dentro de nuestras propias fronteras y comunidades, no podemos separar este debate de aquellos que mueren abandonados en el mar.

No podemos apartar la mirada de nuestra responsabilidad de un mar lleno de tumbas invisibles”.

 

Hannah Wallace Bowman, responsable de Comunicación (Reino Unido)

“Solo hacen falta 60 segundos para que alguien se ahogue. En el caso de un niño, bastante menos.

Esto no es ningún secreto para muchas de las personas rescatadas en el Mediterráneo. Casi sin excepción, conocen los riesgos de intentar cruzar y conocen a otros que han muerto. O han visto a otros ahogarse junto a ellos.

Entonces, ¿por qué? ¿Por qué subirse a un bote con solo la esperanza de un continente a cientos de millas a través del mar, sabiendo lo mortal que es? La respuesta es que, a menudo, desconocen la realidad que les espera.

Incluso tras escuchar innumerables relatos devastadores de travesías por el desierto y en centros de detención y tortura. Puedo intentar imaginarlo, pero no puedo comprender del todo la circunstancia extrema que impulsa a las personas a embarcarse en un viaje en el que la probabilidad de llegar a su destino es inferior al 50%.

La pandemia actual de COVID-19 ha hecho del mundo un lugar más aterrador y desconocido que antes. Quizás ahora, se entienda un poco mejor la amenaza que empuja a alguien a atravesar el Mediterráneo. Quizás ahora, más que antes, la voluntad de hacer casi cualquier cosa para proteger a un niño del peligro no sea un concepto tan lejano. Quizás ahora, más que antes, tengamos en cuenta las vidas que van a bordo de unos pocos milímetros de caucho y que les separa de un mar oscuro”.

 

Marina Kojima, comadrona (Japón)

“Fui por primera vez al mar para labores de búsqueda y rescate en 2016, a bordo del Aquarius. Durante mi sexta misión, ayudé a dar a luz a un bebé. La madre fue rescatada a medianoche y poco después se puso de parto. No hubo posibilidad de evacuarla médicamente y dio a luz a la tarde siguiente. Recuerdo verlos allí, madre y bebé, abrazados mientras el barco navegaba debajo de ellos, y me pregunté: “¿Qué mundo es este, en el que la vida de una persona comienza a bordo de un barco de rescate en medio del Mediterráneo? Para cuando pudimos desembarcarla, habíamos realizado otros seis rescates y teníamos 600 personas a bordo.

Después de mi primera misión, terminé trabajando en Sudán del Sur y Camerún. Conocí a muchas personas que se encontraban en situaciones desesperadas y algunas cuyas familias ya habían huido a Libia. No podría soportar decir nada sobre la realidad de la vida en Libia o lo difícil que es el viaje. Y cuando regresé al Mediterráneo a bordo del Ocean Viking en 2019, volví a recordar la terrible situación que viven en Libia las personas que rescatamos.

Durante los últimos cuatro años, he visto a los gobiernos europeos ser cada vez más reacios a asumir la responsabilidad de las personas vulnerables en esta frontera. Al mismo tiempo, me enorgullece ver la resistencia de mis colegas que han mantenido su compromiso de evitar que las personas se ahoguen en el Mediterráneo central. Es fácil decir: "La gente no debería intentar cruzar a Europa". Pero, según mi experiencia, la mayoría no tiene alternativa.

Debemos estar aquí para minimizar la pérdida de vidas. No creo que debamos dejar que las olas determinen el destino de los seres humanos”.

 

Aniek Crombach, médica (Países Bajos)

“La pandemia de COVID-19 ha exacerbado los desafíos para brindar asistencia humanitaria, creando más incertidumbre y haciendo más difícil llegar a quienes no tienen acceso a la atención médica. También ha hecho que las desigualdades existentes sean más tangibles y ha afectado más a las poblaciones vulnerables.

Al crecer en Europa, en un entorno seguro, tuve muchas oportunidades para viajar y recibir educación. Soy muy consciente de ello, especialmente desde que me convertí en médica. Por lo tanto, una de las principales razones por las que me uní a MSF fue para intentar hacer que la medicina sea más accesible a nivel mundial.

Sé que muchas de las personas que conoceré al intentar este viaje mortal a través del Mediterráneo central lo hacen en gran medida porque es su única opción. Esto fortalece mi propósito y dedicación, incluso a medida que aumentan los obstáculos prácticos y políticos a nuestro trabajo y las barreras para brindar asistencia para salvar vidas en el mar.

Me siento honrada de ser parte de una organización y misión que se compromete a tratar de estar ahí para las personas, cuando más lo necesitan; defender valores importantes en tiempos de incertidumbre.

Estoy lista para rescatar”.

 

Alexandre Allard, enfermero (Canadá)

“Acabo de llegar de República Democrática del Congo, donde he estado trabajando con MSF en el brote de COVID-19 y el Ébola. Tenía un gran equipo de proyecto y mi función era bastante de gerencia. Sin embargo, con esta misión las cosas serán diferentes. Como uno de los cuatro médicos a bordo, tendré que ser muy práctico.

Durante un rescate, estaré en uno de los pequeños botes rápidos que desplegamos desde el Sea Watch para lo que llamamos “el primer acercamiento”. Aquí es cuando llevaré a cabo una selección inicial de las personas en peligro, en busca de aquellos que puedan estar inconscientes o tengan necesidades médicas agudas.

Además de las lesiones por ahogamiento o traumatismos, los signos de deshidratación, agotamiento y exposición al combustible serán algunas de mis principales preocupaciones aquí. También estaré tomando nota de la cantidad de mujeres y niños que hay, estando alerta a los signos de pánico o agitación, que pueden desestabilizar rápidamente la situación.

Por supuesto, nuestro trabajo se complica un poco más por la pandemia actual de COVID-19, que nos estamos tomando muy en serio. Esto significa que una de mis funciones en el barco será la Prevención y el Control de Infecciones (IPC), que incluye asegurarme de que todos usen el Equipo de Protección Personal adecuado y mantener rigurosamente altos estándares de limpieza e higiene.

En general, estoy tratando de prepararme para todos los escenarios, pero no creo que nunca pueda estar completamente listo. Digamos que estoy esperando lo inesperado”.

 

Ilina Angelova, responsable de Asuntos Humanitarios (Bulgaria)

“Cuando salgo a cubierta, sé que, para hacer mi trabajo con eficacia, necesito convertirme en la versión más alerta, más compasiva y más útil de mí misma. Tengo que aprovechar mi experiencia en la protección de los derechos humanos, así como mis habilidades lingüísticas, para crear un vínculo con las personas que rescatamos. 
 
Un aspecto fundamental de mi cometido es identificar a los más vulnerables y asegurarme de que sean remitidos adecuadamente a las organizaciones humanitarias que puedan ayudarlos en tierra. Necesito ganarme su confianza y ganarme el privilegio de escuchar sus historias.

Entonces, si bien el objetivo inmediato de esta misión es salvar las vidas de quienes de otro modo serían abandonados en el mar, brindando asistencia médica y humanitaria a las personas con necesidades críticas, mi trabajo es asegurarme de que las personas rescatadas reciban apoyo y seguridad. Necesitan sentirse capaces de compartir sus viajes y experiencias, sus miedos y triunfos, y permitir que sus vulnerabilidades encuentren una voz. Se trata de un componente crucial de nuestro trabajo a bordo del Sea Watch 4.

Al comprender lo que estas personas atraviesan, podemos defender mejor el nombre de aquellos que han intentado este viaje de vida o muerte a través de la ruta marítima más mortífera del mundo, y hablar sobre las tragedias evitables y las repetidas injusticias que de otro modo podrían haberse hundido en silencio, bajo el mar”.

  • Solo en el mes de junio de 2020, más de 100 personas perdieron la vida en las aguas del Mediterráneo central.
  • Solo en el mes de julio de 2020, se produjeron tantas llegadas a Italia como en los seis meses anteriores.
  • El número total de llegadas a Italia a agosto de 2020 ya ha sobrepasado el total de llegadas de 2019. El número de salidas desde Libia se ha cuadriplicado en los siete primeros meses de 2020 con respecto al mismo periodo de tiempo del año pasado.
     

En MSF somos conscientes de los desafíos que representa la pandemia de COVID-19 a nivel mundial, pero no podemos aceptar que ningún ser humano se ahogue y acabe hundido bajo las olas por culpa de estas políticas negligentes.

Consideramos que las recientes medidas estatales para desalentar o bloquear las actividades que salvan vidas en el Mediterráneo, envueltas en la retórica de la salud pública, son imprudentes y responden a motivaciones de índole política. Y por esa razón, volvemos al mar para tratar de seguir salvando vidas
 
Ningún ser humano debería verse obligado a soportar la tortura y el grado de sufrimiento que hemos visto en los centros de detención de Libia. Sin embargo, al acudir a la Guardia Costera de este país, a pesar de su historial cuestionable, para controlar las fronteras de Europa y negar el rescate a las personas que vienen de África, los estados europeos están enviando un mensaje contundente de que esas vidas no les importan. 
 
Por eso, mientras los estados de la UE sigan permitiendo que las personas se ahoguen como un elemento disuasorio, en MSF seguiremos adelante para intentar rescatarlas.