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10.01.2019

Níger: abandonados a su suerte en el desierto sin comida ni agua

Más de 60.500 personas entraron en Níger durante los primeros 10 meses de 2018. Expulsadas por Argelia o devueltas de Libia, llegan a nuestra clínica en Niamey exhaustas, traumatizadas y a menudo con signos de tortura, abusos o enfermedades relacionadas con las pésimas condiciones de su duro viaje.

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Miles de personas expulsadas de Argelia, devueltas de Libia o que viajan hacia el norte (incluyendo Europa), se encuentran en Níger, un foco migratorio en África. Se enfrentan a obstáculos, exclusión y abusos resultado del sistema de gestión migratoria en la región apoyado por la Unión Europea. Médicos Sin Fronteras les brindamos atención médica en Niamey, un punto ubicado en el cruce entre varias rutas.

Pésimas condiciones durante el trayecto

Todos los días, el equipo de nuestra clínica móvil recorre Wadata, un barrio de la capital de Níger conocido por sus numerosas terminales de autobuses y albergues, concurridos por los migrantes. Aquí proporcionamos tratamiento médico a cualquier persona en tránsito, independientemente de su estatus administrativo o el lugar al que planean ir.

“Las consultas se realizan en la clínica móvil. Los pacientes que requieren un seguimiento médico adicional son derivados a nuestro centro que cuenta con una sala de observación con varias camas. También trabajamos con las instalaciones del Ministerio de Salud, a las que derivamos los casos más urgentes y complejos ", explica Haïg Nigolian, un médico que lleva meses trabajando en este proyecto.

Entre mayo y noviembre de 2018, realizamos unas 4.500 consultas. La mayoría de los pacientes provienen de África occidental, atraviesan el continente. Con más frecuencia, vemos enfermedades causadas por las pésimas condiciones a las que se enfrentan durante su trayecto: dolor generalizado, trastornos gástricos e infecciones respiratorias. Algunos pacientes con signos de tortura reflejan los abusos que han sufrido.

Algunos problemas de salud se deterioran si la atención no es lo suficientemente rápida y pueden causar complicaciones graves y potencialmente mortales.

Esto es lo que le sucedió a Marc. Tras pasar un año en condiciones infernales en Libia, donde fue encarcelado varias veces, el joven de 26 años logró llegar a Agadez. Extremadamente enfermo, decidió tomar el autobús hacia Senegal. Mientras cambiaba de autobús en Niamey, la compañía de transporte se negó a dejarle subir debido a su salud, y contactó con nuestro equipo móvil.

 "Fue puesto en observación en nuestro centro médico mientras le hacíamos algunas pruebas médicas", recuerda Nigolian. “El diagnóstico fue grave: hepatitis B avanzada con cirrosis hepática y cáncer. Hicimos todo lo que pudimos, pero murió unas semanas después”.

Violencia en Libia y Argelia

"Nuestro proyecto está dirigido sobre todo a personas que llegan rotas y exhaustas de Libia o Argelia", explica nuestro coordinador en Níger, Abdoul Aziz O. Mohamed.

Según las encuestas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) realizadas en los cruces fronterizos, más de 60.500 personas ingresaron a Níger durante los primeros 10 meses de 2018.

Algunas cruzaron a Níger desde la cercana aldea de Assamaka. Deportadas por las autoridades argelinas, se les había ordenado cruzar la frontera -a kilómetros de distancia-, y fueron abandonadas a su suerte en el desierto.

"Assamaka a menudo aparece en los relatos de las personas. Lo describen como una experiencia desgarradora y psicológicamente perjudicial.  El ser arrojados al desierto sin comida ni agua, y tener que ver morir a las personas en el camino, los deja traumatizados”, agrega Haïg Nigolian.

Algunos de los deportados de Argelia se detienen en Arlit y Agadez en su camino hacia Niamey para recuperarse y planificar la siguiente etapa de sus viajes. En este punto se reúnen con supervivientes de la pesadilla de Libia, donde aún prosperan la violencia, la extorsión y el secuestro de migrantes subsaharianos que busquen llegar a Europa o trabajar de forma temporal.

Regreso al país de origen

 “Cuando llegan a Niamey, las personas en tránsito tienen dificultades para contar con una atención médica adecuada. Con demasiada frecuencia, hay condiciones impuestas a la asistencia disponible para ellos en Níger. Antes de recibir ayuda, tienen que renunciar a sus planes para migrar, incluso cuando están motivados por situaciones de violencia y peligro, y deben inscribirse voluntariamente en el programa de la OIM para regresar a su país de origen", explica Abdoul Aziz O. Mohamed.

Los campos improvisados están creciendo alrededor de los centros de tránsito de la OIM, ahora sobrepasados por la cantidad de personas listas para regresar. Los migrantes pasan semanas esperando que la OIM les registre como repatriados voluntarios; solo así podrán obtener atención médica por parte de la organización o de sus socios.

Ahora que Europa hace todo lo posible para reducir el número de solicitantes de asilo, refugiados y migrantes que llegan a sus costas por mar, los programas de repatriación están en auge: más de 10.000 personas salieron de Níger durante la primera mitad de 2018. Incluso cuando esto implica ignorar el requisito de la protección internacional y el tratamiento del abuso infligido a las personas durante sus viajes que, debido al cierre de las fronteras y la criminalización de los migrantes que intentan cruzarlos, son cada vez más largos y complejos.

Estamos presentes en Níger desde 1985. En colaboración con las autoridades sanitarias, atendemos enfermedades pediátricas y desnutrición, y brindamos servicios de salud reproductiva. Desde finales de 2014, también apoyamos a los desplazados, refugiados y población local, víctimas del conflicto en la región de Diffa. Nuestros equipos también ayudan con una respuesta rápida durante las epidemias y ayudan a las autoridades sanitarias con la vigilancia epidemiológica.