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12.01.2017

Nigeria: “Estamos hambrientos la mayor parte del tiempo”

En la ciudad de Maiduguri, al noreste del país, cientos de familias se van a dormir cada día con el estómago vacío. Desde hace dos años, viven allí huyendo de la violencia y esperando regresar a sus hogares. “Nos gustaría que la gente fuese consciente de las dificultades a las que nos enfrentamos”, aseguran.

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La situación en Maiduguri, al noroeste de Nigeria, es realmente mala. A pesar de que proporcionamos ayuda alimentaria a las familias de la zona, reciben escaso o ningún apoyo de otras organizaciones. Muchas de ellas viven en la zona de Muna, en las afueras de la ciudad, donde hay ocho campos improvisados con poblaciones de 500 a 6.000 personas.

En concreto, dos de los asentamientos que ahora se benefician de nuestra distribución de alimentos son los campos de Muna Primary y Muna Gulumba, ambos con una población de alrededor de 500 personas.

Las personas que viven en Muna Primary reciben ayuda en forma de dinero en efectivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Aparte de lo dispuesto por MSF, Muna Gulumba no recibe ningún tipo de apoyo por parte del gobierno u otras organizaciones no gubernamentales. El pasado mes de noviembre, empezamos a distribuir alimentos en estos campos.

Hasta ahora, cada familia ha recibido 25 kg de mijo, 5 kg de frijoles y 5 litros de aceite de palma –suficiente para un período de dos semanas–, así como ocho pastillas de jabón. 

Familia 1: "Con suerte, comemos una vez al día"

"Nos fuimos de nuestra casa en Abadan hace dos años, solo con la ropa puesta. Hacia las cinco de la tarde, unos hombres armados entraron en nuestra ciudad y comenzaron a disparar. Todo el mundo entró en pánico. Teníamos tanto miedo que no tuvimos tiempo de coger nada. Lo dejamos todo, incluso los productos que habíamos cultivado.

Vivíamos cerca de la frontera con Níger, así que cruzamos hacia Níger y nos quedamos allí una semana. Después, nos gastamos el poco dinero que teníamos en llegar a Maiduguri. Algunas personas nos ayudaron dándonos comida. No podíamos permitirnos que mi marido viniera con nosotros, así que él todavía está en Níger. No puedo hablar con él muy a menudo, pero por lo menos sé que está bien.

De vez en cuando conseguimos comida, pero no regularmente. Con suerte, podemos llegar a comer una vez al día, pero a veces no tenemos más remedio que irnos a dormir con hambre. El único trabajo que podemos encontrar es en las granjas de la gente, pero no siempre es posible. A veces tenemos que pedir comida en la ciudad.

Afortunadamente, ninguno de mis hijos ha estado muy enfermo desde que llegamos. Nuestro mayor problema es que no tenemos suficiente comida.

Por suerte, el dueño de esta dependencia nos permite vivir aquí gratis. En total, somos nueve personas durmiendo aquí cada noche; cinco de mis hijos y tres de mis nietos. No tenemos ningún colchón, de modo que dormimos en una estera en el suelo. No es muy cómodo. No se puede comparar con la casa que teníamos antes. Teníamos una granja y podíamos cuidar de nosotros mismos. Es muy difícil para nosotros vivir en estas condiciones.

Me gustaría ir a casa, pero solo en condiciones de paz. Sabremos que es seguro cuando otras personas empiecen a volver. Oímos de personas que viven cerca que Abadan todavía está desierta. He oído que parte de mi casa se ha derrumbado, pero no sé qué queda de ella. Muchas de las casas de nuestros vecinos se han incendiado.

Nos gustaría que los niños pudieran ir a la escuela, pero no nos podemos permitir los uniformes ni la matrícula. Tal vez el año que viene podamos ahorrar algo de dinero para enviarlos a la escuela, pero mi mayor esperanza solo es disponer de alimentos con regularidad. Estamos hambrientos la mayor parte del tiempo".

Familia 2: niños enfermos y asustados

"Nos fuimos del pueblo de Bama hace un año. Nuestra vida era cómoda, teníamos todo lo que queríamos. En casa, podíamos cultivar, pero aquí no tenemos acceso a ningún terreno.

Dejamos nuestro pueblo a causa de un ataque. Nos fuimos por la noche, con tanta prisa que no nos llevamos nada con nosotros, aparte de nuestros hijos.

Caminamos cuatro días para llegar a Maiduguri. Sabíamos que hombres armados patrullaban la zona, por lo que teníamos que escondernos cada vez que oíamos una moto o un coche. Nos quedábamos escondidos hasta que no oíamos ningún otro sonido de vehículos.

Fue muy difícil para los niños. Dos de ellos enfermaron y aún no se han recuperado. Tienen fiebre, tos y sufren estrés, pero ahora estamos aquí y nos las arreglamos con lo que tenemos.

Muchos días comíamos solo una vez y teníamos que ir a dormir con el estómago vacío. Solo hemos recibido comida dos veces, gracias a MSF; de lo contrario, dependemos de nuestros familiares que viven en Maiduguri. Ellos nos dan comida, no porque tengan mucha, sino porque tienen sentimientos.

Durante el día, si tenemos algo que comer, nos ponemos a cocinar, pero si no tenemos qué cocinar, no tenemos nada que hacer. Simplemente nos quedamos aquí en el campo. Si queremos algo para nuestros hijos, no podemos dárselo. No podemos pagar una escuela, no hay ningún parque infantil. Los niños están con nosotros todo el tiempo.

Es muy difícil dormir por la noche. Nueve de nosotros dormimos en este refugio y no hay mucho espacio. Algunos de nosotros dormimos a la intemperie.

Nos gustaría tener alguna manta, abrigos, comida y poder volver a nuestra comunidad. Nos gustaría que la gente fuese consciente de las dificultades a las que nos enfrentamos. Aquí, la vida es difícil para nosotros. No tenemos agua, alimentos ni detergente para lavar la ropa de nuestros hijos. En casa podían ir a la escuela, tenían un patio de recreo.

Sabemos que nuestra casa se ha quemado, como la mayoría de los hogares de nuestro pueblo, pero todavía queremos volver cuando haya paz".

Familia 3: dejaron atrás a dos de sus hijos

"Era un lunes por la mañana cuando nuestro pueblo en Gambaru, Ngala, fue atacado. Llegaron y comenzaron a disparar por todas partes. Nos despertamos con el ruido de los disparos.

Nos escondimos en nuestras casas. Por la noche, cuando todo estaba tranquilo y las personas armadas estaban durmiendo, huimos. No logré encontrar a dos de mis hijos, así que tuvimos que irnos sin ellos. Teníamos tanto miedo... Creíamos que las personas con armas nos atacarían.

Caminamos durante cuatro días para llegar a Maiduguri. Creíamos que no íbamos a llegar aquí con vida. Cuando me encontré con uno de mis hijos en el camino, fui tan feliz... Pensé que nunca volvería a verlo.

Durante el viaje paramos en pequeños pueblos para pedir comida a la gente. Estaban haciendo las maletas para irse, pero aun así nos dieron algo de comer. Nos llevamos una pequeña caldera y la llenamos cada vez que pasábamos por alguna fuente de agua. Dormíamos al lado de la carretera o debajo de un árbol. Formábamos un grupo de aproximadamente 20 personas caminando juntas, y había incluso más gente detrás de nosotros.

Hace dos años que estamos aquí. Nuestro principal problema es la comida y cómo conseguirla. Por lo general, comemos una vez al día, pero a veces damos la comida que tenemos a los niños y pasamos hambre. Solo ha habido una distribución de alimentos desde que llegamos.

Es difícil mantenernos sanos. Mi nieto ha estado enfermo durante las últimas dos semanas. Esta es la cuarta vez que enferma desde que llegamos. Tiene fiebre y su temperatura aumenta. A veces no puede comer. Yo tengo tos, y cuando empiezo a toser, no puedo parar durante un par de minutos.

No es fácil dormir aquí. Tenemos miedo de que ataquen el campo y hace mucho frío por la noche. Si hay paz nos gustaría volver a casa. Sabemos que nos han robado todo lo que teníamos en casa, pero esperamos que por lo menos el edificio todavía esté allí".