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29.04.2020

Nuestra carrera contra la pandemia de COVID-19 es global

Estamos trabajando a contra reloj para responder a la pandemia del COVID-19 en más de 70 países. Implementamos programas específicos y abrimos nuevos proyectos a medidas en distintos contextos a medida que se convierten en nuevos focos de la enfermedad.

Unidos Sin Fronteras
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Desde que comenzara la pandemia de COVID-19, nuestra respuesta se centra en tres principales ejes: apoyar a las autoridades sanitarias para ofrecer atención a los pacientes con COVID-19, proteger a las personas vulnerables y en riesgo, y mantener en funcionamiento los servicios médicos esenciales.

En todos nuestros proyectos, hemos mejorado las medidas de prevención y de control de infecciones para proteger a los pacientes y al personal, y así evitar una mayor propagación del coronavirus. Es imprescindible proteger al personal sanitario y a los pacientes, tanto en los centros de atención de COVID-19 como en todos los demás centros que prestan servicios médicos esenciales. El objetivo, evitar que los centros de salud intensifiquen la pandemia o se vean obligados a cerrar sus puertas.

En todo el mundo, los sistemas de salud necesitan urgentemente equipos de protección individual (EPI):su escasez global refleja la realidad de los trabajadores de la salud en la mayoría de los países donde trabajamos. Demasiado a menudo, se enfrentan a la escasez de artículos básicos como mascarillas y batas, y de herramientas médicas, como los tests. El acceso a equipos de protección, a los test de COVID-19, al oxígeno y a los medicamentos para cuidados de apoyo es cada vez más urgente con la propagación del COVID-19 a países con un acceso limitado a estos suministros.

Intervención de COVID-19 en Sudán del Sur

 

Atendemos a los pacientes con COVID-19

En Europa y Estados Unidos -actualmente los epicentros de la pandemia-, nuestra respuesta se centra en mejorar la atención de las personas más vulnerables y en riesgo, como las personas mayores que están en residencias para ancianos, las personas sin hogar, y los migrantes que viven en circunstancias precarias. En su caso, las tasas de mortalidad han llegado a alcanzar niveles alarmantes.

“En nuestras visitas a las residencias para ancianos, siempre observamos la falta de equipos de protección básica y la falta de pruebas de detección para los trabajadores de primera línea y los residentes potencialmente infectados”, señala Caroline De Cramer, asesora médica de nuestros programas en Bélgica. “Es importante hacer los tests a quienes viven en residencias para ancianos lo antes posible; son extremadamente vulnerables, su riesgo se duplica debido a su edad y a las condiciones de vida comunitaria”.

Nuestros equipos también están atendiendo a comunidades vulnerables en otros lugares, como São Paulo, en Brasil, donde hacemos consultas médicas y ayudamos a detectar personas con COVID-19 entre personas sin hogar, migrantes, refugiados, personas que consumen drogas y personas mayores, y derivan a los pacientes más graves a los hospitales.

En España, Italia, Bélgica y Francia (países que son actualmente focos de la pandemia), también estamos brindado apoyo a varios hospitales que se han visto desbordados por el número de pacientes con COVID-19. Según las necesidades específicas, nuestro apoyo abarca desde el asesoramiento y la capacitación sobre métodos de prevención y control de infecciones hasta la creación de pabellones para pacientes que se recuperan del COVID-19 y para pacientes con síntomas moderados de la enfermedad.

También estamos atendiendo a pacientes en centros exclusivos de COVID-19 en Burkina Faso, República Democrática del Congo (RDC), Camerún, Costa de Marfil, Mali y Pakistán, y estamos preparando centros exclusivos de COVID-19 en Kenia, Líbano, Níger, Filipinas, Senegal, Siria y Yemen, entre otros. En estos centros, se atenderá a los pacientes con formas moderadas a graves de COVID-19, incluidos aquellos que sufren problemas respiratorios agudos.

Distribución de kits de higiene en Abu Dali, Siria.

Además, estamos enviando una unidad de producción de oxígeno a Burkina Faso, que podrá producir oxígeno en grandes cantidades para varias docenas de pacientes al mismo tiempo. Los pacientes con síntomas graves de COVID-19 a menudo sufren de hipoxia (bajos niveles de oxígeno en el tejido corporal) y necesitan oxígeno extra. Cuando hay poca capacidad de cuidados intensivos, el principal desafío es darles suficiente oxígeno a los pacientes sin usar técnicas invasivas.

“El hospital Point G tiene una unidad de producción de oxígeno”, explica la doctora Idrissa Ouédraogo, nuestra coordinadora médica en Mali. “Estamos trabajando con la dirección del hospital para mejorar el flujo de oxígeno desde la unidad de producción e instalar un sistema de suministro montado en la pared para que, en el nuevo edificio, el oxígeno pueda entregarse directamente en la cama del paciente”, añade.

En la mayoría de los países donde tenemos programas, como Colombia, Irak y Nigeria, hemos abierto pabellones exclusivos dentro de los centros de salud para ayudar a separar a los pacientes con COVID-19 de los que no tienen COVID-19 y para ampliar la capacidad de atención de los hospitales.

Actividades COVID-19 en Tamaulipas, México

 “El objetivo inicial de nuestra respuesta es ayudar a los hospitales a administrar a los pacientes con casos sospechosos o confirmados de COVID-19 para garantizar que sean bienvenidos y tratados lo mejor posible dadas las circunstancias, y para evitar que sigan propagando el virus a los pacientes o al personal”, cuenta Shaukat Muttaqi, nuestro coordinador general en Irak, donde ayudamos a hospitales de Mosul, Bagdad y Erbil.

Campo de refugiados de Nduta, Tanzania

Unas actividades que estamos implementando en todo el mundo. En la capital de Haití, Puerto Príncipe, hemos reconfigurado un centro de atención de emergencia existente para aislar y derivar a pacientes sospechosos de COVID-19. En el campamento de refugiados de Nduta, en Tanzania, en el que somos el principal proveedor de salud para 73.000 refugiados burundianos, estamos construyendo áreas de triaje y de aislamiento en clínicas de salud y en nuestro principal hospital, donde se derivará a los pacientes sospechosos de COVID-19. En Bangladesh, donde casi un millón de refugiados rohingya vive en campamentos en expansión en todo el distrito de Cox's Bazar, hemos construido pabellones exclusivos de COVID-19 y salas de aislamiento en nuestros hospitales de campaña en diferentes lugares. La obra en curso tendrá una capacidad de 300 camas.

 

Aprender a protegerse a sí mismas para reducir la transmisión

En todo el mundo, la respuesta al COVID-19 se ha basado en gran medida en el confinamiento a gran escala de la población y en las medidas de distanciamiento físico, con el objetivo de reducir la transmisión y evitar que los sistemas de salud se vean desbordados. Sin embargo, el aislamiento y el confinamiento no son razonables ni posibles para las personas que dependen de las actividades diarias para sobrevivir, como los jornaleros, y para las que viven en entornos precarios o superpoblados. En algunos lugares, cientos de miles e incluso millones de personas viven en tales condiciones, sin ninguna red de seguridad social. Es esencial darles los medios y las herramientas que necesitan para poder protegerse a sí mismas y ayudar a proteger a los demás.

“La mayoría de las recomendaciones para proteger a las personas del virus y frenar su propagación simplemente no se pueden implementar en Idlib”, asegura Cristian Reynders, nuestro coordinador de operaciones en el noroeste de Siria. “¿Cómo se le pide a la gente que se quede en casa para evitar infecciones? ¿Dónde está su casa? Estamos hablando de casi un millón de personas desplazadas (al menos un tercio de la población total de Idlib), y la mayoría vive en tiendas de campaña en campamentos. Ya no tienen casas”, lamenta.

Para ayudar a las personas a protegerse, estamos llevando a cabo actividades de promoción de la salud en casi todos nuestros proyectos, con el fin de que las personas entiendan las medidas que pueden tomar para reducir las posibilidades de contraer COVID-19 y para detener la propagación del coronavirus. Siempre que sea posible, distribuimos jabón y establecemos fuentes de abastecimiento de agua para que la gente pueda lavarse las manos regularmente. Estas medidas, junto con asistencia adicional, como el suministro de mascarillas de tela reutilizables, son aún más importantes para las personas que tienen riesgo de sufrir complicaciones graves, incluidas las personas mayores y aquellas con otras enfermedades, como diabetes, hipertensión, cáncer, VIH o tuberculosis (TB).

Por ejemplo, en Uzbekistán, nuestras actividades de promoción de la salud incluyen mensajes especialmente adaptados sobre TB y COVID-19 para los pacientes con TB y sus familias. En Sudáfrica, hemos reasignado al personal existente de nuestros cuatro proyectos para dar respuesta al COVID-19. Actualmente, estamos trabajando para limitar la propagación de la infección mediante la localización de contactos (tanto en persona como por teléfono) y la creación y difusión de material de promoción de salud. Los equipos también están ayudando a los solicitantes de asilo vulnerables y a las personas mayores sin hogar, especialmente en los sitios de contención, donde las autoridades han obligado trasladar a las personas sin hogar para mitigar el impacto del confinamiento nacional de 21 días.

En Liberia, estamos distribuyendo jabón, y estableciendo fuentes de abastecimiento de agua para lavarse las manos y agua potable en la capital de Mali (Bamako), donde ya hay casos confirmados, y en los campos de refugiados desde Siria hasta México y desde Nigeria hasta Grecia.

Campaña de promoción de higiene en Logan Town, Monrovia, Liberia.

En Burkina Faso, Costa de Marfil, Mali, Níger y Sudáfrica, hemos comenzado a producir mascarillas de tela para su uso en la comunidad. Las mascarillas de tela se pueden fabricar localmente y, aunque no son las mismas que las que necesita el personal médico, pueden ayudar a prevenir la transmisión del virus si se usan adecuadamente y siempre y cuando se cumpla con otras medidas como el lavado de manos y el distanciamiento físico en la medida de lo posible, según las circunstancias locales.

Mantenemos los servicios esenciales

Ante la repentina necesidad de tratar a un gran número de nuevos pacientes, los países con sistemas de salud frágiles, que tienen menos personal sanitario y una infraestructura más débil, pueden colapsar rápidamente bajo esta presión y el impacto puede ser desastroso. Si se desestabiliza la atención médica, las enfermedades infantiles comunes más mortíferas, como el sarampión, la malaria y la diarrea, no recibirían tratamiento. Tampoco se prestarían otros servicios esenciales que ofrecemos, como la atención en salud sexual y reproductiva, los servicios de emergencias, las salas de maternidad y de cirugía, y el tratamiento de pacientes con VIH o TB. Esto tendría un impacto terrible en las personas a las que atendemos y, seguramente, aumentaría el número de muertes en la comunidad.

En los cientos de centros de salud de todo el mundo en los trabajamos, nuestros equipos han implementado medidas de control de infecciones y han reorganizado los servicios para prevenir la transmisión. Por ejemplo, se han modificado las consultas para mantener distancias seguras entre los pacientes y se han rediseñado los pabellones de hospitalización para que haya suficiente espacio entre cada cama.

Los centros de salud ahora tienen distintas vías para separar a aquellos que se sospecha que tienen COVID-19 del resto de los pacientes. En Níger, en lugar de que un gran número de personas visite los centros de salud para que les hagan las pruebas de detección de la malaria, nuestros trabajadores de salud comunitarios van a las comunidades para ayudar a prestar este servicio.

En Kenia, hemos adaptado la forma de atender a las personas con VIH mediante la administración de medicamentos antirretrovirales a los pacientes en lotes de tres meses, para que puedan acudir a los centros de salud con menos frecuencia. En Sudáfrica, nuestros equipos se están asegurando de que los pacientes con VIH o TB reciban el resurtido de medicamentos directamente en sus casas.

En todo el mundo, desde Camerún y República Democrática del Congo (RDC) hasta El Salvador, Nigeria, Sudán o Yemen, estamos capacitando y apoyando a las autoridades sanitarias locales en relación con los métodos de prevención y control de infecciones, y con la detección y triaje de pacientes con COVID-19 para evitar que los centros de salud se conviertan en intensificadores de la pandemia.

“Continuar con nuestras actividades médicas en áreas que ya enfrentan necesidades de salud masivas es una prioridad absoluta para MSF”, explica Albert Viñas, nuestro coordinador de emergencias para Camerún. El brote de COVID-19 en Camerún plantea un desafío adicional para un país marcado por la violencia, que ha desplazado a cientos de miles de personas. “Las actividades relacionadas con el COVID-19 requieren recursos, personal y materiales adicionales en una situación en la que el traslado internacional de personas y de bienes se ha vuelto muy, muy difícil. Nuestros equipos están trabajando las 24 horas del día para mantener nuestras actividades regulares que salvan vidas, mientras se responde a este nuevo brote”.

Lamentablemente, varios proyectos se han suspendido como resultado de las nuevas restricciones relacionadas con el COVID-19, como nuestro programa de cirugía pediátrica en Liberia, que recibía a algunos de los casos más graves de niños que necesitaban cirugía. El proyecto se suspendió debido a las restricciones de viaje impuestas para limitar la propagación de la COVID-19, lo que impidió que se reemplazara al cirujano pediátrico que se fue a finales de marzo.

También hemos suspendido actividades que no son vitales, como cirugías optativas, y hemos reorganizado otras para reducir los riesgos para los pacientes y el personal. Por ejemplo, en Pakistán hemos suspendido nuestros servicios de tratamiento para la leishmaniasis dérmica como medida temporal para evitar la propagación del COVID-19. En Jordania, nuestro hospital de cirugía reconstructiva para heridos de guerra en Oriente Próximo continúa atendiendo a los 170 pacientes que ya había hospitalizados, pero ha suspendido temporalmente las admisiones para cirugía.

A pesar de estas limitaciones, nuestros equipos en todos los países con operaciones se esfuerzan por buscar las formas de mantener lo más posible nuestras actividades médicas que salvan vidas, mientras se adaptan a los múltiples y graves desafíos que presenta la pandemia de COVID-19.