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05.03.2021

Resiliencia en tiempos de la COVID-19

Ante una pandemia abrumadora, la gente no reacciona de la misma forma. Fallan mecanismos de afrontamiento, no hay capacidad de adaptación al cambio y la resiliencia brilla por su ausencia. Una de las grandes lecciones del mundo humanitario es precisamente el desarrollo de estas habilidades.

Proyecto MSF en México
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México, 2020.
Por Amanda R. Hermosa, coordinadora de Recursos Humanos en la misión de MSF OCBA en México.

“2020 pasará tristemente a la historia como uno de los años más convulsos que la humanidad ha enfrentado. El grado de afectación ha sido grande a todos los niveles y se han puesto en jaque hasta los cimientos más básicos de nuestra estructura social.

Se ha podido evidenciar cómo las sociedades más acomodadas enfrentaban dilemas y problemáticas que en otras partes del mundo se viven a diario. La epidemia nos equiparaba a todos. Por primera vez en su vida, muchos se sintieron vulnerables y, de la noche a la mañana, tuvieron que lidiar con una incertidumbre a la que no estaban acostumbrados.

Hemos visto cómo desde los países privilegiados perdían el horizonte. La normalidad como la conocían desaparecía. La situación se perpetuaba en el tiempo. Y todo esto lo tienen que enfrentar desde la distancia social, la falta de redes habituales de apoyo y un sistema sanitario que, aunque se estimaba fuerte, se colapsa y no puede dar respuesta a todo. 

Ante este escenario abrumador, la gente no reacciona igual forma. Fallan los mecanismos de afrontamiento que nunca se desarrollaron. No hay capacidad de adaptación al cambio y la resiliencia brilla por su ausencia

Una de las grandes lecciones del mundo humanitario (MSF) es precisamente el desarrollo de estas habilidades. Muy probablemente el trabajar en zonas difíciles, hostiles, nos brinda la oportunidad única de aprender de las comunidades a las que asistimos.

La importancia de saber cómo comportarse con el entorno, seguir utilizando las capacidades intelectuales frente a la adversidad, adaptarse rápidamente en un contexto volátil, vivir cómodo con la incertidumbre y mantener la cohesión del grupo son parte de la resiliencia vital y necesaria para afrontar estas grandes crisis.

Debemos mucho a cada uno de nuestros beneficiarios. Gracias por enseñarnos a redimensionar el drama, a vivir con otras realidades, a salir fortalecidos de situaciones adversas, pero sobre todo, gracias por enseñarnos a reorientarnos cada vez que la situación lo requiere para no perder el norte”.