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15.11.2016

Alepo: nueva vuelta de tuerca a la desesperación

El asedio y el bombardeo de la zona este de la ciudad siria están agravando una crisis sanitaria ya de por sí desesperada, advierte Pablo Marco, nuestro responsable de operaciones para Oriente Próximo.

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Mientras el mundo se queda de brazos cruzados, una tragedia humana está sucediendo en Alepo. Meses de asedio y el bombardeo indiscriminado por parte del Gobierno sirio y sus aliados han dejado a la población del este de Alepo en una situación desesperada y con un sistema sanitario maltrecho.

No hay escapatoria para las 250.000 personas que allí viven. Mientras tanto, no hay manera de introducir alimentos y suministros médicos. Desde 2014, en MSF hemos estado proporcionando suministros médicos, medicamentos y botiquines quirúrgicos a ocho hospitales del este de Alepo, enviando camiones al interior de la ciudad cada tres meses.

La última vez que nuestros equipos consiguieron entrar fue en agosto, durante un breve período en el que la oposición rompió el asedio.

Mientras tanto, los ocho hospitales han sido bombardeados, uno de ellos hasta seis veces. En total han sido golpeados 27 veces, obligando en ocasiones a detener todas las actividades del personal, que está haciendo todo lo posible para seguir adelante.

Pero están sobrepasados: se cree que no quedan más de 32 médicos que trabajan sin descanso para ofrecer su asistencia. En el último periodo, marcado por los intensos ataques aéreos, entre el 22 de septiembre y el 19 de octubre, resultaron heridas más de 2.100 personas, entre ellas 436 niños. Los pacientes mueren porque no hay suficientes médicos ni quirófanos.

A menudo los heridos no logran llegar a un hospital a tiempo. Al menos seis ambulancias han sido atacadas, algunas de ellas han quedado totalmente destruidas, y las piezas de repuesto no llegan. Los suministros médicos, el combustible para los generadores, el agua potable y casi todos los productos básicos escasean.

Las consecuencias médicas de vivir en este ambiente son alarmantes. Los médicos a los que apoyamos están preocupados por un posible aumento de la desnutrición en los niños pequeños y de las enfermedades transmitidas por el agua.

Algunas madres están demasiado débiles para amamantar y la falta de leche de fórmula y otros elementos básicos está provocando muertes que podrían evitarse. Las vacunaciones rutinarias están paralizadas. Todo ello constituye una gran amenaza para los colectivos más vulnerables, como los niños, las mujeres embarazadas y los pacientes con enfermedades crónicas.

Deben acabar con los ataques aéreos indiscriminados sobre zonas civiles, respetarse a los pacientes y los servicios médicos y terminar con este asedio que paraliza la ciudad.

Las personas gravemente heridas o enfermas tienen que ser trasladadas a zonas seguras para que puedan recibir tratamiento. Se debe facilitar el acceso a los suministros médicos y a la ayuda humanitaria y proporcionar un respiro a una ciudad que cada día, a cada hora y cada minuto se desmorona más.