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21.04.2017

“La guerra en Yemen se está cobrando un precio altísimo en la población civil”

Dos años después de que se produjera una escalada en el conflicto, las necesidades médicas y humanitarias en el país árabe son ahora enormes y las organizaciones humanitarias tienen muchos problemas para hacer llegar su asistencia.

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Candelaria Lanusse (Buenos Aires, 1977) es enfermera de profesión y especialista médica en los proyectos que tenemos en la gobernación de Hajja y en la capital, Saná, ambos al norte del país. Acaba de regresar de una visita a la zona. 

¿Cómo está afectando a la población el conflicto que Yemen arrastra?

La escalada del conflicto en el país está golpeando muchísimo a la población. Los datos hablan por sí solos. Más de 18 millones de personas necesitan urgentemente ayuda humanitaria, unos tres millones están desplazados y decenas de miles han muerto o están heridas, según Naciones Unidas. La población civil está pagando un precio muy alto. La guerra también está teniendo otros efectos: miedo, escasa disponibilidad de alimentos, encarecimiento del combustible... Impresiona mucho que gran parte de la población –quizás porque llevan años inmersos en un contexto de violencia- ha normalizado la asistencia psicosocial. Saben que la necesitan y no tienen problemas en solicitarla. Muchas personas se han desplazado más de una vez y han tenido que dejar todo detrás. Son pocos los que no tienen víctimas entre sus seres queridos.

¿Cuáles son los principales problemas y necesidades médico-humanitarias?

Sin duda, hay muchas necesidades sin cubrir. La escasa seguridad por los combates y bombardeos dificulta la provisión de asistencia, y la falta de acceso, por restricciones o retrasos en permisos a algunos actores humanitarios, también es un inconveniente. La gente depende totalmente de la ayuda, la actividad económica se ha reducido mucho. Otro asunto muy preocupante es que están apareciendo con mayor frecuencia casos de infecciones prevenibles como la tos ferina. Esto refleja el colapso de un sistema sanitario, que hace que la cobertura de vacunación esté muy por debajo de los estándares. Los factores combinados de los combates, de las restricciones a las importaciones y del impago de sueldos a funcionarios públicos en el norte están teniendo un efecto grave sobre el acceso a alimentos. Además, falta poder acceder a tratamientos de tipo nutricional y las distribuciones de comida que hay son irregulares y erráticas.

La desnutrición en Yemen está en boca de muchos actores humanitarios... ¿Cómo ves esta situación?

La ONU ofrece cifras contundentes: 1,1 millones de mujeres lactantes están desnutridas y 462.000 niños menores de 5 años sufren desnutrición aguda severa. Para Médicos Sin Fronteras (MSF), resulta difícil hacer un análisis concluyente. Por un lado, el deterioro de la situación es evidente: hay gente desplazada, han perdido su sustento de vida como cultivos o animales… Por otro, a nuestros hospitales solo llegan los casos más severos de desnutrición y no hacemos tratamientos ambulatorios, por lo que no tenemos el cuadro completo. En el hospital de Abs (gobernación de Hajja), los equipos están sorprendidos de que el centro nutricional no esté al límite de su capacidad. Puede que se deba a que no referimos casos desde zonas más remotas. En 2016, nuestros proyectos han tratado a 4.485 niños con cuadros de desnutrición aguda y los han admitido en programas de alimentación terapéutica. Muchos casos que recibimos en el hospital son niños menores de 6 meses; tiene que ver con la falta de alimentos pero también al trauma que hace que muchas mujeres tengan menos capacidad para amamantar.

El conflicto también ha afectado a las organizaciones que prestan ayuda. ¿De qué manera? ¿Tiene la gente miedo de ir a los hospitales por el riesgo de ataques?

Los ataques y combates han destruido decenas de centros de salud. Los bombardeos y proyectiles alcanzaron cuatro de nuestros hospitales, lo que obligó a la evacuación temporal de nuestro personal y a la disrupción del servicio. Pero no solo los hospitales han sido atacados, también muchas otras infraestructuras civiles como mercados o congregaciones sociales. Pese a todo, la gente normaliza la violencia y, si puede, sigue acudiendo a recibir atención médica, siempre en función de la frecuencia de bombardeos en la zona donde se encuentra. Muchos otros centros de salud no funcionan porque el personal ha huido a lugares más seguros. Más allá de la funcionalidad del sistema sanitario, hacer llevar suministros al país es complicado. En general, no lo logramos por través de vía marítima y la aérea es muy cara. Además, el país carece de material, lo que obliga a importar mucho más o a pagar precios más caros.

¿Qué actividades hacemos en la capital y en el norte del país?

En Saná hacemos donaciones para la atención del flujo masivo de víctimas de guerra, y ofrecemos formación y apoyo a hospitales. También apoyamos el programa nacional de sida/VIH en Saná y otras gobernaciones, y hemos garantizado que, a pesar del conflicto, más del 95% de los pacientes tenga acceso ininterrumpido al tratamiento. Además, ahora también apoyamos una unidad de quemados en uno de los principales hospitales especializados. Como muchos otros servicios, es un área afectada. Allí llegan dos tipos de pacientes: heridos de guerra y gente que sufre quemaduras de todo tipo en sus casas. En los hospitales donde trabajamos en las localidades de Abs y Hajja, en la gobernación septentrional de Hajja, ofrecemos una asistencia muy variada. Tratamos a muchos heridos de guerra, lo que incluye un gran número de cirugías ortopédicas, pero también asistimos en diferentes ámbitos a la población víctima de los efectos indirectos del conflicto. En Abs, sin ir más lejos, hay de todo: desplazados que viven en campos o con sus familias entre la población. Este hospital rural, con un fuerte componente de maternidad, pediátrico y neonatal, se ha convertido en una referencia al ser el único centro médico en muchos kilómetros a la redonda. Tenemos clínicas móviles que se centran en un trabajo más preventivo y agentes comunitarios de salud desplegados en la zona para detectar emergencias o, por ejemplo, casos de malaria.

 

En Yemen, trabajamos en las gobernaciones de Ibb, Taiz, Saada, Hajja, Amran, Adén, Ad Dali y Saná.  Desde la escalada del conflicto en marzo de 2015 y hasta diciembre de 2016, hemos tratado a más de 56.000 heridos de guerra y llevado a cabo cerca de 29.000 cirugías. Más de 23.400 bebés han nacido en partos asistidos por nuestros equipos.