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Yemen

Aunque la pandemia de COVID-19 afectó duramente a Yemen en 2020, fue solo una de las muchas crisis que afectaron al país, que seguía en guerra después de cinco años.

Mapa de proyectos MSF Yemen
250.300 
consultas externas
84.600 
hospitalizaciones
23.400 
partos asistidos
26.600 
cirugías
1.950 
hospitalizaciones por COVID-19
1.410 
personas con cólera tratadas
160 
personas con sarampión tratadas
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El conflicto en Yemen no mostró señales de haberse calmado, a pesar de la propagación desenfrenada de la COVID-19. Muchas más personas se quedaron sin atención médica, ya que la pandemia hizo colapsar las pocas áreas que aún funcionaban en la ya casi paralizada sanidad.

Las restricciones impuestas por las autoridades locales al trabajo de las organizaciones de ayuda complicaron nuestro trabajo, y los ataques a los centros médicos y al personal continuaron. Muchas personas murieron o resultaron heridas en bombardeos, ataques aéreos o tiroteos.

A pesar de estos retos, Médicos Sin Fronteras siguió gestionando doce hospitales y centros médicos y dando apoyo a trece instalaciones médicas más en otras tantas gobernaciones del país.

 

COVID-19

El potencial de la COVID-19 para devastar Yemen fue evidente desde el principio: un país fragmentado por los combates, con un sistema de salud colapsado y una población demasiado pobre como para permitirse dejar de trabajar y quedarse en casa. También hubo una renuencia generalizada a creer que el virus fuera real o que representara una amenaza para Yemen.

Inmediatamente comenzamos a trabajar con las autoridades sanitarias. Dimos apoyo a los hospitales Al Amal de Adén y Al Kuwait de Saná, los principales centros de tratamiento en las dos ciudades más grandes del país. También abrimos centros de tratamiento más pequeños en Ibb, Haidan y Jamir, y ayudamos con el triaje en Abs y Hajja. En mayo, asumimos la dirección del Hospital Al Amal y en junio abrimos centros de tratamiento en el Al Gamhuria de Adén y en el Jeque Zayed de Saná. También implementamos medidas de prevención en todos nuestros proyectos habituales, para que pudieran seguir ofreciendo asistencia sanitaria básica.

El primer caso de COVID-19 se confirmó oficialmente en Yemen el 10 de abril, aunque antes habían circulado rumores de casos. Las pruebas siguieron siendo escasísimas en todo el país y las autoridades sanitarias de las zonas controladas por Ansar Allah decidieron no divulgar las estadísticas.

Sin embargo, lo que vimos era evidente: a finales de abril, muchas personas ya estaban enfermas y, para mayo, la situación era catastrófica, particularmente en Adén, donde la mortalidad estaba aumentando. El miedo al virus era generalizado y las personas dudaban en acudir al hospital; muchas llegaban demasiado tarde y no era posible salvarlas.

También vimos que muchos otros hospitales e instalaciones de salud habían cerrado sus puertas, porque el personal temía al virus y carecía de equipos de protección. Por lo tanto, los yemeníes, que ya tenían muy pocas opciones para acceder a la atención médica, se vieron privados de las últimas oportunidades que les quedaban de recibir un tratamiento vital.

La cantidad de casos pareció reducirse drásticamente durante el verano y, en septiembre, habíamos traspasado nuestras actividades principales a las autoridades sanitarias locales. Sin embargo, continuamos con las formaciones y otras actividades de cara a una posible segunda ola.

 

Respuesta a otras crisis

A pesar de la gran cantidad de víctimas que la COVID-19 tuvo en Yemen, el número de ataques aéreos y frentes activos aumentó. Nuestros equipos dieron atención quirúrgica a personas heridas por todo el país y, en 2020, construyeron un nuevo quirófano en Haidan, en el extremo norte de Saada. Nuestros equipos en Taiz, Hudaida y Moca también presenciaron un aumento drástico de los combates y hubo muchos heridos. En Marib, también escenario de enfrentamientos, brindamos atención médica general a yemeníes, migrantes y otras personas vulnerables.

El cuidado de las madres y sus recién nacidos siguió siendo una prioridad, por ejemplo, en el hospital de Abs (donde asistimos una media de mil partos al mes) y en nuestro hospital materno-infantil de Taiz Huban. Nuestros equipos en Hudaida vieron cómo los combates allí impedían que muchas personas acudieran al médico si sufrían mordeduras de serpiente o contraían enfermedades como la malaria o el dengue.

El hospital al que damos apoyo en Abs, en la gobernación de Hajja, registró un aumento sostenido de ingresos de niños desnutridos. Nuestros hospitales en Haidan y Jamir también tuvieron picos estacionales de desnutrición más graves de lo habitual. Si bien es difícil determinar las causas con certeza, sabemos que el coste de la vida ha seguido aumentando, con subidas acusadas en el precio de la comida y el combustible. Algunas clínicas que contaban con el apoyo de organizaciones internacionales redujeron sus servicios a medida que se agotaba la financiación. Como resultado, los niños enfermos no eran tratados y desarrollaban desnutrición.

Sin embargo, en las áreas donde trabajábamos, no detectamos evidencias de una hambruna inminente (cuando grandes sectores de la población, tanto adultos como niños, sufren y mueren por una combinación de falta de alimentos y enfermedades provocadas por esta deficiencia).

 

Restricciones y ataques a nuestras actividades

Tanto Ansar Allah como la coalición liderada por Arabia Saudí continuaron imponiendo restricciones de movimiento al personal humanitario, lo que obstaculizó actividades como la evaluación de necesidades y el despliegue de clínicas móviles. Las dificultades administrativas en la obtención de visados para personal especializado y la importación de suministros también complicaron la prestación de ayuda. Cuando Ansar Allah mantuvo cerrado durante una parte de septiembre el aeropuerto de Saná, el único en funcionamiento en las áreas bajo su control, se restringió aún más nuestra capacidad para llevar personal y cargamentos al país.

Las instalaciones sanitarias no se salvaron de los ataques en 2020, sobre todo en la ciudad de Taiz, donde, en enero, hombres armados mataron a un paciente en el Hospital Al Zaura, al que MSF daba apoyo. El hospital fue objeto de nuevas incursiones armadas a lo largo del año y también sufrió daños durante los enfrentamientos en la ciudad.

 

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en este país entre enero y diciembre de 2020; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2020, contábamos con 2.621 profesionales,* entre personal nacional e internacional, y gastamos 76,3 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en este país en 1986.

En 2020, MSF España era una de las secciones de MSF con actividades en el país. Si quieres conocer más en profundidad nuestro trabajo allí, consulta nuestro ‘Informe de Misiones’.

* La cifra de personal equivale al total de puestos a tiempo completo o FTE (del inglés full-time equivalent). Por ejemplo, dos personas a media jornada equivalen a un FTE.