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10.07.2017

Yemen: urge mejorar el agua y el saneamiento para frenar el cólera

La situación es especialmente grave en Abs, la región más afectada y un reflejo de lo que ocurre en el resto del país: un sistema de salud colapsado, desplazados y poca presencia de actores humanitarios.

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Alertamos de que es necesario aumentar de manera urgente el suministro de agua potable y las actividades de saneamiento en Abs (Yemen) para erradicar el brote de cólera.

Las pésimas condiciones de los sistemas de saneamiento y la carencia de agua potable están facilitando la propagación de la enfermedad en esta localidad, especialmente en comunidades más pobres y remotas, con más dificultades para viajar hasta los centros de salud.    

“Estas condiciones eran un problema incluso antes del brote, pero ahora son algo muy preocupante. Si no actuamos inmediatamente, en las próximas semanas y meses nos enfrentaremos a una crisis humanitaria aún mayor”, explica Gabriel Sánchez, nuestro responsable de operaciones en Yemen.

El distrito de Abs es un fiel reflejo de lo que ocurre en el resto del país: líneas de frente próximas a la población civil, un sistema de salud arrasado y colapsado por el propio conflicto, carencias de saneamiento y agua potable, y poca presencia de actores humanitarios internacionales. Como consecuencia, al número de muertes y desplazados internos se suman los casos derivados del brote de cólera.

Abs pertenece a la gobernación de Hajjah que, con dos millones de habitantes, alberga más de 376.000 personas desplazadas: es la gobernación que más desplazados acoge. Alrededor del 25% se encuentran en el distrito de Abs y muchos han decidido asentarse en áreas remotas y sin acceso a los servicios básicos en un intento de evitar ataques aéreos o combates.

“Además de atender a los pacientes, es necesario desinfectar sus hogares y clorar los suministros de agua”, describe Cristina Imaz, nuestra coordinadora de logística. “Se deben instalar puntos de distribución de agua potable, y los lugares donde se reúnen las personas (como los mercados y las estaciones de autobús) necesitan desinfectarse regularmente. Sin embargo, ahora mismo estas actividades no se están realizando sistemáticamente”, añade.

Colapsados y sin recursos

Antes de la epidemia de cólera, nuestros equipos en el hospital rural de Abs fueron testigos de un importante incremento del número de consultas de urgencia, admisiones pediátricas e intervenciones quirúrgicas. También han habido brotes de sarampión, tos ferina y picos de malaria, enfermedades que deberían estar controladas o suponer solo unos pocos casos. No obstante, se trata de una clara señal del colapso del sistema de salud yemení, carente de recursos y personal

Abs registró su primer caso de cólera a finales de marzo. En las últimas semanas, nuestro centro de tratamiento de cólera (CTC) en la ciudad ha recibido a hasta 462 pacientes al día, muchos más que en cualquier otra parte de Yemen. En los CTC, nuestros equipos están distribuyendo kits de desinfección, que incluyen jabón y tabletas de cloro para purificar suministros de agua, entre otros utensilios.

Desde la aparición del brote, hemos duplicado nuestra respuesta de emergencia en el distrito de Abs, donde hemos atendido a más de 12.000 pacientes con casos sospechosos de cólera y diarrea aguda. Esta cifra representa un 20% de todos los casos atendidos por nuestros profesionales a lo largo de nueve gobernaciones de Yemen, y casi el 5% de todos los registrados en el país, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Después de dos meses de crecimiento exponencial, el número semanal de casos de cólera disminuyó por primera vez a principios de julio, pero aún cientos de enfermos siguen llegando en busca de tratamiento.

Comenzamos nuestro apoyo al hospital rural de Abs en julio de 2015. El 15 de agosto de 2016, un ataque aéreo destruyó parte del complejo y causó la muerte de 19 personas -incluido uno de nuestros compañeros- y causó heridas a 24. Poco después, suspendimos nuestras actividades en varias instalaciones del norte de Yemen. En noviembre de 2016, tras reconstruir el hospital, reanudamos nuestro apoyo y actualmente trabajan unos 200 trabajadores nacionales y una docena de profesionales internacionales. Allí gestionamos servicios de urgencia, unidades de pediatría, neonatología, una maternidad, un centro de nutrición, un servicio de clínicas móviles y realizamos sesiones de ayuda psicosocial.