Bombardeado, saqueado, vandalizado

Nos vemos obligados a cerrar el hospital de Lankien, en Jonglei, Sudán del Sur, tras 31 años de actividad.

MSF
30/04/2026
El hospital de Lankien, tras el bombardeado de la noche del 3 de febrero de 2026.

Médicos Sin Fronteras (MSF) nos hemos visto obligados a cerrar definitivamente el hospital de Lankien, en el estado de Jonglei (Sudán del Sur), tras el bombardeo sufrido el 3 de febrero. El cierre de nuestro hospital pone fin a 31 años de asistencia médica ininterrumpida a una comunidad que ya tiene un acceso extremadamente limitado a la atención sanitaria. MSF hacemos un llamamiento a todas las partes beligerantes para que eviten los ataques contra las instalaciones y el personal médico, y para que se lleve a cabo una investigación independiente e imparcial sobre el ataque.

Nos vimos obligados a detener todas las actividades médicas el 3 de febrero, después de que se lanzara una bomba desde un avión sobre el almacén situado dentro del recinto del hospital. La bomba destruyó suministros médicos y otros materiales esenciales. Aunque no podemos confirmar qué parte del conflicto en curso en Sudán del Sur es responsable, según nuestra información, parece que las fuerzas gubernamentales son la única parte con capacidad para llevar a cabo bombardeos aéreos. En los días posteriores al ataque aéreo, se sabía que las fuerzas gubernamentales controlaban la zona de Lankien. El hospital de Lankien fue saqueado, algunas partes fueron incendiadas y las estructuras restantes fueron vandalizadas, dejando tras de sí una devastación total. MSF aún no podemos confirmar qué parte del conflicto es responsable del saqueo y el vandalismo.

“Estamos indignados por lo que hemos presenciado recientemente en el hospital”, afirma Gul Badshah, director de operaciones de MSF. “El nivel de destrucción supera todo lo que podíamos imaginar. Vimos agujeros de bala en los parabrisas de nuestros vehículos, nuestros almacenes de material médico reducidos a cenizas, e incluso el equipo pediátrico fue objeto de ataques y quedó destruido”.

  • Farmacia, saqueada y vandalizada, del hospital de Lankien.

Horas antes del ataque del 3 de febrero, el hospital de Lankien fue evacuado y los pacientes fueron dados de alta, tras el aumento de las tensiones en la zona. Según los informes, la población huyó de Lankien tras el bombardeo del hospital y del mercado de la ciudad ese mismo día.

La destrucción de nuestro hospital en Lankien no es un incidente aislado, sino que forma parte de una tendencia más amplia y profundamente preocupante de violencia contra la atención sanitaria en Sudán del Sur. Desde principios de 2025, las instalaciones y el personal de MSF se han visto afectados por al menos 12 ataques y actos violentos. Estos incidentes repetidos han obligado al cierre de cuatro hospitales —Ulang, Old Fangak, Akobo y ahora Lankien— y han dejado a cientos de miles de personas sin acceso a la atención médica. Como de costumbre, es la población la que está pagando un alto precio por los ataques contra la atención sanitaria.

“Los ataques contra instalaciones médicas, personal sanitario y civiles son inaceptables y deben cesar”, afirma Badshah. “Tanto las fuerzas gubernamentales como las de la oposición, así como todos los demás grupos armados, deben asumir la plena responsabilidad de sus actos. También deben impedir los ataques contra el personal y las instalaciones médicas y contra la población civil, y respetar el Derecho internacional humanitario y sus principios, incluidos los de distinción y proporcionalidad”, añade.

MSF instamos a las autoridades de Sudán del Sur a ofrecer explicaciones transparentes, garantizar la rendición de cuentas y adoptar medidas concretas para proteger las operaciones sanitarias y humanitarias.

MSF en Lankien

MSF llevábamos trabajando en Lankien desde 1995, inicialmente para hacer frente al kala-azar, una enfermedad tropical desatendida. 

Con el paso de los años, nuestras actividades se ampliaron gradualmente y el hospital se convirtió en el único centro sanitario de nivel avanzado de la región. Antes de su destrucción, alrededor de 250.000 personas dependían del hospital para recibir atención vital. 

Con su cierre definitivo, las comunidades de la región se han quedado sin servicios médicos y expuestas a muertes evitables.