Líbano: “La gente no tiene adónde ir”

El sur del país sufre ataques israelíes diarios. Con ello, servicios interrumpidos y una incertidumbre que continúa.

MSF
06/10/2026
Destrucción en Sohmor tras los ataques israelíes durante la escalada de la guerra en el Líbano.

A pesar de un frágil alto el fuego anunciado el 21 de junio de 2026 y de los continuos ataques aéreos israelíes en el sur de Líbano, cientos de miles de personas han decidido regresar a sus localidades de origen, mientras que otras se ven obligadas a permanecer desplazadas.

Las localidades situadas a lo largo de la frontera sur siguen siendo inaccesibles debido a la presencia continuada de las fuerzas israelíes. En los pueblos adyacentes, las viviendas, las carreteras, las redes de agua y los servicios públicos han resultado dañados o destruidos por los ataques israelíes. Incluso allí donde las personas pueden regresar físicamente, muchas tienen dificultades para imaginar cómo podrán reconstruir sus vidas.

“Permanecer desplazado no es una elección; la gente no tiene adónde ir”, afirma Jean-Marc Biquet, coordinador de nuestros proyectos en el Líbano. “Sin acceso a servicios básicos y con ataques israelíes incesantes contra sus pueblos y ciudades, algunas personas no pueden regresar a sus comunidades. ¿Cómo pueden planificar el día de mañana cuando la inseguridad y la incertidumbre condicionan cada aspecto de la vida cotidiana?”.

A medida que algunas familias intentan regresar, necesitan un médico cuando alguien enferma. Necesitan disponer de agua limpia en el grifo. Necesitan un techo que las proteja y tener la seguridad de que sus hijos pueden dormir tranquilos por la noche.

Sin estos elementos esenciales, regresar a casa corre el riesgo de convertirse en otra dificultad más, en lugar de suponer el final de una situación de sufrimiento.

Para ayudar a las comunidades a afrontar estos desafíos, MSF estamos apoyando el acceso a la atención sanitaria, el alojamiento y el agua, servicios de los que las personas dependen cada día y que se vuelven aún más importantes en tiempos de crisis.

“La gente necesita saber que, si un niño tiene fiebre o si una mujer necesita atención materna, hay algún lugar al que puede acudir”.
Jean-Marc Biquet, MSF en Líbano

Reforzar la atención sanitaria

Después de meses de ataques israelíes, muchos centros de salud quedaron dañados, con falta de personal o con dificultades para prestar servicios. Para las familias que se plantean regresar, la ausencia de atención sanitaria puede ser suficiente para mantenerlas alejadas.

“La gente necesita saber que, si un niño tiene fiebre o si una mujer necesita atención materna, hay algún lugar al que puede acudir”, explica Biquet.

Para ayudar a restablecer el acceso a la atención sanitaria, MSF hemos apoyado centros de salud en el sur de Líbano y en los suburbios del sur de Beirut-Dahiyeh mediante trabajos de rehabilitación, apoyo operativo y fortalecimiento de capacidades.

Esto incluye la rehabilitación integral de un centro de atención primaria de salud en Haret Hreik y de diez ambulancias que prestan servicio a comunidades de todo el sur del Líbano, ayudando al personal sanitario a seguir proporcionando asistencia médica allí donde más se necesita.

“El desplazamiento no termina cuando cesan los combates”.
Louis Dowse, MSF en Líbano

Cuando el hogar ya no existe

En las localidades que, en teoría, son accesibles a pesar de los ataques israelíes diarios, algunas viviendas han quedado destruidas, mientras que otras están demasiado dañadas para poder vivir en ellas de forma segura. Muchas familias continúan desplazándose entre alojamientos temporales, las casas de familiares y refugios colectivos mientras intentan decidir qué les deparará el futuro.

“El desplazamiento no termina cuando cesan los combates”, afirma Louis Dowse, nuestro coordinador en Líbano. “Para muchas familias, continúa cada día que siguen sin poder regresar a casa o reconstruir lo que han perdido”.

Nuestros equipos han rehabilitado y apoyado numerosos refugios durante el periodo de mayor escalada del conflicto y posteriormente. Más recientemente, el equipo en el sur de Líbano ha rehabilitado completamente un refugio en Jbal Al Botm para familias trasladadas desde Sour-Tiro y ha mejorado las condiciones de vida en otro emplazamiento en Maaroub mediante la instalación de baños y duchas prefabricados.

Estas mejoras ofrecen una solución temporal para las familias mientras las soluciones a más largo plazo siguen estando fuera de su alcance.

Restablecer el agua, restablecer la vida cotidiana

El agua suele ser uno de los primeros servicios que se interrumpen durante un conflicto y uno de los últimos en restablecerse por completo.

En distintas zonas del sur de Líbano y en los suburbios del sur de Beirut-Dahiyeh, los ataques israelíes han dañado infraestructuras, afectando al acceso al agua potable y segura, lo que supone una carga adicional para las familias que ya afrontan el desplazamiento y la pérdida.

MSF hemos apoyado la reparación de infraestructuras de agua en varios lugares afectados por el conflicto, restableciendo sistemas de abastecimiento de agua, instalaciones de tratamiento y redes alimentadas por energía solar de las que las comunidades dependen cada día. Los equipos también han proporcionado combustible a refugios y lugares de desplazamiento para ayudar a mantener operativos los sistemas de bombeo de agua y de suministro eléctrico.

Para las familias que intentan seguir adelante, estos servicios básicos, que en muchos lugares del mundo se dan por sentados, son los que hacen posible su vida cotidiana.

“En todo el sur del Líbano, las personas están reconstruyendo sus vidas mientras continúan viviendo con incertidumbre. Están haciendo todo lo posible para seguir adelante”, afirma Dowse. “Lo que necesitan es una oportunidad para reconstruir sus vidas con dignidad, incluso cuando el futuro sigue siendo incierto”.

La historia de Dunia: “Volver a casa pese al miedo”

Cuando nuestro equipo móvil llegó al centro de atención primaria de salud de Qanaarit, en el distrito de Sidón, en la gobernación del sur de Líbano, una mujer de unos 60 años fue la primera en llegar. Se sentó en la sala de espera para recibir una consulta médica y los medicamentos que necesitaba de forma gratuita, ya que no podía permitirse asumir los gastos sanitarios. Decidió contar su historia bajo el seudónimo de ‘Dunia’ (‘mundo’ o ‘vida’), un nombre que refleja el peso que la vida ha puesto sobre sus hombros durante los últimos tres años.

Dunia ha soportado enormes dificultades tanto durante su desplazamiento como a su regreso, pero ninguno de sus retornos supuso el final de su sufrimiento. Cuenta: “Nuestro desplazamiento comenzó a finales de 2023, cuando hui a Beirut. Solo regresé para enterrar a mi hermana, a quien había criado desde que nuestros padres murieron cuando ella era una niña. Ella no fue capaz de abandonar el sur ni a su marido, y ambos murieron en un ataque aéreo justo un día antes de que se alcanzara el acuerdo de alto el fuego, a finales de 2024”.

Dunia permaneció en su casa de Qanaarit durante todo un año, a pesar de que los bombardeos israelíes no cesaron durante ese periodo. Después, durante la última escalada, en marzo de 2026, los bombardeos se intensificaron y se vio obligada a abandonar su hogar por segunda vez. Tras pasar un breve periodo en una escuela cerca de Beirut, tomó la difícil decisión de regresar a su localidad incluso antes de que se alcanzara el último acuerdo de alto el fuego. Al recordar un día de junio, el miedo todavía se refleja en su voz.

“Regresé antes de que las cosas se calmaran en Qanaarit. El pueblo estaba desierto y no había alimentos ni artículos de primera necesidad. El último ataque aéreo israelí alcanzó un edificio de tres plantas cerca de mi casa. El suelo tembló bajo mis pies e inhalé una nube de polvo. Murieron trece personas, la mayoría mujeres y niños. Las paredes de mi casa se agrietaron y no puedo permitirme repararlas, pero al menos todavía me sirve de refugio”.

Dunia padece hipertensión y problemas del oído interno que le provocan mareos, pero su sufrimiento psicológico agrava sus síntomas físicos. Describe su estado mental como “inexistente” y tiembla de miedo cada vez que escucha el sonido de explosiones o drones. “El alto el fuego no es más que una mentira. La destrucción y las muertes no han cesado. Sigo las noticias y no creo que nada vaya a cambiar. Lo único que puedo hacer es llorar por la gente del sur, por las familias desplazadas que han perdido sus medios de vida y sus hogares, o incluso sus pueblos enteros”, relata.

A pesar de la dureza de la vida, Dunia sigue profundamente vinculada a su localidad y encuentra consuelo en las pequeñas alegrías. Le gusta pasear por Qanaarit y visitar a familiares y vecinos.

“Cuando llegué a la entrada de mi pueblo después de haber sido desplazada, sentí como si estuviera respirando por primera vez. He decidido permanecer en mi tierra, aunque los bombardeos vuelvan a intensificarse. Sé que esto pone mi vida en riesgo, pero abandonar mi hogar supone una humillación que no puedo soportar volver a vivir. Aun así, nunca perderemos la esperanza por muy dura que se vuelva la vida. Al fin y al cabo, ¿qué permite a una persona resistir si no es la esperanza?”. 

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