Myanmar: “Dejad de bombardear a la población civil, dejad de bombardear hospitales y permitid que la asistencia médica llegue a quienes la necesitan”
Declaraciones de Dr. Mark Sherlock, director de Programas Médicos de MSF para Myanmar.
“Según los informes, el ataque aéreo del lunes [28 de septiembre] cerca de un concurrido mercado en Kyauktaw, en el estado de Rakhine, causó la muerte de al menos 50 personas. Pero, como médico, sé muy bien que es probable que esta cifra aumente. Al menos otros 60 supervivientes, entre ellos mujeres y niños, han quedado mutilados o con quemaduras graves. Muchos de ellos necesitan ahora una atención traumatológica compleja y vital que el sistema sanitario de Rakhine no está en absoluto preparado para proporcionar.
Con solo unos pocos hospitales en funcionamiento en el centro de Rakhine, adonde se está derivando a muchos de los heridos, el personal sanitario ya está al límite de sus capacidades. Cada día se ven obligados a adaptarse a la escasez de todo: medicamentos, equipamiento médico, personal e incluso los alimentos necesarios para favorecer la recuperación de los pacientes. A esto se suma la llegada masiva de heridos de guerra, lo que está llevando a los servicios sanitarios al borde del colapso. Lo sé porque, durante los últimos cinco años, he desempeñado el cargo de responsable de programas médicos de MSF en Myanmar. En Rakhine, al igual que en muchas otras zonas del país afectadas por el conflicto en las que trabaja MSF, el sistema sanitario pende de un hilo.
Las lesiones por explosiones, las fracturas, los pulmones perforados, las hemorragias internas y las quemaduras graves requieren atención médica inmediata y, a menudo, especializada, incluida la cirugía de urgencia y el tratamiento postoperatorio. Tenemos constancia de que al menos 17 pacientes se encuentran en estado crítico. Sin embargo, a pesar de que estos pacientes se encuentran gravemente heridos, su seguridad —y la de quienes los atienden— no está garantizada.
A pesar de las protecciones que el derecho internacional humanitario otorga a los hospitales y a las infraestructuras civiles, en los últimos 9 meses se han producido dos ataques contra instalaciones que en su día recibieron el apoyo de MSF. En diciembre de 2025, el Hospital General de Mrauk-U fue bombardeado, lo que causó la muerte de 33 personas y dejó 70 heridos. En marzo de 2026, el Hospital General de Sittwe fue alcanzado por fuego de artillería y su almacén médico quedó destruido. Estos son solo dos de los casi 2.000 ataques contra centros sanitarios documentados por Insecurity Insight en Myanmar entre 2021 y 2026.
Dado que el sistema sanitario del país sigue siendo devastado por la violencia, lo que nos llega hoy desde Rakhine no me sorprende. A medida que la violencia se intensifica, somos conscientes de que la gente tiene cada vez más miedo de desplazarse para buscar atención sanitaria. Se ven obligados a sopesar el riesgo de quedarse en casa y retrasar el tratamiento frente al riesgo de acudir al hospital, donde las aglomeraciones de personas pueden convertirlos en blanco del próximo ataque.
Las actividades comunitarias, que incluyen servicios como las clínicas móviles que acercan la asistencia sanitaria a los lugares donde vive la población, se han visto obligadas a reducirse. Algunos centros de atención primaria han cerrado para evitar atraer a multitudes y reducir su visibilidad y exposición a la violencia.
Este nivel de inseguridad para las personas que intentan acceder a la asistencia sanitaria, y para los profesionales sanitarios que intentan prestarla, no puede considerarse normal. La asistencia sanitaria debe protegerse, no solo de los ataques, sino también de la grave privación de todo aquello que un sistema sanitario necesita para funcionar. Dejad de bombardear a la población civil. Dejad de bombardear los hospitales. Permitid que la asistencia médica vital llegue a quienes la necesitan”.
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