Nigeria: reducir el miedo y salvar vidas en una de las peores temporadas de fiebre de Lassa
En el estado de Bauchi, una de las regiones más vulnerables del país, reforzamos la detección precoz, el tratamiento y la sensibilización comunitaria frente a una enfermedad tan peligrosa como poco comprendida. En un contexto de aumento de casos y muertes, el acceso temprano a la atención médica sigue siendo clave para sobrevivir.
“La fiebre de Lassa es una enfermedad que, en esencia, se disfraza”, explica el doctor Ayokunnu Raji, responsable de nuestro programa médico de emergencias. “Al principio, los síntomas son muy similares a otras enfermedades comunes en Nigeria, como la malaria o la fiebre tifoidea, por lo que muchos pacientes llegan a nuestro centro de tratamiento cuando ya están en estado crítico”.
Uno de esos pacientes fue Musa, que vive en el estado de Bauchi, en el norte de Nigeria. A principios de este año empezó a sufrir dolores de cabeza y de estómago. “Sentía como si tuviera malaria”, cuenta. Fue ingresado en una clínica privada, pero tras cinco días fue dado de alta, aún muy enfermo. “No sabían qué me pasaba”.
Días después, uno de nuestros equipos de promoción de la salud visitó su aldea y le aconsejó acudir de inmediato al Centro de Tratamiento de Fiebre de Lassa del Hospital Universitario Abubakar Tafawa Balewa. Allí fue diagnosticado.
Sus síntomas se habían vuelto tan insoportables que pensó que no sobreviviría. Pero, gracias a la atención recibida —tras 29 días ingresado—, logró recuperarse. Ahora apoya a su comunidad concienciando sobre la enfermedad y animando a las personas a buscar atención médica precoz.
¿Qué es la fiebre de Lassa?
La fiebre de Lassa es una enfermedad vírica hemorrágica grave, a veces mortal, causada por el virus de Lassa. Su principal reservorio es la rata multimamada, un roedor común en África occidental.
La enfermedad es endémica en Nigeria, con un pico durante la estación seca, entre octubre y abril.
Alrededor del 80% de las personas infectadas presentan síntomas leves o ninguno, pero los casos graves pueden provocar hemorragias, fallo orgánico y la muerte.
La transmisión se produce principalmente por contacto con alimentos o utensilios contaminados con orina o heces de roedores infectados. También puede transmitirse entre personas por contacto directo con fluidos corporales, superficies contaminadas —como ropa de cama o material médico— y, en raras ocasiones, por gotículas en el aire.
“El diagnóstico precoz, el aislamiento de los casos positivos y el tratamiento inmediato son absolutamente cruciales”, subraya el doctor Raji.
Las medidas preventivas —como lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con roedores y manipular los alimentos de forma segura— son igualmente esenciales para frenar la propagación.
2026: fuerte impacto en comunidades y personal sanitario
Este año, Nigeria afronta una temporada especialmente grave de fiebre de Lassa. Desde enero se han registrado 516 casos y 135 muertes, lo que supone un aumento del 31% respecto al mismo periodo de 2025.
El personal sanitario también está pagando un alto precio. Como ocurre con otras fiebres hemorrágicas como el ébola, el riesgo de contagio es elevado. Para atender a pacientes sospechosos o confirmados, deben utilizar equipos de protección completos.
“Sin embargo, como muchos casos se diagnostican tarde, el personal sanitario puede haber estado ya expuesto al virus”, explica Raji.
Desde principios de año, 38 trabajadores sanitarios se han infectado —más del doble que el año anterior en el mismo periodo—. En febrero, tres trabajadores de nuestra organización también se contagiaron. Uno de ellos, que trabajaba en el estado de Kano, falleció.
Actualmente, MSF respondemos al pico estacional en los estados de Benue, Kano, Taraba, Sokoto, Zamfara y Bauchi. En este último, uno de los más pobres del país, trabajamos desde 2022 junto al Ministerio de Salud, proporcionando atención gratuita —incluido diagnóstico, tratamiento antiviral y apoyo en salud mental—.
Entre el 1 de octubre de 2025 y el 23 de marzo de 2026, 311 personas dieron positivo en el centro de tratamiento, de las cuales 68 fallecieron.
Los equipos también trabajan en comunidades cercanas para detectar casos de forma precoz, aislar a los pacientes y derivarlos de forma segura, además de reforzar la capacidad del personal sanitario y las medidas de prevención y control de infecciones.
“Pensaban que era brujería”
El miedo y el estigma siguen siendo grandes obstáculos. En muchas comunidades, la enfermedad se entiende poco y genera rechazo hacia quienes la padecen.
“Al principio, la gente huía. No querían acercarse. Pensaban que era una maldición, que era brujería”, cuenta Musa.
Nuestros equipos de promoción de la salud trabajan estrechamente con líderes comunitarios, religiosos y sanadores tradicionales.
“No luchamos contra las creencias de la gente”, explica Tumaini Kombe, compañero y promotor de salud. “Trabajamos a través de las personas en las que confían. Si el jefe de la aldea transmite las medidas correctas, eso ya es un gran éxito”.
Entre enero de 2025 y febrero de 2026, alcanzamos a más de 186.000 personas con casi 19.000 sesiones informativas. Durante ese tiempo, derivó a 1.642 personas al centro de tratamiento, de las cuales 418 dieron positivo.
“Escuchar y entender el contexto local es clave para que las personas busquen atención”, añade Tumaini.
Clínicas para supervivientes: la vida después de la enfermedad
Muchas personas que sobreviven a la fiebre de Lassa sufren secuelas a largo plazo, como pérdida de audición o complicaciones neurológicas. Además, pueden seguir transmitiendo el virus durante un tiempo.
Ofrecemos seguimiento a través de clínicas para supervivientes, donde reciben apoyo en salud mental y orientación práctica para reducir el riesgo de transmisión, incluyendo asesoramiento sobre prácticas sexuales seguras y alternativas a la lactancia cuando es necesario.
Prepararse más allá del pico
Aunque los casos empiezan a disminuir con el final de la estación seca, seguiremos trabajando durante todo el año en Bauchi para prepararnos para el próximo pico, previsto en octubre.
El centro se convertirá en un espacio de formación especializado en respuesta a fiebres hemorrágicas, con impacto en Nigeria y otros países.
También reforzaremos la vigilancia epidemiológica, las medidas de control de infecciones y pondrá en marcha programas piloto de control de roedores, mientras los equipos de promoción seguirán trabajando en las comunidades.
“Cada año vemos cifras más altas”, concluye el doctor Raji. “No sabemos aún si se debe al cambio climático, a una mejor detección u otros factores. Lo que sí sabemos es que la fiebre de Lassa no va a desaparecer, y que nuestro trabajo junto al Ministerio de Salud sigue siendo una línea de vida para miles de personas”.
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