Las necesidades urgentes de las personas desplazadas en Sudán del Sur
Más de una década después de obtener la independencia, la nación más joven del mundo sigue enfrentándose a crisis que se superponen, como el conflicto abierto, la violencia, la inseguridad y el acceso limitado a la atención sanitaria.
Desde hace casi tres años, la guerra en el vecino Sudán ha desencadenado otra emergencia más, obligando a cientos de miles de personas a huir a través de la frontera hacia un país que no está preparado para absorber tal afluencia.
Para documentar esta crisis, colaboramos con Nicolò Filippo Rosso, un fotógrafo de renombre internacional reconocido por su impactante y evocador trabajo documental. Viajó para conocer a quienes viven cerca de la frontera entre Sudán y Sudán del Sur, un contexto que los medios de comunicación han pasado por alto en gran medida.
“Llevo ya algún tiempo observando el conflicto sudanés desde la distancia. Realicé varios reportajes en el este de Chad, donde me encontré principalmente con mujeres y niños que huían del conflicto en Sudán en busca de refugio en campamentos superpoblados. En Sudán del Sur, la crisis es muy diferente: vi un colapso total del sistema sanitario y una crisis extremadamente compleja tanto para los refugiados sudaneses como para los desplazados internos”.
Nicolò Filippo Rosso
Una ruta de huida improvisada para quienes huyen de Sudán
Tras aterrizar en Juba, la capital de Sudán del Sur, y asistir a varias reuniones informativas con los equipos de MSF, Nicolò viajó a la Zona Administrativa Especial de Abyei, un territorio disputado desde hace tiempo entre Sudán y Sudán del Sur. Durante años ha acogido a personas desplazadas que huían de la violencia en otros estados, pero el estallido de la guerra en Sudán ha llevado la situación a un nivel crítico.
"Lo que realmente me impactó en Abyei fue el número de heridos. Vi llegar al hospital a personas con heridas de bala y quemaduras graves. No pude evitar preguntarme qué estaría pasando en casa para aquellos que se habían quedado, y en qué condiciones vivían", recuerda Nicolò.
A medida que la guerra en Sudán se adentra cada vez más en los estados de Darfur y Kordofán y superado su tercer año sin signos de tregua, Abyei se ha convertido en una ruta de huida improvisada. Muchos civiles llegan a pie, no solo desde Sudán, sino también desde otros estados de Sudán del Sur afectados por años de violencia y desplazamientos. Estos movimientos ejercen una presión inmensa sobre los centros de salud, que nunca fueron diseñados para hacer frente a una afluencia tan masiva y prolongada de poblaciones desplazadas.
"Conocí a una mujer llamada Regina", recuerda Nicolò. "Estaba muy enferma de tuberculosis y temía morir. No tenía fuerzas para llevar a sus hijos al hospital, así que los dejó junto al mercado, bajo un árbol, con algunas pertenencias y algo de comida, y le pidió a alguien que conocía que los cuidara. Se fue a recibir tratamiento sin teléfono ni conexión, con la esperanza de que, tras varias semanas, pudiera volver y encontrarlos. Fue una historia desgarradora".
El Hospital Ameth Bek de MSF, el único centro hospitalario en funcionamiento de la región, está cada vez más desbordado por el número de pacientes. Los equipos se centran especialmente en los servicios de urgencias, incluida la cirugía, pero también en la atención hospitalaria y la obstetricia. Entre enero y septiembre, MSF prestamos atención quirúrgica a 1.240 pacientes, entre ellos personas con lesiones relacionadas con la violencia.
"Es fantástico ver cómo trabaja MSF, porque el impacto es inmediato y tangible. Se puede ver cómo se produce el cambio: alguien está enfermo y, unas horas más tarde, ya se le ve recuperándose. Todo lo que documentas refleja esa transformación".
Nicolò Filippo Rosso
Atender las necesidades de las comunidades remotas
Además de gestionar el hospital, MSF contamos con nueve centros de gestión integrada de casos en la comunidad (ICCM) dirigidos por voluntarios locales formados, en colaboración con las autoridades sanitarias locales. El equipo de MSF recorre largas distancias hasta los puestos de salud de las aldeas para llevar medicamentos y apoyar a los trabajadores sanitarios comunitarios formados.
"Algunas comunidades dependen realmente de los centros de salud comunitarios porque están extremadamente aisladas", explica Nicolò. "Cuando acuden a esos centros, encuentran personal capacitado y reciben la atención que necesitan. Ese fue el caso de Ayom Deng, una niña que sufrió una grave quemadura mientras cocinaba en casa. Su madre la llevó al centro de salud comunitario al ver que la herida empeoraba. Ayom recibió cuidados para la herida e instrucciones de seguimiento como parte del programa. Esto realmente acerca la atención sanitaria esencial a las aldeas alejadas de los centros de salud formales".
Prestación de asistencia integral a las familias desplazadas
Tras varios días documentando la situación en Abyei, Nicolò viajó más al sur, a Mayen-Abun. Allí, el desplazamiento ha adoptado una forma diferente, pero no por ello menos urgente: las familias se han visto obligadas en repetidas ocasiones a huir de sus hogares debido a conflictos de índole variada y larga duración, entre los que se incluyen el robo de ganado, disputas por el uso de la tierra, violencia intercomunitaria y crisis relacionadas con el clima. En el hospital apoyado por MSF, nuestros equipos se centran en proporcionar una atención integral, desde consultas ambulatorias hasta atención de urgencias y maternidad.
"Tuve la oportunidad de acompañar a Abuk durante todo el parto, desde el momento en que ingresó hasta el nacimiento de su bebé", cuenta Nicolò. "Los partos son siempre momentos muy emotivos, y las madres suelen estar bastante abiertas a que las acompañe una cámara. Fue un momento muy íntimo, e incluso chocó las manos conmigo después de dar el último empujón".
En las comunidades rurales de los alrededores de Mayen-Abun, el acceso a la atención sanitaria básica también es extremadamente limitado. Hay pocas clínicas, las distancias entre los asentamientos son largas y muchas familias deben caminar durante horas para llegar al puesto de salud más cercano. Al igual que en Abyei, MSF trabajamos en estrecha colaboración con las comunidades. Al acercar la atención básica pero esencial a los lugares donde vive la gente, estos centros fundamentales ayudan a salvar la brecha creada por el colapso del sistema sanitario del país y la inseguridad que impide a las familias llegar a los hospitales.
Un sistema sanitario en crisis, entre recortes presupuestarios y debilidades estructurales
Todas estas dificultades se ven agravadas por una crisis más amplia. A pesar de ser el país más joven del mundo, Sudán del Sur sigue dependiendo en gran medida de la ayuda humanitaria: más del 80 % de los servicios sanitarios esenciales funcionan gracias al apoyo de las ONG.
En julio de 2024, el Proyecto de Transformación del Sector Sanitario (HSTP) puso en marcha una iniciativa financiada por múltiples donantes (entre ellos el Banco Mundial) para apoyar los servicios básicos de salud y nutrición y la preparación para emergencias en Sudán del Sur. Dirigido por el Gobierno y ejecutado en colaboración con la OMS, UNICEF y socios ejecutores, el modelo preveía inicialmente prestar apoyo a 1.158 centros de salud en 10 estados y tres áreas administrativas a lo largo de tres años. Sin embargo, debido a las restricciones de financiación, ahora solo prestará apoyo a 816 centros hasta 2027, lo que dejará importantes lagunas en la cobertura.
Ahora más que nunca, está claro que el modelo de financiación actual es profundamente insostenible. Los recortes masivos en la ayuda internacional, combinados con la inseguridad y los ataques violentos contra la atención sanitaria, están obligando a algunas organizaciones a reducir o cerrar por completo sus servicios, lo que acelera el colapso de un sistema de salud ya de por sí frágil. Para los pacientes que reciben atención de MSF, esta realidad es cruda: una vez que abandonan los centros apoyados por MSF, a menudo hay pocos o ningún lugar alternativo al que acudir para recibir atención, derivación o seguimiento.
En todos los lugares donde llevamos a cabo nuestros proyectos, los equipos son testigos del devastador impacto de un sistema que adolece de una falta crónica de recursos. Muchos centros de atención primaria no funcionan, a menudo no se dispone de medicamentos esenciales, se retrasan los pagos de los salarios del personal y los hospitales están abandonados. Como consecuencia, las personas que necesitan una intervención quirúrgica vital o atención materna de urgencia tienen opciones extremadamente limitadas.
Estas presiones se suman a crisis que se solapan, como la violencia, los desplazamientos masivos, las inundaciones y los brotes de enfermedades, todo lo cual supone una carga adicional para un sistema ya de por sí frágil. Solo en 2025, MSF puso en marcha 12 proyectos de emergencia en respuesta a brotes de cólera, picos de malaria, inundaciones y desplazamientos relacionados con la violencia, más del doble de las respuestas de emergencia lanzadas en 2024.
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