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09.11.2018

Irak: curar las cicatrices psicológicas y emocionales del conflicto

Tras años del control del Estado Islámico y un año de fuertes enfrentamientos para reconquistar ciudades en el norte del país, las cicatrices psicológicas y emocionales de la guerra son inmensas y miles de personas necesitan esta asistencia.

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Por Jean Christophe Nougaret

Mahmud es un psicólogo sirio. Huyó de Siria a principios de 2015 y se unió a nuestra organización al llegar a Irak. En el campo de Hasan Sham-M2 (entre Erbil y Mosul), proporciona asistencia a desplazados iraquíes que necesitan atención en salud mental.

El cielo es casi blanco al mediodía y el reflejo del sol en las rocas beige del campo nos está cegando. El calor en esta parte de Irak es extremo, llegando a veces a los 50º. Cientos de tiendas de campaña arden bajo el sol del mediodía en Hasan Sham, el campo M2, que se ha convertido en un refugio temporal para 28.000 del casi un millón de iraquíes desplazados a causa de los 10 meses de enfrentamientos en Mosul y sus alrededores.

Mahmud nos recibe con su sonrisa amable y amistosa y nos invita a una modesta sala de consulta con aire acondicionado en una de las dos unidades prefabricadas de nuestra clínica en el campo.

"El ambiente ha mejorado desde que llegamos", dice Mahmud. “Ahora recibimos pacientes en un entorno más privado. Pero todavía tenemos dificultades para brindar apoyo a todos los que lo requieren porque son muchos y es difícil encontrar personal con el nivel adecuado de experiencia en psicología y trauma", añade.

Al principio, en 2012, el equipo estaba trabajando con refugiados sirios. Después, la primera ola de desplazados iraquíes llegó en 2014. Tras el lanzamiento de la batalla de Mosul en octubre de 2017, recibimos una gran afluencia de pacientes. Si bien la conciencia sobre la salud mental está creciendo, la mayoría de las personas no solicita espontáneamente estos servicios, ni en ocasiones, tampoco sabe dónde encontrarlos.

Además, los servicios de salud mental en Irak están centralizados principalmente en hospitales alrededor de las áreas de psiquiatría, y muchos de estos hospitales carecen de medicamentos apropiados. El apoyo psicológico no está muy extendido en la comunidad.

Pero tras años del control del Estado Islámico en muchas partes de Irak y un año de fuertes enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad iraquíes y el Estado Islámico para reconquistar ciudades en el norte de Irak, las cicatrices psicológicas y emocionales de la guerra son inmensas y miles de personas necesitan esta asistencia. Después de escapar de las primeras líneas de frente, hay todavía mucho miedo por la seguridad y preocupación sobre el futuro.

“La gente que viene aquí lo ha perdido todo. Vemos personas de todas las edades. El trauma emocional es una condición muy difícil para recuperarse. Vienen con síntomas como depresión y ansiedad. Les sentamos, les escuchamos, hablamos con ellos y después de las sesiones terapéuticas, se sienten mejor y encuentran la esperanza de nuevo. Esto les ayuda a encontrar un sentido a su vida después de todas sus dudas. Muchos pierden la confianza en todo y aquí se encuentran con personas que se preocupan por ellos, que les prestan su tiempo y atención, y que los tratan con dignidad, como seres humanos. Con nosotros recuperan su humanidad. Es bueno ver la luz en esta oscuridad. Y también es bueno para mí, como refugiado sirio, poder ayudar a otras personas", dice Mahmud.

25 pacientes por semana

“Cada persona es diferente”, dice. “Su capacidad para recuperarse depende de su personalidad, su resiliencia y el apoyo que tengan en el campo. Hacemos seguimiento de sus casos durante tres y cinco meses. Les atendemos en sesiones individuales, en pareja, en familias con hijos y a veces también en grupos. Tenemos mucha variedad de casos. Recuerdo un hombre que estaba con medicación antes del conflicto pero no había podido recibir sus medicinas durante un tiempo. Como parte del tratamiento, el psiquiatra le dio sus medicamentos pero no las tomó. Así que junto a los promotores de salud fuimos a visitarle varias veces para que confiara en nosotros, y nos contara. Ahora tiene una pequeña tienda y puede cuidar de su familia”.

En Irak, como en muchas situaciones de conflicto, hombres y mujeres llegan con sus familias a los campos, donde encuentran un lugar seguro para vivir después de haber sufrido heridas o traumas. Pero en los campos no tienen trabajo, normalmente no pueden salir. Los hombres sienten que no pueden mantener su estatus de cabeza de familia, así que pierden el sentido de responsabilidad social y la autoconfianza.

Las mujeres toman todas las responsabilidades. Muchas se quedan viudas o sus maridos están perdidos y no pueden cuidar de sus hijos mientras intentan llegar a fin de mes. Ellas cargan con todo el peso de las responsabilidades en el hogar.

“Había una mujer con tres hijos”, cuenta Mahmud. “Ella se enfrentaba a una grave depresión. No podía dormir ni comer, había perdido el interés en la vida. Estaba aislada e incluso tenía intenciones suicidas. Fue referida por otra organización con la que trabajamos en el campo, porque no sabían la medicación que necesitaba. La primera vez que la vi me dijo ‘he perdido a mi hijo y no sé qué pasa por mi cabeza’. Cuando se despidió y tras tres meses de seguimiento y antidepresivos dijo: ‘Todavía siento dolor en mi corazón, pero ahora puedo avanzar y vivir mi vida. Todos los malos pensamientos, se fueron’“.

Muchos de los menores han quedado traumatizados por el conflicto y el desplazamiento. Sufren ansiedad, y tienen pesadillas de forma regular. Como los medicamentos deben evitarse para los menores, las sesiones con el psicólogo son su tratamiento principal. Los niños y niñas se pueden curar más fácil y rápido que los adultos si se encuentran en un entorno seguro. Hay algunas escuelas en el campo, pero muchos niños no fueron a la escuela antes del conflicto. Les gusta más correr uno tras otro por los callejones del campo, o descansar bajo la sombra de sus tiendas durante las horas más calurosas del día.

Hoy, nuestros equipos ven cómo las personas vuelven a sus hogares y, a veces, regresan de nuevo al campo, ya sea porque sus vecindarios siguen siendo inseguros o simplemente porque sus hogares ya no existen. De los que vuelven a casa, muchos no tienen acceso a agua, electricidad o trabajo. Vuelven porque en el campo, al menos tienen un refugio y acceso a agua, electricidad, ayuda humanitaria, atención médica y alimentos.

18.000 consultas en casi tres años

En septiembre, alrededor de 90.000 personas desplazadas internamente vivían en nueve campos en los que trabajamos, entre Erbil y Mosul. En estos campos, somos la única ONG que proporciona atención psiquiátrica a los pacientes gravemente afectados, y a todos los pacientes que previamente tenían trastornos psiquiátricos y que quedaron sin atención debido al conflicto.

Debido a que las necesidades son enormes, tenemos un equipo que consta de más de 20 profesionales de la salud mental. El equipo tiene la capacidad de proporcionar los tres componentes de la atención de salud mental: atención psiquiátrica para casos graves que requieren medicamentos, atención psicológica con psicoterapia y apoyo psicosocial para encontrar soluciones prácticas con otras ONG para la vida cotidiana de los pacientes.

"Nuestros pacientes pueden ser remitidos por otras organizaciones o por nuestros equipos médicos", explica Renata R. Santos, nuestra responsable de las actividades de salud mental en Erbil. "También pueden venir por sí mismos si se enteraron de nuestros servicios. En julio de 2017, ampliamos el número de trabajadores comunitarios de salud en nuestro equipo: van de tienda en tienda para explicar que las personas en entornos muy perturbadores pueden sufrir problemas de salud mental y para dar información sobre los servicios que ofrecemos. También visitan a los pacientes cuando pierden una cita. Antes esto lo hacían los consejeros psicosociales, pero debido a su carga de trabajo, la actividad no se realizaba con regularidad".

Cuando el paciente llega a nuestra clínica, primero ve al consejero psicosocial que, después de una evaluación, lo refiere al psicólogo o psiquiatra si se trata de un caso moderado o grave.

Desde el año pasado, los equipos del proyecto Erbil ofrecieron más de 18.000 consultas de salud mental y más de 23.000 consultas médicas, incluidas consultas para enfermedades no transmisibles (principalmente diabetes, epilepsia, asma, hipertensión).