Back to top
24.02.2017

“Las endebles embarcaciones de plástico no tienen ninguna posibilidad de llegar a su destino”

Mark Farell-Javits, nuestro logista a bordo del MV Aquarius, relata su primer rescate en el Mediterráneo: la dura travesía marítima hasta llegar a Europa, la desesperación de los refugiados… algunas imágenes se quedarán grabadas en su memoria para siempre.

-A A +A

Nunca había escrito un texto para un blog. No me resulta fácil porque soy una persona muy reservada. Pero no puedo evitar contar lo que estoy viendo aquí.

Este tránsito de personas es increíble. Después de quién sabe cuánto tiempo viajando a través del desierto, atravesando incontables obstáculos, buscando una vida mejor tras haber sido desplazados por políticas económicas o por la inseguridad que se vive en algunos de sus países, llegan a la costa Libia, o a cualquier otra, prácticamente como apátridas.

Algunos de ellos probablemente estén viendo el mar por primera vez. Otros quizá fueron expulsados de algún centro de detención de migrantes en alguna parte de Libia. Y ahora se han embarcado en un maloliente bote de goma, con un motor deficiente para surcar este abismo de agua salada.

Pudo haber una época en la que el objetivo de los traficantes era dirigir las barcazas hacia Europa, pero ahora no parecen preocuparse por eso. Las endebles embarcaciones de plástico en las que embuten a estas personas desesperadas no tienen ninguna posibilidad de llegar a su destino.

El bote que encontramos hoy estaba inundado de agua. En él viajaban 130 personas empapadas y temblorosas. Algunas estaban enfermas y no llevaban nada más salvo la ropa mojada que traían puesta. Ha sido mi primer rescate y por eso me preocupé cuando vi que la estábamos tirando. Pero ellos no protestaron, sólo se pusieron la muda que les dimos. No llevaban cartera, ni documentos. Nada.

Algunas personas llegan cubiertas de combustible, así que deben desnudarse y ducharse para prevenir quemaduras. No puedo imaginar lo que sienten: miedo mezclado con esperanza. Aunque se dirigen a una tierra desconocida y nada hospitalaria. Así que lo que más deben sentir es muchísima desesperación

Llega el momento de transferirlos a otro barco. Lo hacemos en nuestros pequeños botes de rescate. Todos estamos en la cubierta, alegres y deseándoles buena suerte y buen viaje. No estoy seguro de qué estoy pensando. Estoy sorprendido e impactado por los contrastes de mi trabajo. 

Bajan por la escalerilla hasta las embarcaciones, de nuevo hacia el impredecible mar y no tenemos certeza del destino que les espera. Refugiados agotados -y olvidados- descendiendo hacia la oscuridad de la noche, de regreso hacia al lugar donde poco antes tuvieron que ser rescatados. Es una imagen que se quedará grabada en mi memoria.

Es una escena dramática porque hace muchísimo frío y ellos esperan en cubierta donde hay poca protección… Aunque también estamos trabajando para ponerle remedio a eso.

Esta noche transferimos a 150 personas al barco de la marina italiana. Ahora estamos solos de nuevo. Pero eso está bien porque significa que podemos quedarnos más tiempo en la zona de rescate para poder salvar a más personas.

El verano pasado nuestro barco llegó a tener a 720 personas rescatadas a bordo, cuando las condiciones no eran tan extremas y era posible llenar al máximo la cubierta del Aquarius. Ahora no podemos hacer eso debido a los fuertes vientos invernales. Probablemente nos limitaremos a llevar no más de 550 migrantes a bordo. De cualquier forma, atenderemos a la mayor cantidad de personas posible*.

Nota: poco después de que Mark escribiera este texto, el equipo del MV Aquarius rescató a 785 personas, nunca había tenido a tantos refugiados.