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25.01.2017

Rann: “La mayoría de los muertos y heridos eran mujeres y niños”

El bombardeo aéreo en el campo de desplazados del noreste de Nigeria ha dejado una cifra de muertos en aumento y decenas de heridos de extrema gravedad. Mohamed Musole, nuestro coordinador en la zona, describe la difícil situación de los más vulnerables, mujeres y niños.

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Al menos 90 personas fallecieron y 120 resultaron heridas el pasado 17 de enero en un bombardeo aéreo perpetrado por el Ejército nigeriano en un campo de desplazados en Rann, en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria.

Uno de nuestros equipos médicos comenzó a trabajar en el campo unos días antes del ataque y proporcionó primeros auxilios a 120 heridos en una tienda de campaña habilitada a modo como clínica. Era el único centro médico en el área.

Mohamed Musoke, nuestro coordinador médico en Rann, se sumó a nuestro equipo en Rann un día después del bombardeo para ayudar a evacuar a los heridos a Maiduguri, la capital.

Este es su testimonio:

“El equipo que se encontraba en Rann el día del bombardeo logró estabilizar a algunos de los heridos. El miércoles, un día después, viajé en helicóptero a Rann junto a un enfermero con el fin de ayudar a evacuar a los pacientes.

24 horas después del bombardeo, muchos de los pacientes aún se encontraban en muy mal estado. Vimos a decenas de heridos con lesiones y traumas múltiples, incluyendo fracturas abiertas y heridas en el abdomen y en el pecho. La mayoría de los fallecidos y heridos eran mujeres y niños.

Impasible ante el dolor

Recuerdo el caso de un niño de 10 años con una herida grande y profunda en el muslo que le llegaba hasta el hueso. Este tipo de herida resulta extremadamente dolorosa. Mientras que le vendaba la herida, el chico se mantuvo inexpresivo y paralizado. Esto sucedió 24 horas después del bombardeo. El niño necesitará atención psicosocial para afrontar la situación y muchas sesiones de fisioterapia para poder volver a caminar.

Otro de los pacientes a los que atendí fue un niño de 6 años. Tenía la palma de la mano perforada y con quemaduras causadas por un fragmento de la bomba. Desgraciadamente sufría necrosis. Hay muchas posibilidades de que pierda la mano.

En Rann no hay hospitales. La instalación sanitaria más cercana está, al menos, a 30 kilómetros, en Ngala. Se tarda dos horas en coche a causa del mal estado de las carreteras y de la inseguridad: el Ejército tiene que escoltar todos los vehículos. Por eso, evacuamos a los pacientes a Maiduguri.

Junto a mi compañero, trasladamos a varios heridos de gravedad a distintos hospitales en Maiduguri. Uno de ellos era un bebé de 6 meses que tenía un fragmento de proyectil incrustado en el cuello.

En el helicóptero, el pequeño lloraba desconsoladamente. Estaba deshidratado, su madre preguntó si podía darle algo de beber. Le pasé el agua que llevaba y su madre le puso un poco en su mano;  el pequeño bebió de una forma sorprendente para un bebé tan pequeño. Poco tiempo después, cayó dormido.

Sin comida ni seguridad

El lugar donde vive la gente en Rann es un espacio amplio y abierto, parecido a una zona desértica, con pequeños árboles creciendo de forma esporádica. Las personas desplazadas viven con la comunidad de acogida en refugios improvisados levantados con ramas, sacos, trozos de ropa vieja y paja.

Las personas con quienes hemos hablado nos han contado que ha sido extremadamente difícil conseguir comida, sobre todo a causa de la inseguridad. La mayoría se gana la vida vendiendo la leña que recolectan en el monte; para ir a cualquier lugar necesitan permiso del Ejército. Para encontrar la madera deben adentrarse mucho en el bosque y tienen miedo de la presencia de Boko Haram en la zona y de ser atacados”.