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07.03.2022

Salud para todas sin fronteras ni barreras: mujeres fuertes frente a la desigualdad

Siria, México, Sudán, Cisjordania, Panamá, Mozambique… te contamos parte de la vida de mujeres fuertes que, en plena ruta migratoria y forzadas a huir del conflicto en sus países de origen, recalcan la desigualdad en el acceso a la salud solo por el hecho de ser mujeres. Nuestras pacientes demuestran una resiliencia y dignidad sin igual.

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41 millones de desplazadas en todo el mundo corren más riesgos solo por ser mujeres. Cada mujer que encontramos en más de 70 países es un fiel reflejo de nosotras mismas. Sus necesidades son las mismas que las nuestras: salud para nuestra familia y para nosotras mismas. Sin ellas -sin nosotras- no hay futuro.

1. Siria: demasiado jóvenes, demasiada carga

Un grupo de mujeres vigilan un avión militar que vuela a baja altitud hacia Raqqa. Campo de Ain Issa, Siria, septiembre de 2017.

Por seguridad, no podemos mencionar ni sus nombres ni enseñar sus rostros.

“Recibo a muchas adolescentes casadas en la clínica todas las semanas, algunas tienen tan solo 12 años y ni siquiera han tenido su período todavía, y ya están bajo presión para quedarse embarazadas”, explica una ginecóloga que trabaja en el centro de atención primaria que apoyamos en la ciudad de Afrin, en la gobernación de Alepo, en el norte de Siria. “Cuando se quedan embarazadas, se enfrentan a muchas dificultades, como abortos espontáneos, anemia, presión arterial alta y, a veces, tienen que ser derivadas a instalaciones vecinas para cesáreas si se producen complicaciones durante el parto. A veces nos cuesta remitirlas porque la mayoría de las instalaciones están llenas y el personal médico de las salas de maternidad siempre está abrumado”.

“Vi a una chica de 25 años con cinco niños en uno de los campamentos de personas desplazadas internamente (IDP, por sus siglas en inglés) que visitamos hoy”, comenta un miembro de nuestro personal de promoción de la salud que trabaja con equipos móviles en Idlib, en el noroeste de Siria. “La remití al especialista en salud mental porque parecía estar sufriendo síntomas de depresión. Estaba tan triste que ya no podía amamantar a su hijo recién nacido, mientras que el mayor de sus cinco hijos tenía solo 9 años. Estaba realmente abrumada y necesitaba apoyo”, describe.

“La tasa de divorcio es alta entre las novias y madres adolescentes. Esto no es sorprendente porque si se casan una niña de 12 años con un niño de 18 años, ambos siguen siendo considerados niños. No tendrán el conocimiento o la madurez adecuados para adaptarse a la vida matrimonial”, opina una partera que trabaja en el centro de atención primaria que apoyamos en la ciudad de Afrin, en la gobernación de Alepo, en el norte de Siria. “Una vez traté a una chica de 18 años que ya se había casado y divorciado tres veces, y tenía un hijo de cada matrimonio. Estaba en una situación muy difícil y no podía cuidar adecuadamente a sus hijos”.

2. Sudán: solas y sin apoyo de sus esposos



Nemat Abaker es nuestra supervisora ​​de matronas en Geneina, en Sudán. Le acompaña Khadiga Fadlalla, también supervisora de comadronas en el proyecto. 

“Estoy muy feliz de ser mujer y le doy gracias a Dios por haberme creado como mujer. Sin embargo, muchas mujeres en Sudán luchan. Trabajan muy duro para alimentar a sus hijos. Incluso cuando están embarazadas, salen a trabajar y las personas las llaman para decirles que deben quedarse en casa y cuidar a sus hijos. Algunas niñas se casan tan pronto como a los 14 años y se les impide la educación, porque una mujer educada sería fuerte y resistiría.

En nuestra clínica en Geneina, en Darfur Occidental, vemos los muchos desafíos que enfrentan las mujeres para buscar servicios médicos. Hay mucha gente desplazada en la ciudad. Algunas mujeres embarazadas vienen para una primera visita y no volverían para la siguiente. Incluso si nuestros servicios son gratuitos, algunas mujeres nos dicen: ‘No tengo nada para comer, ¿cómo puedo volver a ti?’.

Muchas mujeres embarazadas vienen solas a la clínica, no hay cuidadora para ellas. Incluso después de los partos, el esposo generalmente no viene. En otra clínica de MSF aquí en Darfur, vimos a una niña que había pasado por un aborto no seguro, tenía anemia severa. Estuvo tres días sin que nadie preguntara por ella. Se trata de una vecina que la vio por casualidad en el hospital y alertó al marido. ¿Por qué no vino con ella?

Cuando era una joven estudiante, vi morir a una mujer mientras daba a luz por falta de atención médica. Ella había sido entregada por una partera tradicional. En ese momento, decidí completar mi educación para evitar que esto volviera a suceder. Con MSF puedo seguir aprendiendo y logrando esto. Ayudar a las madres y sus bebés es lo más importante para mí. Espero aprender más, saber más, ayudar más”.

 

3. Cisjordania: caminar horas para llegar al médico

 Dima dispensa medicamentos en nuestra clínica para mujeres y niños en el área H2, en la ciudad de Hebrón, en Cisjordania. Septiembre 2021


“En el área H2, una parte de la ciudad de Hebrón bajo el control de Israel, el acceso a la atención médica es limitado. Las mujeres a veces caminan largas distancias para llegar a un centro de salud e incluso cuando llegan, es posible que no encuentren el tratamiento que necesitan. Muchas familias viven en la pobreza y no pueden pagar los medicamentos que necesitan. MSF dirigimos una clínica móvil en el área para mujeres y niños y me complace ser parte del equipo que los apoya para acceder a una atención médica asequible”, explica Dima Ahmed Abu Laban, una de nuestras farmacéuticas.
 

4. Llegaron a Panamá desde muy lejos: ser mujer es ser valiente

Testimonios recogidos desde la Estación de Recepción de Migrantes de San Vicente, en Panamá.

Bibiana, 37 años, de Venezuela: “Las mujeres no tenemos la prioridad de tener acceso a la salud”

Viviana, de Venezuela, en Panamá.


“Si hablamos del proceso de migración, de mi país, de Venezuela, hay muchos obstáculos. No contamos con los recursos médicos, tanto por ser mujer como por la crisis en Venezuela, que nos afecta mucho. Para todo, y más si eres mujer. Y en el proceso migratorio, no contamos con el acceso de medicina. Pero acá en Panamá, los de MSF son muy amables, están pendientes y atentos. Brindan parte de su vida a diario, ven nuestros casos con golpes, raspaduras, deshidrataciones”.

“En Venezuela, para que me atendieran, como no tenía dinero, tenía que hacer cola… es como un negocio por la vida, no debería de ser así. Pagar a las enfermeras. En ese proceso hay desigualdad. Lamentablemente, las mujeres no tenemos la prioridad de tener acceso a la salud. En Venezuela hay mucho machismo. Deberíamos ser iguales. Lo que pueden hacer los hombres, las mujeres también. Arriba las mujeres”.

En el contexto migratorio, ser mujer es ser valiente. En fuerza, en riesgo… corremos el mismo riesgo. En la selva, no contamos con médicos. No pienso que por ser mujer soy menos que un hombre. Me identifico como una mujer guerrera y valiente. Muchas hemos luchado, ‘guerreado’. Para mí, ser mujer es ser luchadora”.
 

María, 27 años, de Venezuela: “Sacamos la fuerza y, sí, podemos”

María, de Venezuela a Panamá

“El obstáculo más grande es cuando eres mujer migrante y no estás en tu país. Te dicen, ‘espere, espere, no está en su país’. Es el gran obstáculo.

Para mí, la mujer es más que es una mujer, se nos presentan todo tipo de obstáculos, y a pesar de que sientes que no puedes más, lo logramos, lo podemos, sacamos la fuerza y, sí, podemos. El motivo es nuestros hijos. Sacas la misma fuerza que un hombre para defender a tus seres queridos.

“Fui una vez en Chile a un centro de salud… llegué a las 6pm y hasta las 3am me tuve que ir con el dolor y no me pudieron atender porque era inmigrante”.

A veces nos llaman débiles por ser mujer, pero hacemos varias funciones que el hombre no hace: trabajamos, atendemos el hogar, el hijo y el esposo… y eso no lo valoran. La mujer no es débil, es valiosa, vale mucho, puede igual que un hombre. Da a luz, atiende su hogar, su familia, trabaja y hace más que el hombre, pero en un solo círculo”.
 

María Antonieta, 36 años, de Venezuela: “Las mujeres estamos muy discriminadas”

María Antonieta, de Venezuela a Panamá.


“Ser mujer en el contexto migratorio no es nada fácil, son golpes tras golpes los que hemos pasado. Dejamos nuestras comodidades para venir a enfrentarnos en el propio día a día… durante la noche, caminar sin ver el sol, la selva… sin saber qué pasara. Para llegar acá nos ha costado mucho. Mujer en esta situación es muy difícil”, explica María Antonieta.

Y es que sí, hay desigualdad. “Por ejemplo, en mi país, sí. En Venezuela, demasiado. Las mujeres estamos muy discriminadas. Somos incompetentes para los hombres la mayoría del tiempo. En mi país todo era difícil, demasiado complicado, comprar un medicamento, tengo que vender casi las cosas de material a otra persona para comprar un remedio. Ahora es muy diferente, la atención es distinta, hay mucha amabilidad y humanidad. Todo ha sido muy diferente a cómo estaba en mi país”, recalca.

 

5. Asaltos, abusos y violaciones hasta llegar a México

Liliana, 30 años, de Honduras: “Si lo decimos, lo hacemos”

Liliana, de Honduras a México

“Ser mujer es algo único… somo únicas, somos amas de casa, trabajamos, nos dedicamos al hogar, a muchas cosas. Las mujeres también podemos. Si lo decimos, lo hacemos y es porque lo podemos hacer. La mujer se hizo para emprender muchas cosas, muchos trabajos. Ama de casa, criar a sus hijos, ser útil en muchas cosas.

Y al ser mujer migrante, se sufre mucho. No le voy a decir que he pasado por casos de violación o de asalto. He visto muchos casos de compañeras, de que han sufrido casos así. Sufren violaciones en el camino, asalto, o llegan a perder su propia vida. Sí, he visto casos así. Tratan de aprovecharse de la situación que estamos pasando. De que somos sensibles. Por un trozo de comida o por un medicamento.

Nosotras las mujeres también podemos. Es querer, salir y poder”.
 

Beholdine, oriunda de Brasil: “Tenemos dificultades en la ruta migratoria”

Beholdine con su hijo, brasileña en México

“Las mujeres sufrimos mucho por problemas de nuestro país. La situación es muy difícil. Yo llevo ocho años en Brasil, pero tuve que dejar Brasil por falta de dinero. Tengo familia en Haití para ayudar, pero es muy difícil para nosotros”, nos cuenta Beholdine. Para ella, las mujeres “tenemos dificultades en la ruta migratoria”: “Hemos estado aquí (en Palenque) durante cuatro meses y dicen que nos van a dar la residencia (mexicana) por cinco años pero se están demorando. No sabemos cómo vamos a sobrevivir”, explica tras recordar un arduo viaje con sus hijos. “Salimos de Brasil y hemos pasado por 10 países para llegar a México. Hemos pasado tres días de bus, sin parar, sin comer, sin nada. Es muy complicado”.

6. En Mozambique, las mujeres no tienen voz

Vilelina es enfermera mozambiqueña y Belén es nuestra supervisora de clínicas móviles. Ambas compartieron este encuentro desde Mueba, en Mozambique, donde trabajan para MSF.

Vielina, enfermera MSF en Mueda, Mozambique

Vilelina, enfermera mozambiqueña: “se espera de ella una actitud de sumisión de obediencia sin cuestionar”

Para Vilelina, “ser mujer en este país es un desafío porque la mujer se considera un ser inferior y tiene limitado el acceso a muchas oportunidades. La mujer en Mozambique está muy limita a las actividades domésticas, cuidado de marido e hijo. Por otro lado, se espera de ella una actitud de sumisión de obediencia sin cuestionar”, explica.

“A nivel laboral, es fácil identificar la dificultad en el acceso a oportunidades laborales por ser mujer. En nuestro proyecto, por ejemplo, tener una mujer en el equipo de conductores es algo extraordinario y ha evidenciado la limitación en el acceso a algunos puestos. Además, son pocas las mujeres que llegan a puestos de responsabilidad y muchas veces se cuestiona su capacidad. Ser mujer en Mozambique no es fácil, las mujeres no tienen voz en este país”, dice.

En un conflicto -y en la consecuente ruta migratoria- como sufre la población de Mueda, en Mozambique, ser mujer este contexto de conflicto “es un desafío incluso más complicado”. La dependencia que se ha impuesto a las mujeres de sus maridos ha dejado en situación de gran vulnerabilidad a mujeres que han tenido que huir sola con sus hijos. “Estas mujeres se encuentran ahora con la responsabilidad total del sustento de sus familias. Este nuevo rol, es un desafío para ellas, una responsabilidad nueva en una situación muy complicada”.

Lo mismo opina Belén, quien es testigo de “mujeres que en el proceso migratorio han perdido a su marido u otras redes de apoyo y que ahora son las únicas responsables del cuidado de familias muy grandes con niños y niñas y personas mayores totalmente dependientes”. “Observamos en este contexto como la mujer está reajustando rápidamente su rol en la comunidad, creando nuevas redes de apoyo y generando otras dinámicas de cuidado y búsqueda de recursos”.

 

Belén y Vielina. Mueda, Mozambique.



Belén, supervisora de clínicas móviles de MSF en Mueda, en Mozambique: “No podemos dejar de hablar de violencia sexual”

Pero, como subraya, “cuando hablamos de mujeres en contextos de conflicto, no podemos dejar de hablar de violencia sexual”. Al alto nivel de violencia general que la población está sufriendo hay que añadir la violencia sexual que se está perpetrando, siendo las mujeres las principales víctimas de este tipo de violencia. El equipo está trabajando mucho para mejorar las actividades de identificación y gestión de casos de supervivientes de violencia sexual. Sin embargo, aún está siendo difícil entender el alcance de este tipo de violencia en la población. La falta de información y los tabúes son grandes limitantes para que las supervivientes tengan acceso a tratamiento, aumentando el nivel de vulnerabilidad a las que la mujer está expuesta.

Sí, existe desigualdad en el acceso a la salud simplemente por el hecho de ser mujer:
Los principales problemas son la falta de suficientes puestos de salud, las grandes distancias que es necesario recorrer para llegar a ellos y la calidad limitada de los servicios gineco-obstétricos”, comenta Vilelina, lo que causa que haya “muchos partos fuera de la maternidad y mujeres con muchas complicaciones por esta causa”. “Además, muchas mujeres dependen de la autorización del marido para poder acceder a este servicio y, en muchas ocasiones, hemos visto como las mujeres intentar acceder a este servicio en secreto, ya que sus maridos no lo aceptan. Recuerdo un caso en el que una mujer con un DIU se vio obligada a retirarlo porque su marido no lo aceptó.

A todo esto, se suman la desigualdad en el acceso espacio físico del puesto sanitario, ya que requiere a menudo “largos desplazamientos que requieren una capacidad económica que está limitada a las mujeres”, recalda Belén. Estos desplazamientos suponen también tener que buscar “recursos alternativos para el cuidado de la familia mientras la mujer accede al servicio de salud”. Recursos que en un contexto de movimiento de poblaciones se reducen considerablemente.


7. En México, ser mujer duele 

Mariana y Astrid son compañeras de MSF en nuestro proyecto de Michoacán, en México.

Mariana Porfirio es asistente de coordinación de terreno en Michoacán: “Tenemos miedo de ser agredidas sexualmente en la calle”


“Ser mujer en México duele, y este no es un discurso de victimización. Las estadísticas y los hechos lo demuestran. Según cifras oficiales, en México cada día son asesinadas 10 mujeres. Cada día se reporta la desaparición de nueve mujeres de entre 12 y 17 años.

Cualquier actividad que desempeñamos fuera de nuestro hogar, las realizamos con miedo de ser agredidas sexualmente en la calle. Estos hechos convierten en una meta diaria regresar vivas a nuestros hogares. En México, la población femenina, sobre todo las que viven en las poblaciones más vulnerables del país, se enfrentan todos los días a políticas de salud que transgreden sus derechos humanos.

Los obstáculos que enfrentan las mujeres para poder recibir la asistencia son: no contar con una red de apoyo, la ubicación de los servicios especializados y los costos de estos también”, explica Mariana.



Astrid Luciano es trabajadora social del proyecto Michoacán: “Las mujeres son invalidadas por su familia como el padre, la madre, los hermanos…”

“Ser mujer significa estar en una constante lucha entre lo que se quiere para una misma y lo que el contexto te obliga aceptar.

El acceso a los servicios de salud es complejo en las situaciones en las que intervenimos. Aunado a eso, está el hecho de que a las mujeres muy poco se les permite atenderse, ya que no pueden descuidar sus obligaciones dentro de estos roles que ocupan, como ser madre, ser esposa y ser responsable total de las actividades el hogar”, explica Astrid.

“Otro de los obstáculos que también se enfrentan las mujeres todos los días es a este nulo conocimiento sobre sus derechos: muy pocas saben que tienen al acceso a una vida libre de violencia y que, además, el contexto en el que se rodea no les permite realmente fomentar sus recursos propios.

Además, del muy poco acceso a los servicios de salud, también hay poco acceso a la información y sobre todo a la información a situaciones de violencia de género. Principalmente en los casos donde hay violencia del hogar, las mujeres son invalidadas por su familia como el padre, la madre, los hermanos...

#saludparatodas #mujeresMSF