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25.06.2020

Miles de personas huyen de los intensos enfrentamientos en el este de Sudán del Sur

La violencia estalló el 15 de junio y parece ser un resurgimiento de las tensiones entre comunidades. Una vez más, varios grupos armados están quemando casas y atacando ganado, obligando a comunidades enteras y a nuestro personal a huir.

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Miles de personas han huido al bosque en el área administrativa de Gran Pibor, en el este de Sudán del Sur. Advertimos que los intensos enfrentamientos durante varios días amenazan una vez más la vida de comunidades enteras.  

El nuevo y brutal aumento de los enfrentamientos entre comunidades nos ha obligado a suspender nuestras actividades médicas en Pibor, después de que la mayoría del personal buscara seguridad en un área remota de matorrales. 

La violencia, que parece ser un resurgimiento de las tensiones entre comunidades, estalló el 15 de junio de 2020 alrededor de Manyabol, cuando grupos armados se trasladaron al pueblo de Gumuruk unos días después.  

Las informaciones apuntan a que casi todos pudieron huir a medida que los enfrentamientos se acercaban. En Pibor, a varias decenas de kilómetros de allí, recibimos a tres pacientes con heridas de bala en nuestro centro de atención médica primaria. 

"Lo que he visto es extremadamente traumático, he visto miedo y he sido testigo de sentimientos extremos de tristeza en los ojos de las personas debido a la violencia recurrente. Los combates han llegado al pueblo de Lawo, que está a unas dos horas de la ciudad de Pibor. Los combatientes están atacando ganado, pero también quemando casas, realizando saqueos y destruyendo propiedades. He tratado a pacientes con balas aún alojadas en sus cuerpos, pero por temor se han visto obligados a huir a los matorrales antes de que pudiéramos ayudar a tratarlos y ahora no sabemos su paradero", explica nuestra enfermera Regina Marko Ngachen. 

Los enfrentamientos se están acercando a la ciudad de Pibor, en el este, y casi todos los habitantes están decidiendo buscar refugio en los matorrales circundantes, incluyendo nuestro personal.  
 
Nuestro personal huyó con sus familias temiendo por sus vidas y las de sus seres queridos. Sin personal, no podemos seguir gestionando el centro de salud. Estamos realmente preocupados porque las personas se quedarán sin acceso a la atención médica cuando más la necesitan”, asevera Ibrahim Muhammad, nuestro coordinador general en Sudán del Sur.  

“Si los enfrentamientos persisten, podemos esperar más heridos. Pronto llegaremos a la temporada alta de malaria, y sin un refugio adecuado, las personas estarán más expuestas a enfermedades mortales. Esto amplifica aún más una situación nutricional ya alarmante, especialmente entre los niños menores de 5 años. Tan pronto como la situación lo permita, estamos comprometidos a reanudar nuestras actividades médicas en el área”. 

En 2019, atendimos a más de 32.000 pacientes en el centro de atención médica primaria en Pibor, la mayoría de ellos con malaria, infecciones respiratorias y diarrea. Este nuevo aumento de la violencia que ha llevado al desplazamiento forzado de miles podría tener un impacto desastroso en el estado de salud de los niños; los indicadores de la semana pasada mostraron tendencias preocupantes. Más del 70% de los niños menores de 5 años tratados en nuestro centro tenían malaria, en comparación con el 43% durante el mismo periodo el año pasado. Las tasas recientes de desnutrición, con un 6% de la desnutrición aguda severa entre los niños atendidos en el centro, son un indicador de una crisis alimentaria aguda preocupante e inminente. 

Esta nueva ola de enfrentamientos obstaculiza el acceso rápido y seguro para las organizaciones humanitarias a una comunidad que se está recuperando de las devastadoras inundaciones que ocurrieron a finales de 2019, y ahora la pandemia de COVID-19 también amenaza el acceso de una comunidad, después de décadas de guerra, a una frágil infraestructura de salud. Si no se mitigan estos factores, serán parte de una receta que llevará a una grave situación humanitaria. 

Desde principios de 2020, alertamos repetidamente sobre el deterioro de la situación en el área administrativa de Gran Pibor tras una serie de brutales episodios de violencia. En marzo, atendimos más de 45 personas heridas de bala en Pibor después de un nuevo aumento de enfrentamientos entre comunidades, y 83 pacientes heridos fueron atendidos en Pieri y Lankien en solo cinco días (entre el 9 y el 13 de marzo).  

Hace solo un mes, otro brote de violencia en Pieri terminó con la muerte de un miembro de nuestro personal y dejó a muchos otras personas heridas. Estamos profundamente preocupados porque este patrón de violencia podría empujar una vez más a esta área del este de Sudán del Sur a ser un epicentro de violencia extrema, como se describe en nuestro informe, con fecha de 2012, con horrores de violencia entre comunidades. 

“A medida que continúan los combates, la población queda cada vez más vulnerable. Los civiles son los que pagan el precio más alto en este ciclo de violencia feroz, que los empuja a desplazamientos repetidos, a la pérdida de sus hogares y sus medios de vida, cuando no son heridos o asesinados. Los civiles deben estar protegidos, y las organizaciones humanitarias deben tener un acceso efectivo a la zona para poder garantizar un nivel adecuado de atención y asistencia para la población afectada y las personas heridas", agrega Ibrahim Muhammad.

 

Trabajamos en la región que hoy constituye la República de Sudán del Sur desde 1983, y desde 2005 en el área administrativa del Gran Pibor. Actualmente, gestionamos 16 proyectos a lo largo de seis estados: en Aburoc, Akobo, Agok, Bentiu, Aweil, Fangak, Lankien, Leer, Maban, Mundri, Malakal, Pieri, Pibor, Yambio, Yei Ulang ; y gestionamos otros proyectos de emergencia para responder a la COVID-19 en Juba. 

Respondemos a emergencias, incluyendo la ayuda a las personas internamente desplazadas en el Centro de Protección de Civiles de las Naciones Unidas, a situaciones alarmantes relacionadas con la nutrición, y a picos de enfermedades como el sarampión, la malaria, la diarrea aguda y el kala azar, además de proporcionar servicios de atención médica básica y especializada.