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República Democrática del Congo

La población de República Democrática del Congo (RDC) lleva décadas soportando una sucesión de crisis y graves limitaciones en la capacidad médica que el país puede ofrecer. 2018 estuvo marcado por un mayor agravamiento de una violencia ya de por sí extrema y por brotes de enfermedades frecuentes y de gran magnitud.

Mapa de proyectos MSF República Democrática del Congo
1.826.300 
consultas externas
776.600 
personas con malaria tratadas
102.600 
personas hospitalizadas
38.200 
consultas individuales de salud mental
34.300 
partos
24.500 
niños con desnutrición atendidos en programas ambulatorios
9.100 
personas con VIH en tratamiento
7.760 
intervenciones de cirugía mayor
6.950 
víctimas de violencia sexual atendidas
6.910 
personas con cólera tratadas
2.800 
personas ingresadas en centros de tratamiento del Ébola, con 450 casos confirmados
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En 2018, mantuvimos 54 proyectos médicos en 17 de las 26 provincias del país, que ofrecen desde la atención médica más básica hasta nutrición, pediatría, atención a víctimas de violencia sexual y tratamiento del VIH. Además, durante el año, respondimos a nueve brotes de sarampión y dos brotes sucesivos de Ébola, uno de ellos el más grave de la historia del país y que, para finales de 2018, aún seguía activo.

Comunidades desplazadas y de acogida

Desde 2016, cerca de 1,4 millones de personas han sido desplazadas por la violencia en la región de Gran Kasai. En 2018, en esta región, dimos apoyo a los hospitales de referencia en Kakenge, Kananga, Tshikapa y Tshikula, así como a 35 centros de salud de las zonas aledañas; proporcionamos atención nutricional, pediátrica y materna, cirugía para pacientes traumáticos, atención a víctimas de violencia sexual y servicio de derivaciones. En la zona de salud de Kamonia, en el sur de Kasai, también atendimos a congoleños que habían sido expulsados de la vecina Angola.

En la provincia de Ituri, donde los enfrentamientos entre las comunidades y entre los grupos armados causaron más desplazamientos a gran escala, realizamos más de 80.000 consultas médicas en la ciudad de Bunia y en el territorio de Djugu. También construimos letrinas y duchas, respondimos a brotes de sarampión y cólera, y atendimos a víctimas de violencia sexual.

Continuamos asistiendo a personas desplazadas por la violencia en 2017 en Kalemie, en la provincia de Tanganyika, mediante el suministro de artículos de primera necesidad y agua, además de prestar atención médica comunitaria y apoyo psicológico. También creamos nuevos servicios de atención primaria y secundaria para víctimas de la violencia y el desplazamiento en Salamabila (en la provincia de Maniema) y en Kalongwe (en Kivu Sur).

Al final del año, enviamos a un equipo de emergencias para asistir a varios miles de personas que huían de la violencia extrema en la región cercana a Yumbi, en la provincia de Mai-Ndombe, en el oeste del país.

Para asistir a los refugiados de República Centroafricana que habían cruzado la frontera hacia el norte de RDC, colaboramos con los hospitales y centros de salud en Gbadolite y Mobayi-Mbongo (en Ubangi Norte) y enviamos clínicas móviles para atender a las comunidades. En Bili, en la misma provincia, trabajamos en los servicios neonatales, pediátricos y de emergencia del hospital y en 50 centros y puestos de salud, con un enfoque centrado en la comunidad.

Hacia el este, a lo largo de la frontera con Sudán del Sur, atendimos a más de 48.000 refugiados en los emplazamientos informales de Karagba y Ulendere.

Asistencia en los Kivus

Las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur (en el este) llevan más de un cuarto de siglo atormentadas por el conflicto. Aquí mantuvimos varios proyectos a largo plazo para garantizar la continuidad de la atención, al tiempo que lanzábamos intervenciones de emergencia para atender a poblaciones víctimas del desplazamiento y la violencia.

En Kivu Norte, nuestros equipos dirigieron programas médicos integrales en Lubero, Masisi, Mweso, Rutshuru y Walikale. Dieron apoyo a los principales hospitales y a los centros de salud periféricos, con atención tanto básica como secundaria: urgencias, cuidados intensivos, cirugía, nutrición terapéutica, salud materna y pediátrica, atención médica comunitaria y actividades externas como la vacunación masiva en zonas de difícil acceso.

En Kivu Sur, ofrecimos a los refugiados, los desplazados y las comunidades locales tratamiento de la malaria, el VIH, la tuberculosis, la desnutrición, las infecciones respiratorias agudas y las enfermedades diarreicas. Tuvimos equipos trabajando en más de una decena de centros en toda la provincia, incluyendo en el nuevo centro de salud en Kusisa; fue construido en 2018 y tiene servicios de urgencias, maternidad, pediatría y un quirófano.

Víctimas de violencia sexual

En Kananga, en la provincia de Kasai Central, atendimos a entre 200 y 250 víctimas de violencia sexual al mes; la mayoría eran mujeres, pero también había hombres y niños.

Además, iniciamos servicios psicológicos y médicos para las víctimas de violencia sexual en un hospital y cuatro centros de salud en Salamabila, en la provincia de Maniema. También ampliamos este tipo de programas en seis centros de salud en Mambasa, en la provincia de Ituri, donde empezamos a probar algunas nuevas aplicaciones de móvil para mejorar la atención que reciben unas 5.500 víctimas de violencia sexual y  pacientes con infecciones de transmisión sexual.

También dirigimos una clínica para víctimas de violencia sexual en Walikale, en Kivu Norte, donde brindamos salud mental, atención médica y servicios de planificación familiar.

Respuesta a epidemias

Responder a las epidemias es una de las actividades principales de MSF en RDC. En 2018, nuestros equipos realizaron evaluaciones y vigilancia epidemiológica en 10 emplazamientos de todo el país, de las que resultaron varias intervenciones de emergencia.

Así, respondimos a nueve brotes de sarampión en las provincias de Alto Uele, Ituri, la antigua Katanga, Kasai, Maniema y Tshopo, donde atendimos a los enfermos y ayudamos al Ministerio de Salud a contener la propagación de la enfermedad.

También apoyamos al Ministerio en los grandes brotes de cólera que afectaron a muchas áreas, entre ellas ciudades como Kinshasa, Lubumbashi, Gandajika y Mbuji-Mayi.

En Maniema, seguimos colaborando con el Ministerio en la detección activa de casos y el tratamiento de la enfermedad del sueño (tripanosomiasis africana humana).

El VIH es otra gran amenaza en el país, con un número alarmante de personas que buscan ayuda médica cuando ya están en un estadio tan avanzado de la enfermedad que tienen que ser hospitalizados o cuando, directamente, ya es demasiado tarde.

Por esta razón, dirigimos un programa importante de VIH en Kinshasa, en el Centro Hospitalario de Kabinda; en 2018, atendimos a más de 2.000 personas, incluyendo a pacientes con VIH avanzado. También colaboramos con los programas de VIH de otros dos hospitales en la capital y gestionamos directamente programas de orientación al paciente en tres centros de salud de la ciudad. Además, ofrecimos apoyo técnico y económico a cinco centros de salud en Goma, entre ellos el Hospital General de Virunga, para mejorar la atención al VIH y aumentar el acceso al tratamiento antirretroviral.

 

Epidemia de Ébola

Mapa de la respuesta al Ébola de MSF en la República Democrática del Congo en 2018

Cuando concluía 2018, RDC estaba en medio de su segundo brote de Ébola del año y el más grave de la historia del país. La epidemia ha resultado ser extremadamente difícil de controlar, a pesar de la masiva movilización de recursos. El enfoque adoptado ha suscitado serias dudas, ya que ha sido incapaz de responder a las expectativas y las necesidades de la gente. La tasa de infección no ha dejado de crecer y las organizaciones implicadas en la intervención siguen esforzándose por ganarse la confianza de la población. A comienzos de 2019, la estrategia de respuesta se estaba replanteando.

El primer brote de Ébola de 2018 se declaró el 8 de mayo en la provincia de Ecuador, en el noroeste. MSF trabajó junto con el Ministerio de Salud en Bikoro, Itipo, Mbandaka e Iboko: fueron atendidos 38 pacientes confirmados, de los cuales 24 sobrevivieron y pudieron regresar a casa. Otras 120 personas que presentaban síntomas similares a los del Ébola fueron aisladas y examinadas, pero finalmente se confirmó que no tenían el virus.

Equipos de MSF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud congoleño vacunaron a 3.199 personas con una vacuna experimental aprobada por la OMS para uso compasivo. Solo en las zonas de Bikoro e Itipo, nuestros equipos vacunaron a 1.673 personas que se consideraban más en riesgo de contraer el virus: contactos de pacientes confirmados, contactos de estos contactos, trabajadores sanitarios, personas que trabajaban en los entierros, curanderos tradicionales y taxistas de moto.

El 24 de julio, el Ministerio de Salud declaró el final del brote. Pero la semana siguiente, el 1 de agosto, se declaró una segunda epidemia, esta vez en la provincia de Kivu Norte, en el noreste. Las pruebas de laboratorio determinaron que los dos brotes fueron causados por la especie Zaire del virus, pero de dos cepas diferentes, lo que significa que las epidemias no estaban relacionadas.

Participamos en la respuesta de inmediato, mediante la investigación de la primera alerta y la instalación de un centro de tratamiento en Mangina, el pequeño pueblo donde se declaró el brote. Después, abrimos un segundo centro en Butembo, una ciudad de un millón de habitantes que más adelante se convirtió en un foco activo de propagación. Poco a poco, aumentamos el nivel de atención y, desde las primeras etapas, pudimos ofrecer los primeros tratamientos terapéuticos potenciales, con un protocolo de emergencia de la OMS.

Al igual que en el brote de Ecuador, colaboramos con la vacunación de los trabajadores de primera línea (sanitarios, enterradores, etc.), mientras que la OMS y el Ministerio de Salud vacunaron a los contactos de los pacientes confirmados y a los contactos de los contactos. También ayudamos en los centros de salud locales para prevenir y controlar las infecciones, mediante la creación de zonas de clasificación y la descontaminación de los centros donde se había informado de un caso positivo. También enviamos un equipo de respuesta rápida para investigar las alertas.

Al final de 2018, había más de 600 casos confirmados o presuntos y 350 personas habían fallecido. En el momento de elaborarse este artículo, el brote aún no estaba controlado y la lucha continuaba a pesar de los numerosos desafíos.

Debido a la aparición de casos nuevos en grupos dispersos, el epicentro se ha trasladado varias veces de lugar. La gran movilidad de las personas en la región y el hecho de que algunos casos nuevos no estén vinculados con ninguna cadena de transmisión previamente conocida hacen que sea aún más difícil rastrear los contactos y controlar la evolución del brote. Además, es una zona de conflicto: la falta de seguridad impide el acceso completo a determinadas áreas y los episodios de violencia han interrumpido las actividades, lo que potencialmente ha causado que la lucha contra el Ébola pierda mucho terreno.

Nuestros compañeros siguen desaparecidos

El 11 de julio de 2013, cuatro trabajadores de MSF fueron secuestrados en Kamango, en el este del país, mientras realizaban una evaluación sanitaria. Nuestra compañera Chantal pudo escapar en agosto de 2014, pero no hemos vuelto a tener noticias de Philippe, Richard y Romy. Seguimos comprometidos con lograr su liberación.

 

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en este país entre enero y diciembre de 2018; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2018, contábamos con 2.848 profesionales, entre personal nacional e internacional, y gastamos 109,9 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en este país en 1977.

MSF España es una de las secciones de MSF que trabajan en el país. Si quieres conocer más en profundidad el trabajo de nuestra sección allí, consulta nuestro ‘Informe de Misiones’.

Testimonio de una paciente

Los dos hijos de B. M.*, de 4 y 2 años de edad, ingresaron en las urgencias del hospital general de Masisi con heridas de bala.

“Vivimos en un pueblo de Walikale. Una noche entraron unos hombres armados en mi casa, no sé cómo. En cuanto los vi, corrí a por mis hijos y logré enconderme con los dos pequeños debajo de la cama. Mi hijo de 8 años intentó hacer lo mismo, pero le pegaron un tiro. La bala le dio en el pecho y cayó muerto junto a la cama.

Luego comenzaron a disparar contra la cama. Dieron a mis dos hijos. Yo les gritaba: “¡Nos estáis matando!”. Y ellos respondían: “¡Pues muérete!”.

Caminé durante una hora con los niños hasta llegar un puesto de salud y después la ambulancia de MSF nos trasladó al hospital de Masisi. Ahora están un poco mejor. Espero que puedan olvidar lo ocurrido. Hasta ahora no han querido hablar de ello”.

* Nombre ficticio.